Por Erika Domínguez*

Lograr la simplicidad en el trabajo parece una labor sencilla y obvia, pero en la práctica es una tarea que requiere cuestionarse de manera constante cómo se pueden hacer más eficientes los procesos en una empresa.

Ese es el planteamiento de la reconocida consultora Lisa Bodell, autora del libro Why Simple Wins, en el que aborda cómo la complejidad se convierte en un obstáculo en las organizaciones para innovar, pues impide que los líderes utilicen la simplicidad como una ventaja competitiva.

Este modelo nos invita a hacernos la siguiente pregunta: ¿en qué invertimos nuestro tiempo en el trabajo? Sin duda, muchos contestaremos que principalmente tenemos reuniones, respondemos emails, elaboramos informes y contestamos mensajes de texto.

Eso significa que pasamos buena parte del tiempo resolviendo y nos quedan pocos espacios para el trabajo creativo. El principal problema ocurre cuando anteponemos el exceso de procesos y reportes sobre la innovación. ¡Claro! Las métricas son necesarias e importantes, pero el abuso de las mediciones pone en jaque la agilidad organizacional.

¡Cuestiónalo todo!

¿Cuántas veces nos hemos preguntado cuáles son esos procesos que impulsan las organizaciones, pero que, al paso del tiempo, jamás se revisan? El problema es que nadie se cuestiona si estos se pueden cambiar, para hacerlos más fáciles y mejores.

Cuando identificamos procesos que están creados para controlar a las personas, el error no radica en los procesos, sino en tener que controlar a personas que constantemente rompen con las normas. Si en cambio, conservamos y  contratamos colaboradores que se sienten identificados con nuestra cultura organizacional, que están emocionados y hacen sus labores con pasión, esos procesos de supervigilancia automáticamente desaparecen. Trabajar en fortalecer el ambiente y la cultura es una manera de lograr la simplificación, en lugar de agregar procedimientos complejos.

Otro aspecto que afecta la simplicidad es el comportamiento humano, ya que muchas personas tienen miedo a perder el control e implementan procesos sobre procesos cuando las organizaciones van creciendo, aunque estos sean totalmente innecesarios o absurdos.

Revisar de manera constante los procesos nos hará ganar flexibilidad. No debemos perder de vista las regulaciones y normas de las autoridades; sin embargo, este tipo de procesos también tienen espacio para hacerlos más prácticos y sencillos.

El camino de la simplicidad corporativa se traza cuando se le da la misma importancia al hacer que al pensar. Estamos acostumbrados a realizar acciones y pocas veces a fortalecer el pensamiento analítico. Los espacios de tranquilidad mental son la base de la innovación y la creatividad. Hay que preparar a las personas para que se cuestionen todos los días si lo que están haciendo podría realizarse de forma más simple.

En el trabajo y en la vida, siempre vamos a encontrar un espacio para simplificar. Esto nos llevará a ser más productivos y a hacer más eficientes nuestras horas de trabajo. Recordemos que el activo más importante para todas las personas es el tiempo, pues no es renovable.

Impulsar una cultura de simplicidad nos hará ganar un propósito como organización, lo que se traducirá en entusiasmo, pasión, productividad y creatividad. ¿Cómo se logra? Con estas tres recomendaciones: generando liderazgo, enfocándose en la cultura y promoviendo el pensamiento para crear procesos más eficientes. 

*Es experta en planeación estratégica, comunicación corporativa, tecnología, innovación y liderazgo.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.