Por Uriel Naum Ávila

El hambre en América Latina y el Caribe afectará a 67 millones de personas en 2030, lo que llevaría a no cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 de la Agenda 2030, referido a hambre cero, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Y lo peor: “estas proyecciones no consideran el impacto del COVID-19, por lo que se estima que el hambre será aún más acuciante cuando se contabilicen los efectos de la pandemia sobre la seguridad alimentaria”, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

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Este organismo advierte que si bien África es la región con más altos niveles de inseguridad alimentaria, es en América Latina y el Caribe donde la inseguridad alimentaria aumenta más rápido: creció de 23% en 2014 a 31.7% en 2019, “debido a un fuerte aumento en América del Sur”. No obstante, los efectos de la pandemia han prendido los focos rojos en Centroamérica ante rastros de lo que podría derivar en hambruna en esa zona.

Es claro que los gobiernos no tienen la capacidad ni los recursos para subsanar esta situación, sin embargo algunas empresas buscan, en el marco de la Agenda 2030, aprovechar recursos que ya existen y que están desaprovechados. Se trata de los alimentos que todos los días se desperdician.

En América Latina se pierden cada año 127 millones de toneladas de alimentos (equivalen al 34 % del total producido), y esto lo adjudican los expertos a cuatro causas: la falta de capacitación, los pocos niveles de tecnificación, el nulo financiamiento a productores y la falta de conciencia de los consumidores.

En México, por ejemplo, el desperdicio de alimentos alcanza el 34.7% de lo que se produce en el país (pescado, 37%M res, 35%; pollo, 29%, y tortilla, 28%).

En este país latinoamericano existen ya iniciativas que buscan combatir el hambre y el desperdicio de alimentos. Pacto por la Comida, liderada por la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) es ejemplo de esto. Kelloggs México, Grupo Bimbo, Fundación Lala y Nestlé México son algunas de las empresas que se han unido a esta causa.

En esta apuesta, también es necesario generar propuestas para combatir el cambio climático. Según proyecciones, en 2050 se necesitarán alimentos para 9,000 millones de habitantes en el mundo. Sin embargo, la producción de esa cantidad de alimentos podría sumar 2 grados centígrados al calentamiento global, lo suficiente para desaparecer parte de Centroamérica, de acuerdo con la Cepal.

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Para reducir el desperdicio de alimentos, como consumidores se puede optar por cadenas agroalimentarias cortas, sin intermediarios. De esa forma se reducen la pérdida y desperdicio de alimentos durante la cosecha, los traslados y la venta.

Ciertamente la estrategia de las empresas no acabará con la problemática de la seguridad alimentaria en Latinoamérica, pero es un muy buen intento por combatir el hambre y la pobreza. El gran reto está en lograr que más compañías de la región unan esfuerzos, aprovechando su infraestructura y capacidades logísticas para hacer llegar alimentos a los que más lo necesitan.

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*Es periodista de negocios y consultor en comunicación corporativa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.