Por Dra. Flores-Carretero

Es seguro que entre los propios trabajadores existe una importante semilla de talento que debemos cultivar. Y no solo porque eso permitirá cubrir los puestos de manera más rápida, confiable y probablemente a menor coste, sino porque refuerza el compromiso de los empleados y crea un poderoso un vínculo corporativo. Saber que se cuenta con todos y cada uno es altamente beneficioso para despertar la sana ambición por crecer profesionalmente.

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Tendemos a pensar que lo normal es temer el cambio, pero, aunque a veces cueste salir de la zona de confort, el estancamiento conduce rápidamente a la desmotivación. Por eso, fomentar la movilidad interna es necesario. Estas son algunas vías para lograrlo:

Adoptar la movilidad interna como cultura empresarial.  Es preciso mirar hacia fuera para ver qué demandan los mercados y qué les ofrece la competencia, pero también observar qué pueden aportar las personas que conforman la propia empresa. No se trata de retener a los trabajadores en sus puestos porque las cosas funcionan, sino de pedirles más. Y eso solo se logra tomando en consideración el capital humano, conociendo sus habilidades, escuchando sus deseos, atendiendo sus ideas y poniéndolas en práctica. La gente debe saber que sus propuestas son bienvenidas y su interés en participar también.

Establecer vías fáciles para la movilidad. Hay que canalizar las solicitudes internas como haríamos con las externas, esto es, como si estuviéramos en constante proceso de «¿quieres trabajar con nosotros?», y proceder en consecuencia: programar entrevistas, escuchar, conversar, actuar; en definitiva, crear una plataforma siempre abierta donde las personas puedan elegir asignaciones de proyectos, cambio de equipos, elección de puestos.

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Considerar la movilidad en su más amplio sentido. Cuando se habla de movilidad no basta con limitarse a cambiar a las personas de puesto, sino facilitar que puedan apuntarse a un proyecto determinado, que lo hagan solo durante el tiempo que dure esa tarea o que compaginen lo diferente con lo habitual, que sea de manera total o parcial, que se compartan labores entre departamentos y equipos; y todo eso sin atender a clasificaciones, jerarquías, estructuras ni rigideces. La movilidad debe considerarse como fluidez máxima para elegir en virtud de las necesidades corporativas y también de las preferencias, intereses y experiencia de cada uno.

Cambiar la forma de trabajar para generar movilidad. Los nuevos tiempos exigen actuaciones antes impensables, como intercambiar recursos humanos entre unos departamentos y otros o incluso entre empresas colaboradoras, compatibilizar trabajos en remoto con presenciales o designar mentores para ayudar a trabajadores sin experiencia. Todo debe ser posible en una organización con plena agilidad organizativa.

Cimentar la movilidad con el aprendizaje. Una formación constante permite actualizar los conocimientos que, con el vertiginoso ritmo tecnológico, corren el riesgo de quedarse obsoletos casi cada año. Así pues, hay que promover el aprendizaje como mejor vía para desarrollar nuevas habilidades que contribuyan al éxito de la movilidad.

Promover que cada uno sea actor de su propia movilidad. Es necesario dar libertad para seleccionar el trabajo que más convenga, liberarse de roles establecidos y salir de la desmotivación que genera hacer lo mismo cada día. Flexibilidad, autonomía y equipos autogestionados son las claves de la movilidad en las organizaciones.

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Cada vez que sintamos pereza o temor ante los cambios, pensemos en esta frase de Winston Churchill: “Mejorar es cambiar; ser perfecto significa cambiar a menudo”.

*Es presidente de IEIE AMÉRICA

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