Tras un fuerte impacto del COVID en la economía de Centroamérica, así como en la economía Latinoamericana en general, los distintos países que conforman la región se encuentran ante la ardua tarea que supone recuperar, tras el duro shock vivido, una serie de economías que, en lo que respecta a sus recursos y su capacidad para superar una crisis económica, se muestran bastante debilitadas. Como sabemos, las vulnerabilidades que estas presentan, la incapacidad de controlar el virus, así como lo que supone esa incapacidad por la escasez de recursos para combatir el ciclo con políticas de estímulo, acaban limitando el potencial de la recuperación en estas economías.

Si atendemos a los datos que ofrece la universidad de Columbia, en Nueva York, esta nos dice que esa incapacidad para ofrecer una respuesta fiscal ha llevado a estas economías a destinar, de media, el 2,4% de su PIB; destacando países como México, que no han podido alcanzar el 1% del PIB, siendo este el que menos recursos ha movilizado en relación con su producción bruta. Por su parte, las economías desarrolladas, o lo que conocemos como países ricos, han destinado, de media, el 6,7% del PIB; en este caso, destacando, y muy al alza, la respuesta ofrecida por economías como la estadounidense, que destinó el 11% de su PIB, y la alemana, que alcanzó el 9%. Y es que, como vemos, se puede apreciar esa escasez citada, la cual impide que estas economías puedan remontar el vuelo con sus propios recursos.

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Asimismo, hablamos de economías que, por esta misma razón, cuentan con muchas debilidades que las hacen más vulnerables ante escenarios como el actual. No contar con recursos, y no ser capaces de sacar adelante reformas de calado acaba condenando a estas economías. Pues, en situaciones de recesión económica, esa menor resiliencia las lleva a sufrir un mayor impacto y, en consecuencia, un mayor ensanchamiento de estas debilidades. Un fenómeno que, en consecuencia, se traduce en una situación de insuficiencia en materia de recursos para combatir la pandemia, también en lo que respecta al ámbito sanitario y social. Pues, mientras en economías como Alemania cuentan con sistemas sanitarios capaces de enfrentar la pandemia, la mayoría de las economías que integran la región no cuentan, en muchos casos, con una cama por cada 1.000 habitantes.

Así pues, el panorama se torna bastante feo tras el análisis, pues pocas razones puede haber para creer que una serie de economías como las citadas, y ante tantos desafíos pendientes, se recuperarán con vitalidad y volverán a remontar el vuelo más pronto que tarde. Sin embargo, y aunque parezca mentira, sí existen motivos para creer en esto que, a priori, puede parecer una paradoja. Pues, la respuesta fiscal ofrecida por los Estados Unidos, tanto a Centroamérica como a Latinoamérica les ha acabado salpicando. Y hablo de que le ha salpicado en el buen sentido de la palabra, pues se observa una clara relación entre la mejora de las perspectivas que se propone para los Estados Unidos y la propuesta para México, por ejemplo, siendo esta una economía de referencia en Latinoamérica.

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Entre otras cosas, el comercio con la región latinoamericana, que ha llevado al país azteca a registrar un nuevo máximo histórico en su volumen de mercancías comerciado entre dicho país y los Estados Unidos en un solo mes, ha acabado, en cierta forma, amortiguando el impacto de la pandemia. En este sentido, muchas economías de Latinoamérica, apoyadas en el comercio exterior, han podido amortiguar el efecto de una crisis que devastaba todo negocio operativo a su paso. Y esto, tras unos acuerdos que, pudiendo cuestionar algunos matices, han sido plenamente beneficiosos para muchas de estas economías.

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De la misma forma, y como sabemos, Centroamérica, así como la propia Latinoamérica en general, son territorios en los que su ciudadanía, por determinados motivos, cuenta con muchos familiares en el país anglosajón. Esto ha hecho que las remesas, siendo estas el dinero que envían los migrantes latinoamericanos que se encuentran empleados en los Estados Unidos a sus países de origen, se conviertan, como el comercio, en un auténtico balón de oxígeno para estas economías.  Y es que, debido al Coronavirus, hablamos de unas remesas que, en economías como la de México, han crecido hasta tal punto, que han pasado a representar cerca del 4% de su PIB, mientras que en años pasados no llegaban al 3%. Pero es que estos datos, si atendemos al volumen que presentan otros países de la región, se repiten en el resto de las economías.

En solo 4 meses, Guatemala, por ejemplo, ha vivido como el envío de remesas al país centroamericano se ha disparado un 41,7%, tal y como informa su banco central. Como vemos, un dato que resulta bastante llamativo, pues si bien se esperaba que las remesas sufrieran un descenso notable durante la crisis del COVID, las políticas de estímulo aplicada en todo el mundo, y esa capacidad con la que contó el país que mayor número de inmigrantes latinoamericanos alberga, provocó que las remesas, y al igual que otros factores mencionados en el artículo, compensaran parte de esas debilidades.

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Como vemos, las debilidades son muchas, y los desafíos pendientes son aún más. Sin embargo, el buen comportamiento de la economía estadounidense, que está provocando un alza en las perspectivas para Latinoamérica, está contagiando al conjunto de economías vecinas. Unas economías que, apoyadas en el comercio exterior, en las remesas, así como en otra serie de factores que han resultado ser determinantes durante esta pandemia, pueden afirmar, y con total seguridad y orgullo, que la recuperación económica, aun no estando exenta de riesgos, ha comenzado.