Por Eduardo Girón

Tras la crisis económica y de salud que hemos vivido en el pasado año por la pandemia, las economías muestran signos de recuperación. Parece ser que la humanidad una vez más va logrando enfrentar una de las recesiones económicas más graves de los últimos tiempos. Va en camino, pero el reloj está corriendo. Las decisiones de políticas públicas y de inversión privada que se tomen hoy serán determinantes para el futuro de las naciones.

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Como sociedad, tenemos que ser conscientes que estamos ante retos de escalas titánicas. El manejo de la deuda externa, los presupuestos nacionales y las políticas monetarias deben hacerse de manera quirúrgica. Una decisión mal tomada puede llevar al paciente al intensivo, generando una serie de consecuencias macroeconómicas nefastas. Y con ello, desencadenar otro sinnúmero de efectos que impacten a los ya golpeados por la pandemia, los emprendedores, las pequeñas y medianas empresas.

Los actores de la reactivación

Ante la situación de fragilidad que se vive en los países, cada decisión que permita establecer una base para el crecimiento económico en el mediano y largo plazo es clave. Es ahora cuando debemos aprovechar la oportunidad para construir el futuro, colocando las primeras piedras para una economía global sostenible. Según David Malpass, Presidente del Banco Mundial, nuestra respuesta a la crisis hoy definirá nuestro futuro común para los años venideros. Estoy totalmente de acuerdo y considero que existen dos actores primordiales para lograrlo: el sector público y las empresas.

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El rol que puedan jugar ambos en la recuperación es distinto, pero complementario. Si los gobiernos se enfocan en generar condiciones favorables para la inversión, las empresas que lograron ser resilientes durante la pandemia y crecer tendrán mayor confianza para invertir. La mejora del clima de negocios, la promoción de legislación que reduzca tramitología y la facilitación del comercio deben ser prioridades para los gobiernos de la región.

No es momento de quedarnos dormidos. Es momento que los gobiernos impulsen políticas públicas que reactiven las economías, que generen certeza y que alienten a las empresas a invertir. La transparencia y el combate a la corrupción también serán esenciales para garantizar el adecuado uso de los recursos. Los presupuestos nacionales deben centrarse en programas de reactivación, de apoyo a los emprendimientos y a las pequeñas y medianas empresas, en inversión en infraestructura que agilice tiempos e incremente competitividad. La creación de incentivos que estimulen la inversión privada es otra vía para la reactivación.

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De igual forma, es momento que las empresas grandes que cuentan con una solidez económica tras la pandemia se atrevan a hacer inversiones y con ello generar nuevos empleos. La incorporación de pymes dentro de sus cadenas productivas permitirá que las mismas resistan y puedan salir victoriosas.

El dinamismo colaborativo que puedan tener el sector público y privado será lo único que nos permitirá salir adelante, ser resilientes y regresar hacia el sendero del desarrollo.

*Es presidente de Cámara de Industria de Guatemala

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