Inmersos en un escenario de recuperación económica, y ante la atenta mirada de los principales organismos económicos, presentes a nivel internacional, los países se encuentran trabajando en esos planes que, en cierta forma, tratarán de guiar la recuperación en cada una de las distintas economías dañadas por la crisis del COVID. Entre estas economías, se encuentran, como es de esperar, las economías de América Central. Unas economías que, aun habiéndose desarrollado como lo han hecho, y aun habiendo alcanzado un ritmo de crecimiento superior al del conjunto de economías vecinas de América Latina durante los últimos 30 años, se han visto muy dañadas por sus escasos recursos.

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Además, hablamos de unas economías que, por esa misma razón, presentan una menor capacidad para ofrecer respuesta a la situación que vivimos. Así pues, estas economías, por estos escasos recursos, no cuentan capacidad para ofrecer una respuesta fiscal acorde a la situación. Dicho esto, el Banco Mundial se hizo eco de la respuesta fiscal media ofrecida por las economías en vías de desarrollo, como las de América Central, y esta no superaba el 3% de sus respectivos niveles de PIB. En contraposición, las economías desarrolladas, como Estados Unidos, presentan una respuesta fiscal cercana al 11% de su PIB; Alemania, por su parte, presenta una inyección cercana al 9%; mientras que, en promedio, las economías desarrolladas han destinado cerca del 7% de su PIB.

Como vemos, esos escasos recursos, en un escenario como el actual, han hecho que las economías de la región sean menos capaces para enfrentar el COVID, a la vez que, como vemos, tampoco cuentan con la capacidad de estimular su economía lo suficiente como para recuperar rápidamente el dinamismo. Y es que, en este sentido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo hincapié en esto que comentamos, advirtiendo de una recuperación asimétrica entre territorios. Por lo que estableció una serie de condicionantes que justificarían esas divergencias, siendo dos de los tres principales la respuesta fiscal ofrecida y la capacidad para enfrentar la crisis; aunque el tercero tiene que ver con las debilidades estructurales de esta economía y, también en esto, Centroamérica no pasa la prueba.

Como vemos, nos encontramos ante un escenario complejo. La escasez de recursos y su tendencia creciente por los efectos de la crisis, en un escenario en el que las necesidades se multiplican en tanto en cuanto se muestran estos efectos, han situado a Centroamérica en un círculo vicioso del que deberá salir con fuertes apuestas para relanzar su economía. Los recursos son escasos, por lo que debemos utilizarlos correctamente. Como decía un economista anónimo, no es más importante saber ahorrar que saber gastar. Por esta razón, el Banco Mundial, así como otros organismos similares, han comenzado a suscitar esta necesidad, promoviendo líneas de actuación que podrían ser muy rentables para los países de la región.

Entre esas líneas, el Banco Mundial destaca el comercio y la productividad.

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En lo que respecta al comercio, México es la viva prueba de que no hay apuesta más rentable que la apuesta por los mercados internacionales. Desde la guerra comercial, el país azteca se ha situado a la derecha de los Estados Unidos, llegando a posicionarse como el primer socio comercial del país anglosajón. Esta situación, derivada de su apuesta por el comercio y la llegada de acuerdos como el TLCAN p el TMEC, ha dotado a México de una gran capacidad para crecer, así como hacerlo a ritmos muy elevados en años pasados. Y es que, desde que se realizase esta apuesta, el volumen de capitales y de mercancías no ha dejado de fluir entre ambos países.

En esta línea, el Banco Mundial ha tratado de fomentar la participación de estas economías en vías de desarrollo en los mercados internacionales. Una participación que, si bien se ha incrementado notablemente con el paso de los años, sigue siendo insuficiente para lograr ese desarrollo que permita la convergencia que estas economías persiguen. Por esta razón, y teniendo en cuenta los datos citados previamente sobre México, así como esa incapacidad para salir fortalecidos que presentan los distintos Gobiernos, el comercio podría ser una buena vía para fomentar el crecimiento e implementar un nuevo motor que, junto al resto, permita recuperar a la región su nivel previo a la pandemia.

Por otro lado, en lo que respecta a la productividad, sabemos que, incluso para competir en los mercados internacionales, la productividad es clave. Como sabemos, la productividad nos permite generar un mayor valor añadido, nos permite reducir los costes, hacer a las empresas más competitivas, así como dotarlas de las fortalezas que estas necesitan para competir en los mercados internacionales. Por esta razón, el Banco Mundial también ha insistido en la necesidad de mejorar la productividad en las economías de la región, a la vez que se va combatiendo una informalidad laboral que, precisamente, no ayuda a que esta productividad crezca.

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En resumen, son líneas de actuación como tantas otras, pero que Centroamérica deberá sopesar a la hora de establecer su plan de recuperación. El comercio internacional, precisamente, justifica parte de la mejora que ha vivido México en sus perspectivas, por lo que apostar por el podría ser una buena opción como vía para la recuperación. Si a esto le sumamos la apuesta por incrementar la productividad que precisan hacer estas economías, y que fomentaría la competitividad de sus distintos tejidos productivos en estos mismos mercados, hablamos de alternativas que podrían ser muy rentables, y que, a diferencia de otros gastos que están pendientes de evaluar, podrían ser una inversión acertada.

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