Los efectos de la pandemia de Covid-19 han sido subestimados por las empresas. Y de no tomar acciones urgentes, las organizaciones tendrían que hacerle frente a otra pandemia: el agotamiento o burnout de las y los trabajadores.

Se trata de una manifestación presente en el entorno de trabajo previo a la aparición del Covid-19. En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la incluyó dentro de la lista de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud (CIE-11).

El síndrome del agotamiento o burnout se desarrolla por estrés crónico en el trabajo. Sus síntomas son el agotamiento emocional, el desarrollo de una actitud cínica o distante del trabajo, la sensación de ineficacia, el sentir que no se realizan adecuadamente las tareas y la pérdida de las habilidades de comunicación.

El tema es tan actual y relevante que la revista Harvard Business Review lanzó una serie de entregas sobre el tema. Enfatizó los efectos que la pandemia ha provocado, al punto que Jennifer Moss, autora de uno de esos artículos, sacará al mercado en septiembre próximo su obra The Burnout Epidemic.

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Más agotamiento

¿Y por qué la pandemia ha agravado este fenómeno? Porque la virtualidad ha sobrecargado a los colaboradores, se han perdido los límites entre el trabajo y la vida personal. La necesidad de mayor flexibilidad se ha incrementado, pero no necesariamente ha significado una concesión. Y el exceso de reuniones además no siempre productivas, pero sí demandantes de tiempo, se han acrecentado con la virtualidad.

A ese estrés o agotamiento crónico se suman la ansiedad provocada por la incertidumbre económica, la amenaza a la salud propia y de familiares, la pérdida de seres queridos. Hay que agregar el aislamiento y falta de contacto social que minan la salud mental, tema que pasa por múltiples tabúes culturales y organizacionales.

Es una realidad que afecta a hombres y mujeres. Pero lo cierto es que la sobrecarga en las responsabilidades del hogar y en el cuidado de las familias tiene un mayor impacto en ellas. En su caso, el límite de trabajo-vida personal se ha desdibujado.

Así lo han concluido múltiples estudios, entre los que destaco el de McKinsey-Lean In. Éste describe cómo en Estados Unidos se está provocando una fuga de talento femenino. De hecho, una de cada cuatro está considerando renunciar o disminuir sus responsabilidades, un retroceso en el avance por la diversidad. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha señalado un fenómeno similar en la región, en donde el desempleo, subempleo e informalidad han crecido y tienen rostro de mujer.

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Empatía organizacional

¿Y cómo prevenir esta nueva pandemia? Se debe revisar la carga de trabajo, el establecimiento de límites entre trabajo y vida personal y familiar, que incluya a quienes no tengan responsabilidades familiares directas, pues la generación millennial, ante la ausencia de red de apoyo, ha sido una de las más afectadas al exigírseles más, porque se supone tiene menor carga de responsabilidades.

También hay que mencionar que será importante desarrollar una mayor empatía organizacional y no limitar ascensos y otras oportunidades laborales a quienes se les ha incrementado la responsabilidad con sus hijos o familiares.

La pandemia ha provocado que las organizaciones se tornen más resilientes y la vacuna alimenta la esperanza de que pronto tendremos una nueva normalidad, con mayor reactivación y seguridad. Así que prevengamos con inteligencia y acciones, para que el talento de nuestras organizaciones no sea víctima de la que podría ser una nueva pandemia.

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