Por César Addario Soljancic

Recientemente, en la medida que se va dejando atrás lo peor de la pandemia del COVID-19 y se comienzan a vislumbrar señales de recuperación, hemos visto como los inversores y analistas ponen más atención al comportamiento del rendimiento de los Bonos del Tesoro de los Estados Unidos, ¿por qué?

En el primer trimestre de 2021, el incremento en el rendimiento de los bonos ha sido interpretado como una señal de presión inflacionaria que preocupó a los mercados. Al percibir que la recuperación económica post COVID-19 podría darse a un paso más acelerado, aumentó el temor de un recalentamiento de la economía difícil de controlar.

Para lo que va de mayo, los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos han retrocedido desde los máximos que alcanzaron entre marzo y abril, sobre todo después de que el Gobierno estadounidense anunciara las subastas de estos papeles para el próximo trimestre.

Recordemos que los rendimientos de los bonos también nos indican el nivel de volatilidad y percepción de riesgo en el mercado. Datos como el comportamiento de la generación de empleo privado en abril, positivo, aunque en línea con lo esperado, ayudan a mantener a raya el nerviosismo de los inversores.

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Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años se mantienen en torno al 1.6 por ciento. El pasado 30 de marzo habían alcanzado un máximo de 14 meses de 1.776 por ciento.  La Reserva Federal (Fed) ha tratado de minimizar los temores ante un avance no controlable de la inflación, lo que también ha incidido en mantener algún control sobre el rendimiento de los bonos.

Sin embargo, la tasa de equilibrio de la deuda del Tesoro protegida contra la inflación a 10 años, conocida como TIPS, por sus siglas en inglés, se ha ubicado en un 2.47 %,  que no solo es su nivel más alto en 8 años, sino que indica que los mercados están viendo un promedio de inflación cercano al 2.5 % anual para la próxima década.

Los TIPS a cinco años , la tasa de equilibrio es del 2.69 %, lo que nos indica que el mercado está previendo que la inflación sea incluso un poco mayor en el mediano plazo. ¿A qué se deberá la inflación? Principalmente, a la recuperación post COVID, y al riesgo de que el crecimiento de la demanda sea mayor al de la oferta en los próximos meses.

Como he explicado en columnas anteriores, la crisis económica ocasionada por el COVID-19 fue en principio un shock de demanda (originado por los cierres, las cuarentenas estrictas, la gran cantidad de población enferma, los negocios que cerraron y el aumento del desempleo) que rápidamente se convertiría en un shock de oferta: los aparatos productivos tardarían en recuperarse.

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El temor principal es, entonces, que la gran demanda no encuentre suficiente oferta para satisfacerse, que esto genere inflación y, además, que se deba recurrir a más importaciones para poder satisfacerla, lo que afectaría negativamente la balanza comercial.

El impulso y los incentivos a las empresas son claves para que este escenario no sea tan grave, en un contexto en el que, sobre todo para la economía estadounidense, la recuperación ha sido promovida por estímulos en el lado de la demanda, vía el dinero disponible para mejorar el consumo de los hogares.

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*Experto en estrategias de Deuda Soberana de los Mercados Emergentes en América Latina.

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