Por Sebastian Vidal

Recientemente la ciudad de Miami capturó los titulares cuando Marcelo Cluare, CEO de Softbank, anunció un fondo de 100 millones de dólares para fundadores que decidan establecerse en la ciudad. Esa declaración, unida al rol activo del alcalde de la ciudad, Francis X. Suárez, por atraer a las mentes más innovadoras del globo, revivió una conversación que ha surgido durante los pasados cinco años: ¿Quién será el próximo Silicon Valley? Y, más importante aún, ¿la idea de un centro de innovación físico no quedó obsoleta luego de la pandemia?

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Hace un par de años, seguía el ranking de los ecosistemas para startups más robustos en el mundo. La lista incluía a los de siempre: Silicon Valley, Boston, Austin, Tel Aviv, Berlín y Singapur, entre otros. Emprendedores de todas partes del mundo se establecían en estas zonas buscando tener acceso a capital, conexiones de negocio y convertirse en un unicornio.

Hoy, este escenario se ha transformado. Si el pasado año nos demostró algo es que el éxito de un ecosistema no se define por la geografía, sino por el talento y recursos que el ecosistema ponga a a la disposición de sus participantes. Y esa es la tremenda oportunidad que tienen para explotar los hubs emergentes como Chile, Puerto Rico, Colombia y muchos otros.

CLAVES PARA LOS EMERGENTES

Ahora, ¿qué hace que un ecosistema tenga éxito? Aunque los tres países mencionados aún no lideran el exclusivo mapa de las capitales de innovación, han seguido puliendo su propuesta de valor para definir su rol en el nuevo panorama. En su camino han ido trabajando los cinco puntos que, en mi experiencia, son necesarios para lograrlo:

  1. Liderazgo y voluntad: para prosperar, un ecosistema necesita que sus líderes muestren visión, voluntad y dirección. En el caso de Puerto Rico, por ejemplo, el Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación ha tomado un papel protagónico en promover la economía del conocimiento en la isla, aumentando el acceso a capital y a recursos de investigación. 
  2. Fomentar el talento universitario: sin talento no puede haber creación de producto. Colombia, por ejemplo ha hecho esfuerzos concertados para darle con todo a la formación de ingenieros, mientras crea una comunidad emprendedora colaborativa.
  3. Disponibilidad de capital en etapas tempranas: sin capital, los emprendedores emergentes no pueden desarrollar sus empresas. Programas como StartupChile y parallel18 ofrecen esa inyección temprana y han desarrollado sus ecosistemas de inversión para aumentar el acceso a capital.
  4. Diversidad y comunidad: la tecnología provee una infinidad de formas en las cuales se puede crear una comunidad virtual que incluya locales, extranjeros y personas de todas las experiencias que contribuyan con sus experiencias a hacer una realidad el mundo que soñamos a través de la innovación.
  5. Descentralización: si la pandemia dejó algo claro es que podemos crear startups de alto crecimiento desde cualquier parte. La clave es enteder nuestra ventaja como país y complementar con otros ecosistemas para que la región se fortalezca.

Me entusiasma pensar en que el empresarimo innovador de los próximos años se enfocará en que cada región potencie lo que la hace única para que Latinoamérica siga cimentando su propuesta de ser un centro de innovación sin fronteras.

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*Es el CINO del Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Innovación de Puerto Rico.

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