Por Ileana Rojas

¿Te has puesto en el lugar de una persona con discapacidad? Si todos hiciéramos este ejercicio, probablemente tendríamos un mundo más accesible, sin barreras que limiten el desarrollo y las oportunidades de millones de personas.

Es responsabilidad de las mayorías darle voz y visibilidad a las minorías; como cualquier otra persona merece las mismas oportunidades de aprender, trabajar, recibir un salario justo, avanzar y aportar al crecimiento de sus familias, comunidades y países.

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Debemos entender que la inclusión de las personas con discapacidad en el mercado laboral no se trata simplemente de cumplir cuotas o de contratarlos porque hay leyes que lo exigen; se trata de entender que es un derecho humano, de reconocer la diversidad y la discapacidad como parte de la condición humana, y de que todos tenemos habilidades y fortalezas que aportar a la sociedad.

Hablamos de millones personas

Según la Organización Mundial de la Salud, el 15% de la población mundial tiene alguna situación de discapacidad, lo equivalente a más de 1000 millones de personas, de las cuales, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en nuestra región suman 70 millones.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el documento Somos Todos. Inclusión de las personas con discapacidad en América Latina y el Caribe, señala que hay razones morales, legales y económicas para incluir a las personas con discapacidad y que, si bien las primeras deberían ser suficientes para actuar, los números también tienen un peso importante. Señala el documento que un estudio aplicado en Costa Rica, Chile y México, estima que incluir a las personas que viven con alguna discapacidad en el mercado laboral aumentaría el PIB entre un 2% y un 3%.

El desempleo en esta población suele ser muy alto, asociado a estigmas sociales, bajos niveles de escolaridad y por supuesto, a la falta de accesibilidad en los lugares de trabajo y medios de transporte. Según el estudio del BID, entre los jóvenes de 24 a 35 años en nuestra región, la tasa de empleo para hombres que viven con alguna discapacidad es 24 puntos porcentuales más baja que para aquellos sin discapacidad; para las mujeres, es 12 puntos porcentuales más baja.

¿Qué podemos hacer desde nuestras empresas?

  • Generar conciencia en los líderes de la organización sobre la diversidad humana, y dentro de ella, la discapacidad, de forme que se visibilice y reconozca su derecho a participar en igualdad de condiciones en el ámbito laboral.
  • Establecer un programa de inclusión laboral alineado a los valores de la empresa, que aporten a la cultura organizacional, mejoran el ambiente de trabajo, y contribuyan a una inserción socio laboral efectiva de las personas en situación de discapacidad.
  • Identificar oportunidades de mejora para hacer los espacios físicos accesibles, cómodos y seguros para la mayor cantidad de personas, tanto para colaboradores como para potenciales clientes. Por ejemplo: contemplando los principios del diseño universal en los estacionamientos, en el mobiliario, en las vías de circulación peatonal, rampas, escaleras, ascensores, servicios sanitarios, entre otros. Pequeños ajustes en la planta física pueden marcar una enorme diferencia.
  • Si ya tiene personas colaboradoras con alguna situación de discapacidad, hable con ellas y defina si de alguna manera puede mejorar sus condiciones de trabajo y con ello su productividad.

La tecnología abre nuevas oportunidades

La pandemia del COVID-19 generó modificaciones en la vida laboral alrededor del mundo, aceleró la transformación digital, permitió que el trabajo y la educación se pudieran realizar de manera remota. Esto puede ser una gran oportunidad para la inserción laboral de las personas con alguna situación de discapacidad. Imaginemos por ejemplo un servicio de telemarketing operando desde casa.

Necesitamos que la transformación digital también sea inclusiva, que las herramientas tecnológicas estén pensadas y disponibles para todas las personas, al alcance de los centros de formación y los empleadores. No podemos dejar a nadie atrás.

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Es claro que traer a las personas con alguna discapacidad a la fuerza laboral requiere compromiso y trabajo conjunto de todos los actores involucrados en el proceso de inclusión socio laboral, siendo el papel del Estado fundamental para generar los espacios, las condiciones, los recursos, pero sobre todo las oportunidades de acceso a la educación, la salud, la cultura, la información y las comunicaciones, que les permita el desarrollo pleno de su potencial humano.

Sin embargo, lo más importante y que es responsabilidad de todos, tiene que ver con la actitud y la convicción de que las diferencias nos fortalecen, de que todos, sin importar la condición, tienen una experiencia y valor único que aportar. La inclusión de la población en situación de discapacidad en el ámbito laboral, enriquece los equipos de trabajo, aumenta su creatividad y productividad, sensibiliza, fomenta el compromiso y mejora al ambiente laboral. Apostar por la inclusión es un ganar-ganar: beneficia a las empresas, a las personas y a la sociedad en conjunto.

*Es gerente general de Intel Costa Rica

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