Por Uriel Naum Ávila

Entre 2010 y 2020, tan solo América del Sur perdió 2.6 millones de hectáreas de bosque cada año, la segunda tasa más alta del mundo, solo superada por la de África, que perdió 3.9 millones de hectárea al año, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

En Centroamérica la situación no es muy diferente. Por si fuera poco, además de la gran deforestación que enfrenta, se suma el de la migración de trabajadores del campo a la ciudad, que cada vez es mayor y aumenta el crecimiento de las zonas marginadas de las urbes ―la ONU prevé que en 2050, el 68% de la población mundial vivirá en zonas urbanas―.

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Pero estos no son los únicos problemas, aunque sí los más visibles. Los trabajadores del campo cada vez cuentan con menos habilidades para integrarse al mundo laboral de las ciudades, que acompañan muchas veces su transformación del avance tecnológico que tiene lugar a nivel mundial, a la par que los países pierden el conocimiento agrícola que ha sido desarrollado por generaciones.

¿Qué hacer frente a esta realidad que corre en sentido opuesto de la Agenda 2030 de la ONU y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que la integran? Un poco de luz al respecto ofrece Luis Rebollar, Fundador de Te Quiero Verde: “solo un metro cuadrado de cultivo o de jardín puede absorber más de 200 gramos de partículas contaminantes en el ambiente que bien pudieron ir a tus pulmones. Otro dato de interés es que, lamentablemente, más del 50% de frutas y legumbres han sido regadas con aguas negras, es decir, la porquería que la sociedad desecha vuelve a nosotros en alimento”.

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Países como Singapur han encontrado una salida sostenible a esta situación, que beneficia tanto al medio ambiente, como a la seguridad alimentaria de ciertas zonas y a los propios campesinos. En ese país, el Instituto Tecnológico y el Instituto Nacional de Educación trabajaron de manera conjunta para desarrollar “un gran jardín”, a través de huertos verticales dentro y fuera de edificios sustentables.

“Los países europeos también han sido pioneros y ejemplo a seguir en esta actividad de la agricultura urbana. En primer lugar está Alemania; es importante destacar el avance que está llevando España. Más allá de las políticas públicas y la normatividad en estos países, ha sido la conciencia de una sociedad más educada la que está llevando a comprender lo fundamental de la agricultura en casa”, apunta el fundador de Te Quiero Verde.

Todo comienza con la arquitectura amigable de los inmuebles, que impacta en el uso del agua, la energía y el manejo adecuado de condiciones para la producción de frutas y vegetales, generando con esto empleo local y crecimiento económico, pues se depende menos de importaciones de productos agrícolas.

“Hoy en día existen huertos verticales que son considerados ‘muebles’, por lo que pueden ser cambiados de residencia sin perder sus propiedades, tienen una vida útil de más de 20 años. ¿Sabías qué cuando compras alguna legumbre, hierbas de olor o frutas, éstas llevan más de 24 horas de cosechadas? O sea, la mayoría ya han perdido más del 40% de sus propiedades. Sería increíble que además de haber sido regada con agua limpia de tu hogar se aprovechará el 100% de las propiedades de estos alimentos”. 

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El también fundador de Movimiento Sembrando Conciencia, considera que los huertos urbanos dignifican la actividad de los campesinos, tan devaluada hoy en día en las ciudades. En ese sentido, propone que políticos, empresarios, líderes de opinión, profesores y todo aquel que comprenda la importancia de la agricultura se convierta en campesinos urbanos.

“Las ciudades latinoamericanas concentran el mayor porcentaje de población, por lo que con poca gente en el campo y demasiada gente en la ciudad faltaría poco para una crisis alimentaria y de otros servicios”, concluye Luis Rebollar. Es por lo anterior que la salida más verde y sustentable para evitar que las ciudades de la región colapsen son los huertos urbanos.

*Es periodista de negocios de Latam y consultor de comunicación corporativa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.