Por Karen Rosales*

En entornos cada vez más inciertos, las organizaciones y empresas deben tomar acciones y decisiones que les permitan ejercer control hacia el futuro para garantizar la continuidad del negocio.

Uno de los elementos clave que puede ser controlado por las empresas, y muchas veces es relegado, es la eficiencia productiva, que se refiere al uso óptimo de recursos, procurando la reducción de costos de operación, a la vez que se aumenta la capacidad de producción.

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La eficiencia productiva se convierte en un soporte para la sostenibilidad económica de las empresas; si a esto, le sumamos acciones estratégicas para gestionar riesgos en materia social y medioambiental, estaremos, de cierta manera, blindando a las empresas ante los efectos de situaciones externas.

Buscar continuamente la eficiencia e implementar acciones de sostenibilidad, no debería ser visto por las empresas como un gasto o un costo; por el contrario, debe considerarse como una inversión que le agregará valor a largo plazo, colocándola en una mejor posición para enfrentar tiempos de crisis.

En tiempos de crisis, la sostenibilidad y eficiencia son determinantes

Si analizamos un poco el entorno actual, la crisis por la COVID-19 ha representado para la gran mayoría de empresas, sin importar su dimensión, un considerable incremento en sus costos de operación; éstas han tenido que invertir en readecuar y acondicionar las áreas laborales para cumplir con protocolos y normas establecidas resguardando así la salud y seguridad de sus trabajadores.

Por la escasez de recursos a nivel mundial, las materias primas se encarecieron; los costos logísticos han incrementado y lo vemos, por ejemplo, en los históricos precios de los fletes marítimos; el tiempo efectivo de trabajo y la disponibilidad de trabajadores en algunos casos ha disminuido. Una situación que, lamentablemente, muchas empresas no han logrado superar y otras, siguen desafiando al futuro.

Un denominador común que he notado al conversar con distintos amigos y colegas del sector empresarial al abordar estas afectaciones, es que aquellas empresas que previo a la pandemia habían implementado a lo interno medidas de eficiencia productiva y definido prácticas y estrategias de sostenibilidad, han logrado estar en mejores condiciones para enfrentar esta crisis.

Una estrategia de sostenibilidad basada en eficiencia

Ahora bien, ¿cómo puede saber una empresa, si su estrategia de sostenibilidad está bien concebida? Evidenciando que logra materializarla a través de acciones que repercuten en eficiencia en costos, mayor productividad y a la vez, inciden en la reducción de riesgos sociales y ambientales. Es decir, que esta estrategia hace a la empresa más eficiente, más rentable y menos vulnerable.  

Una adecuada estrategia de sostenibilidad, hace que la empresa tenga un óptimo uso de recursos tales como agua, energía, insumos y materias primas dentro de los procesos productivos; idealmente no hay desechos, porque en principio, todo desecho es un error de diseño y, por lo tanto, no es compatible con la eficiencia.

Esa eficiencia genera ahorros, reduce impactos negativos y repercute en mayor productividad para las empresas -y mayor competitividad para un país-. En medio de las crisis, créanme que eso se valoriza mucho más.

Inciden sobre la productividad y competitividad

En Guatemala, uno de los sectores productivos que ha adoptado la eficiencia y la sostenibilidad como parte clave de sus procesos, es el sector de la agroindustria de aceite de palma.

Actualmente, Guatemala es el país más productivo del mundo en cuanto al rendimiento de aceite de palma por hectárea, lográndolo por medio de la implementación de las mejores prácticas agrícolas, la adopción de tecnologías limpias y óptima eficiencia en procesos. El 64% del aceite de palma que se produce en Guatemala, está certificado bajo estrictos estándares de sostenibilidad, posicionando al país como el mayor productor de aceite de palma sostenible en Latinoamérica.

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Cuando la eficiencia productiva y la sostenibilidad, forman parte de la estrategia del negocio, se convierten en elementos diferenciadores y a la vez decisivos, que hacen que una empresa, o un sector, pueda hacer frente a retos y aprovechar oportunidades.  

*Es directora Ejecutiva de la Gremial de Palmicultores de Guatemala -GREPALMA-.

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