Por Gustavo Ripoll

Si antes lo sabíamos, el 2020 vino a confirmarnos que los datos son el nuevo petróleo y  la materia prima indispensable para que las organizaciones puedan competir y las sociedades desarrollarse.

Durante la pandemia, los datos han sido claves para que los gobiernos entiendan  la magnitud del reto que estamos enfrentando como humanidad, cómo se ha comportado la COVID-19 y a quién ataca y por qué.

Lo anterior refleja entonces la necesidad de que los datos sean seguros, estén disponibles y sin corrupción. Así como la importancia de que puedan ser procesados y manipulados por personas con las habilidades requeridas.

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¿Por qué los datos han adquirido valor? Porque permiten la toma de decisiones más informadas por parte de las empresas, detectar patrones y comportamientos de los consumidores, entender si los procesos son eficientes o no, entre otros usos.

La transformación digital acelerada por la pandemia exige que las organizaciones estén especialmente preparadas para hacer frente a los desafíos que impone trabajar con datos.

Entre esos desafíos destacan: lidiar con el hecho de que crecen masivamente, tienen un alto grado de complejidad y también anticipar la magnitud que pueden tener los eventos relacionados con datos.

Una faena retadora

La protección de datos puede resultar una tarea desafiante y es por eso que este aspecto particular se debe abordar con detenimiento.

Si los datos crecen a tasas exponenciales, como efectivamente lo hacen, esto implica un aumento en el costo y la complejidad de respaldarlos.

Asimismo, hay otros rubros que implican un reto, como su retención, el cumplimiento normativo y la seguridad de los mismos.

Debido a que los datos son numerosos, la información que albergan está diseminada por el mundo en muchas y diversas plataformas. Esto vuelve más compleja su protección a través de una única solución, lo cual que hace más difícil la administración de los datos.

Otro de los aspectos a considerar son los costos, por ejemplo, la inactividad de los datos o la filtración de los mismos puede implicar un gasto de millones de dólares para una compañía.

Esa realidad exige un mayor enfoque en las soluciones de datos y aumenta las expectativas puestas en la tecnología de protección de datos.

Más allá de la ciberseguridad

Cuando hablamos del resguardo de los datos, no solo estamos pensando en la ciberseguridad, sino en aquella protección que se enfoca en abordar los desafíos de la administración de datos. También en la que permite extraer mayor valor de los mismos y sabe aprovechar las oportunidades de estos como activos.

Conforme los datos han adquirido más valor, la tecnología que conocíamos se ha quedado corta para su protección, y la industria ha tenido que evolucionar.

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Por ello, en la actualidad se perfilan algunas alternativas como los dispositivos de protección de datos integrados, que combinan hardware y software y son fáciles de integrar a las redes corporativas.

Asimismo, la protección de datos como servicios, la cual ofrece servicios basados ​​en la nube o en la web que proporcionan herramientas para respaldar, recuperar ante desastres y almacenamiento.

Pero como bien sabemos las empresas de tecnología, lo más importante es permanecer atentos a cómo evoluciona el mercado para entender cómo podemos innovar y atender sus demandas.

*Es vicepresidente de Dell Technologies para Latinoamérica.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.