Por Marimar Treviño

El pasado mes de febrero tuve la oportunidad de estar en el increíble país de Ecuador. Tuve la fortuna de conocer las hermosas Islas Galápagos. Archipiélago volcánico ubicado en el Océano Pacífico y fuente de inspiración para el famoso científico inglés, Charles Darwin, quien escribió sobre la evolución y la selección natural de las especies.

En dicho lugar, se pueden encontrar muchísimas especies de animales y plantas hermosas. Estando en una de las islas (Santa Cruz para ser más exacta), visité la Estación Científica Charles Darwin en donde me platicaron sobre el trabajo que realiza el equipo de la estación para conservar y cuidar de las distintas especies encontradas en cada una de las islas.

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Uno de estos animales en específico, son las tortugas gigantes. Unas creaturas realmente impresionantes que se caracterizan por sus grandes patas y por sus enormes y fuertes caparazones. El guía encargado del tour indicó que, dependiendo de la isla de procedencia de las tortugas, variaba la forma del caparazón de éstas.

El caparazón de una de las especies de tortugas tiene forma de una “silla de montar” y otras, tienen un caparazón un poco más “plano”. El motivo de estas diferencias se debe a que, la vegetación de cada una de las islas es distinta.

El caparazón de las tortugas de las Galápagos

Las tortugas con caparazón de “silla de montar” provienen de una isla en la que su alimento se encuentra en arbustos y árboles un poco más altos, por lo que, el tener esa forma de caparazón, les permite extender y alongar su cuello hasta el punto en que alcanzan su alimento sin ningún problema.

Mientras que, las tortugas con el caparazón más “plano” provienen de una isla en donde su alimento se encuentra al ras del suelo, por lo que la extensión de su cuello va dirigida hacia abajo y esa forma les ayuda a que, sin ningún problema, puedan acceder a su alimento.

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Estas especies fueron evolucionando a lo largo de millones de años para adaptar su estructura y vivir “de una mejor manera” en su hábitat natural. Y fue cuando me di cuenta de que algo similar es lo que hemos estado haciendo todos nosotros, los seres humanos, en estos últimos meses de pandemia per de una manera mucho más acelerada.

Los humanos hemos evolucionado rápidamente

Mencionó Charles Darwin en sus investigaciones y observaciones: “…Los individuos más aptos tienen más posibilidades de sobrevivir. Los recursos, como los alimentos son limitados. Hay que adaptarse al entorno”.

Desde mi óptica, como seres humanos, empresarios, padres de familia, estudiantes, etc. hemos tenido que aprender a dar forma a “nuestros caparazones” para sobrevivir y llevar de una manera más venidera nuestro día a día.  Aprendimos a modificar nuestra empresa, ajustar nuestra manera de convivir y modificar nuestro estilo de vida, ya que todo cambió de manera repentina.

Es así como, de manera personal, reconozco y felicito el caso de las PYMES que, actuaron de manera rápida e implementaron el uso de herramientas digitales para tener presencia en un mercado en línea y así, ofrecer sus productos y servicios en mercados más extensos.

Sin olvidar el caso de aquellas medianas y grandes empresas que permitieron que sus colaboradores realizaran sus tareas desde casa, dándose cuenta muchas de ellas, que realmente no necesitaban tener oficinas físicas para obtener la misma productividad con su equipo laboral, o aquellas personas que aprendieron a convivir y reunirse de manera virtual para seguir alimentando y cuidando sus relaciones afectivas aún y con la distancia.

Nueva realidad

Considero que, si lo anteriormente mencionado, es visto desde un enfoque positivo, podemos darnos cuenta de que estos cambios “bruscos” que trajo el COVID-19 a nuestras vidas desde el 2020, han sido unos “empujones” para despertar y reconocer que, para permanecer, debemos crecer, debemos cambiar y mejorar.

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 Así como las tortugas, debemos actualizarnos para vivir en “una isla donde podamos conseguir abundante alimento, con el caparazón adecuado y no olvidar que, aquellas especies que aprenden a adaptarse y a evolucionar son las que sobreviven y permanecen en el tiempo”.

*Es miembro del FIJE y maestra en Innovación en desarrollo empresarial.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.