En los últimos días he hablado mucho sobre un concepto muy conocido en el campo de la economía y la política conocido como “efecto cobra”. Este fenómeno, el cual se ajusta muy bien al contexto que vivimos en la actualidad, es un fenómeno a tener en cuenta a la hora de aplicar políticas económicas, o decisiones que tengan un impacto directo o indirecto en la población. Pues, como diría el economista de la escuela de Chicago Thomas Sowell, debemos medir las políticas aplicadas por su impacto, y no, como suele hacerse, por la intencionalidad con la que estas fueron aplicadas.

Pero para conocer qué es el efecto cobra, y la importancia de este en la economía, remontémonos a la India colonial, y conozcamos esta bonita historia sobre política y economía; y para los que le gusta la naturaleza, ¡de serpientes!

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Entre los siglos XIX y XX, la india colonial, cuando esta estaba bajo el dominio de Gran Bretaña, presentaba un gravísimo problema por la existencia de una plaga de cobras venenosas. La existencia de esta plaga comenzó a amenazar a la población de la capital, Delhi, que tenían que convivir con este reptil venenoso. Así pues, cuando el Gobierno se percata de la situación, y atiende a la necesidad de acabar con las cobras, se vio en la obligación de intervenir y poner remedio a esta peligrosa plaga que se extendía por todos los rincones de la ciudad. Un remedio en el que jugaría un papel determinante la colaboración popular, de la ciudadanía.

El remedio planteado por el Gobierno se basó en ofrecer recompensas a la ciudadanía por cada cobra muerta que entregasen. De esta forma, la ciudadanía se encarga de acabar con la plaga, mientras el Gobierno se limita a abonar las recompensas. Esta política fue un éxito, pero con el paso del tiempo, la ciudadanía, corrompida por las suculentas recompensas, comenzó a criar cobras en sus granjas para, posteriormente, matarlas y obtener el beneficio económico que entregaba el Gobierno. Una técnica que interceptaron rápidamente los mandatarios, cancelando los programas de recompensas.

Esta cancelación, provocó que la ciudadanía dejase de mostrar interés por las cobras, lo que llevó a aquellos criadores que las tenían en sus granjas a soltarlas, generando un problema aún mayor del que se presentaba en un inicio. Y es que, el escaso interés por unos animales que ya no reportaban ningún beneficio económico hizo que la población no se viese incentivada a matarlas, provocando este fatal desenlace. Una historia que refleja muy bien lo que conocemos como efecto cobra, pues toda política aplicada, por el hecho de ser aplicada no tiene porqué funcionar, así como tener un impacto positivo en la ciudadanía.

De ahí la importancia de la frase que citaba Sowell, pues muchos son los economistas que, continuamente, hablan de la importancia de controlar los costes de oportunidad, las externalidades, la interacción de las variables, así como todos esos conceptos económicos tan complejos que, en ocasiones, nos suenan a idioma desconocido. Esto que dicen los economistas es lo que Sowell resumía en esa célebre frase, pues todas las políticas que aplicamos, por el hecho de aplicarlas, no necesariamente deben generar un efecto positivo en la población. Todo ello, a la vez que debemos medir el éxito de estas políticas por su impacto y no por la intencionalidad con la que fueron aplicadas.

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Así pues, como digo, este fenómeno es de vital importancia en el contexto en el que nos encontramos. La inestabilidad política, la crisis económica que atravesamos, así como el escenario que se presenta ha generado la necesidad de aplicar políticas para corregir los desequilibrios que están ensanchándose con la pandemia. Los Gobiernos se enfrentan a una difícil situación en la que deben recuperar la economía lo antes posible, a la vez que deben controlar todas esas vulnerabilidades que, en estos momentos, presentan. Por ello, es importante conocer el efecto, pues como ha ocurrido históricamente con otros campos como el fiscal, una política puede acabar generando el efecto no deseado en la población, tras su aplicación.

Es el caso de lo que ha observado el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante esta pandemia en los mercados de trabajo de Latinoamérica. La menor regulación, así como la falta de políticas que traten de regular este mercado laboral tan infectado por la informalidad económica, de la misma forma, ha permitido que el acoplamiento entre la destrucción del PIB y el empleo haya sido menor. Y es que, esa menor regulación ha permitido que los mercados se adapten mejor al entorno, gracias a esa posibilidad de entrar y salir del mercado con tanta facilidad. Sin embargo, otras economías desarrolladas, en las que se han aplicado políticas regulatorias, han destruido más empleo por aplicar una política que puede ser correcta, pero en un momento incorrecto.

Esto es por lo que es tan importante conocer el efecto cobra, así como la importancia de este en momentos de crisis, en los que debemos evaluar cada política que se aplique. Pues, en ocasiones, conviene recordar la complejidad que presentan las ciencias económicas, así como la rigurosidad que, por ello, estas requieren. Y es que hablamos de una ciencia que no entiende de políticas generalistas, por lo que tener en mente la consecuencia improvista que supone el que se produzca este efecto en la economía no es una mala herramienta, teniendo en cuenta los precedentes, y la cantidad de reformas que, para recuperarnos y salir adelante, se avecinan.

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