EFE.- Daniel y Mabel comparten una historia de migración similar y ahora también tienen en común un mismo objetivo: retomar sus vidas en sus lugares de origen en el área rural de El Salvador y reincorporarse a la sociedad con el apoyo y acompañamiento de la Alianza De Salvadoreños Retornados (Alsare).

Alsare es una organización no gubernamental que se organizó en el 2015 y en el 2018 consiguió su personería jurídica. Su misión es la “reintegración integral de las personas retornadas en sus territorios de origen”, dijo a EFE Juan Toledo, presidente de la ONG y quien es un migrante que retornó a El Salvador en 2014 tras 28 años de vivir en Estados Unidos.

“Para Alsare la reintegración de las personas retornadas no es únicamente en el aspecto laboral, sino que va mucho más allá. Va en lo psicológico, en lo social y la cultura”, señaló Toledo.

Indicó que, en el área psicológica, Alsare cuenta con un programa de salud mental “generado por la experiencias propias de sus miembros”, todos personas retornadas, y en lo social brinda apoyo de capital semilla a unos 1,000 beneficiaros, entre ellos Daniel y Mabel.

“Cuando nos deportan, nos deportan de un país de destino y nos desarraigan. Entonces ese desarraigo cultural, social y laboral muchas veces incide negativamente en los retornados y lo más fácil son las adicciones”, explicó el también psicólogo.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

Alsare recibe fondos de diferentes cooperantes y sus programas son implementados en el área rural de los departamentos de Chalatenango, Guazapa y Cinquiera.

DANIEL, UN ARTESANO DE EL SALVADOR QUE BUSCA OPORTUNIDADES

Daniel de Jesús Mejía reside en una zona rural del municipio de Concepción Quezaltepeque, Chalatenango, al igual que Mabel, y es un artesano que elabora hamacas que decidió, por cuestiones económicas, migrar ilegalmente a EE.UU. en el 2009.

“El motivo fue por la situación económica que se pasa en el país, ya que por varios años uno pasa escasez de dinero y a veces la comida se escasea”, relató a EFE.

Tras un “duro” viaje, el salvadoreño de 33 años logró llegar a Nueva York y tardó un poco más de un año para pagar un préstamo que adquirió para pagar el viaje al país norteamericano.

“El viaje no es nada bonito, no es fácil, el camino es muy duro, no tengo palabras para poder describirlo porque no es fácil caminar días, noches sin dormir caminando, con miedo de que lo vayan a agarrar la Policía”, dijo.

Señaló que el lapso de tres años, tiempo de su estadía en EE.UU., “me logré desempeñar en una empresa de ensamblaje de sillas (para masajes), luego lavé carros y de ahí lavé platos en un restaurante de comida italiana”.

Leer: EU dice que Triángulo Norte ya colaboró en el pasado en frenar migración

Mejía retornó voluntariamente a El Salvador hace tres años por un problema de salud y en el 2018 se acercó a Alsare y recibió ayuda psicológica para superar un padecimiento de ansiedad.

“Por medio de ellos logre superar todo lo que yo tenía, como el miedo y el pánico. Ellos me han ayudado, con sus programas, a recuperarme, ya que si ayudan bastante a las personas con capital semilla y asistencia”, señaló.

Indicó que le costó “bastante” el proceso de adaptación en su comunidad “porque me daba como miedo salir a la calle, porque me afligía mucho lo que iban a decir las personas”.

El salvadoreño ha retomado el trabajo de artesano en la elaboración de hamacas y busca en su país nuevas oportunidades.

MABEL Y SU SUEÑO DE REENCONTRARSE CON SUS HIJAS

Mabel López, 30 años, tiene el sueño de un día volver a reencontrarse con sus hijas que viven en Estados Unidos y a las que no ve desde hace poco más de dos años.

La joven decidió en 2017 emigrar con su madre, sus dos hijas y una sobrina por “un problema político”. Sin embargo, todas fueron capturadas entrando a la nación norteamericana y sus hijas, que ahora tienen 6 y 12 años, quedaron allá y ahora tramita un proceso de asilo.

“Fue muy difícil como familia, porque allá fue un trato muy duro, hubo mucho maltrato psicológico, tanto como para mi persona, como para mi mamá y mis hijas”, narró la salvadoreña.

López retornó a El Salvador en agosto de 2018 y luego se contactó con Alsare que a la fecha le ha brindado asesorías legales para dar seguimiento al tema de sus hijas en EE.UU.

“Recién venida les expuse mi caso y ellos me han brindado su apoyo aconsejando, buscando información, ya que la necesito porque tengo que estar pendiente del proceso de mis niñas y ver qué puedo hacer aquí en el país”, apuntó.

Le invitamos a seguir nuestra página de Facebook

Añadió que “uno siente que no todo está perdido y que hay siempre personas que están con buenas intenciones, asociaciones que buscan ayudarnos y apoyarnos”.

“Por el mismo hecho de ser retornado (uno) se siente estancado, pero ellos (la organización) son una fuente muy importante con el apoyo (…) les he pedido a ellos que me orienten para ir yo buscando ese canal para obtener una solución y poder reencontrarme con mis niñas, poder viajar a donde ellas estén de una forma legal”, agregó.

Entre las razones que motivan la migración irregular en El Salvador se encuentran la búsqueda de mejores condiciones de vida, la reunificación familiar y la violencia, según registros de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME).