Por Robert Tornabell

Se cumple algo más de un año desde que en un mercado de Wuhan, en China, surgió un nuevo virus. Hacía más de un siglo que el mundo no había padecido una pandemia tan despiadada como la que ha causado la COVID-19. El virus se expandió desde Asia hacia Europa y luego hacia América del Norte, América Central y del Sur. Llegó más tarde al continente africano, pero, desde Sudáfrica, el virus mutó en otra variante, como también lo hizo en Brasil y en Gran Bretaña. El día 23 de febrero, EE. UU. registró la mayor cifra de defunciones (medio millón de personas), muy por encima de las víctimas que tuvo en la Segunda Guerra Mundial.

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Las consecuencias del virus son también únicas en la historia moderna: por un lado, cambió el comercio mundial y las cadenas de suministros, porque muchos países quedaron sin equipos sanitarios, desde ventiladores (para las unidades de cuidados intensivos) hasta equipos de protección efectiva de profesionales del sector sanitario; algunos prefirieron fabricarlos y no depender de los proveedores que no daban abasto. Por otro lado, la crisis actual se diferencia de la de 2008-2011, en la que, debido a la especulación financiera desde Wall Street, se creó la caída de la demanda agregada mundial. La de ahora supone un choque frontal para la economía global. A continuación, examinamos la situación presente y las perspectivas que pueden ofrecernos las vacunaciones.

Los confinamientos crearon un choque de oferta

Desde Canadá, EE. UU., México y Centroamérica, hasta el estrecho de Magallanes, y en toda Europa y Asia se cerraron fábricas, talleres, comercios, restaurantes y explotaciones agrarias.  Se suspendieron los vuelos y buena parte del transporte marítimo. Sólo internet se sostuvo, aunque no sin episodios de tensión.

Los países más ricos dieron subsidios directos a los talleres y servicios que se veían obligados a cerrar (primero Alemania y luego EE.UU.). Otros perdieron las remesas de dólares y euros que recibían de sus emigrantes con trabajos temporales. Muchos se quedaron sin empleo. En España, el 40% de los jóvenes están en el paro, por encima de los niveles que tienen México y otros países de América Central. 

Los gobiernos perdieron una parte creciente de su recaudación fiscal y sufrieron déficits permanentes en sus presupuestos públicos. Todos los países tuvieron que endeudarse y se produjo una crisis de las balanzas de pagos por cuenta corriente, es decir, la diferencia entre las exportaciones de bienes y servicios menos las importaciones globales, incluyendo el material sanitario.

El Fondo Monetario Internacional tuvo que ayudar a muchos países que perdieron sus reservas de divisas y no podían importar el material sanitario para el número creciente de contagiados por el virus. Para la reconstrucción económica post-COVID, el Banco Mundial tendrá que financiar nuevos programas de desarrollo.

La ayuda de los tratados de comercio

En el último trimestre de 2020, se firmó el nuevo Tratado de Libre Comercio entre Canadá, México y EE.UU. Las ventajas de tener fábricas establecidas junto a la frontera norte de México están atrayendo al país nuevas inversiones provenientes de España, Alemania, Japón y también de países de América Latina.

Japón propició recientemente, después de Trump, una especie de mega tratado de libre comercio. Abarca desde Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, México, Nueva Zelanda, Malasia y Perú, además de Singapur y Vietnam. Corea del Sur y Gran Bretaña se añadirán pronto. Antes de la COVID-19, cuando el comercio mundial crecía un 2,5%, los países que tienen relaciones comerciales crecían entre el 4% y el 5%.  El libre comercio que está abriendo el presidente Joe Biden estimulará los intercambios y el crecimiento mundial, aunque todavía se desconoce su política con respecto a China.

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Nuestra suerte depende ahora de que las vacunaciones se extiendan en todo el mundo; en países ricos y pobres. Si no conseguimos una “inmunidad colectiva” de todo el globo, el virus puede amenazarnos de nuevo. El paro, las montañas de deuda pública y privada que se han acumulado como nunca, y el deterioro del estado del bienestar, se recuperarán si nos vacunamos todos. El presidente Biden ha recuperado la Organización Mundial del Comercio y también sus tribunales de arbitraje internacional. Está recuperando también los pactos comerciales que han de beneficiar a México, Panamá, Costa Rica y el resto de América Latina y el Caribe, con dudas sobre Venezuela. El comercio multilateral favorece a los países democráticos y mejora el bienestar de los países. En último término, será fecundo si promueve una mayor igualdad social.

*Es profesor emérito y exdecano de Esade Business School.

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