Por Uriel Naum Ávila

Hace unos años atrás me tocó liderar una edición especial que llevó por nombre “El cambio climático llegó a las aulas”, en el que se abordó cómo las universidades trabajaban cada vez más en una oferta educativa integral, en la que los temas relacionados con la sustentabilidad tomaban fuerza ante la realidad inminente del cambio climático.

Algo similar pasa hoy en día con las Maestrías en Administración de Negocios (MBA). La realidad ha rebasado a la mayoría de los programas de educación para ejecutivos, y no solo por contextos como la Cuarta Revolución Industrial, por ejemplo, sino por un tema tanto o más relevante como lo es la contribución social de las compañías, un aspecto que la pandemia Covid-19 vino a revalorar.

Un dato al respecto: el 37.3% de las empresas que operan en México sostiene que una de sus principales líneas de acción frente a la crisis del Covid-19 será demostrar su valor como agentes sociales, y el 32.1% de las empresas en América Latina piensa lo mismo, de acuerdo con la agencia MERCO. 

Aunque en América Latina la palabra activismo suele generar aversión en algunas personas, porque lo asocian a movimientos radicales, lo cierto es que el activismo como se concibe en regiones como la europea tiene que ver más con llevar a cabo acciones de alto impacto en favor de la sociedad, como lo demanda la era pos Covid.

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La gran pregunta es qué tan preparadas están las Escuelas de Negocios tradicionales para dar este viraje más hacia lo social y menos hacia los KPIs financieros (o no solo a estos). Se tiene registro de algunas instituciones educativas que generaron ofertas de MBA vinculados a aspectos sociales, pero al descubrir que no era “negocio”, dejaron de ofrecer este tipo de programas.

¿Será que es necesario que surjan ofertas disruptivas que desde su origen vinculen al negocio con lo social para dar respuesta a las necesidades que plantea el mundo actual? Óscar Pérez, fundador de The Social MBA, opina que sí: “En las escuelas ejecutivas tradicionales la pauta la marca el negocio, mientras que en proyectos como éste se busca que la pauta la marque el planeta y los retos globales”.

Pero incluso The Social MBA no fue sencillo construirlo en sus inicios. Fue en 2012 cuando Óscar Pérez junto con un socio fundaron la Sociedad Española de Emprendedores Sociales, y plantearon la idea de un MBA social a la Universidad de Barcelona, pero además de convertirse en un proceso burocrático, esta institución pública (y en escuelas privadas no es muy diferente), no entendía por qué en lugar de catedráticos en las aulas deberían de haber emprendedores dando clases, y en vez de un espacio físico para las capacitaciones, un ambiente más natural donde hubiera contacto con la naturaleza y esto despertara también la creatividad de los estudiantes.

Fue en 2020, en plena pandemia, cuando Óscar y dos socios más, uno experto en comunidades de aprendizaje y otro en tecnología y gestión del conocimiento, impulsaron este MBA on line desde México hasta la Patagonia, bajo un formato flexible y con posibilidad de cursarlo en 12 meses.

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“La idea es desarrollar agentes de cambio, esto no te lo dan los MBA tradicionales. Aquí está el ADN del proyecto. El modelo de éxito que proponemos es lo que requiere el siglo XXI. El objetivo es romper con esa idea de educación bajo la perspectiva de un negocio rentable”, comenta el también fundador de The Social Circle, que es otra marca ‘paraguas’ más evolucionada, que abarca muchas otras iniciativas sociales, más allá de solamente lo educativo.

La idea de The Social Circle es trabajar con otras instituciones para formar parte de un esfuerzo mucho más grande de transformación, desde una connotación de club, de comunidad. “No es para todos. Es para las personas que realmente están comprometidas con la transformación social”, apunta Ed Carrasco, aliado de la iniciativa y fundador y Chief Strategy Officer (CSO) de WHY.

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Respecto a la oferta educativa de The Social MBA, sus programas están relacionados con temas como capitalismo consciente, economía de la generosidad, propósito y cambio climático, por ejemplo, aspectos de los que el contexto actual demanda un mayor conocimiento y acción por parte de los directivos de empresa.  

“La pandemia obligó a las empresas a quitarse la máscara de la RSE (Responsabilidad Social Empresarial) y comenzar a hacer, de verdad, una labor social comprometida con los empleados, las comunidades, sus audiencias. Con esto la reputación mejora y los números mejoran. La empresa que probó esto ya no dará marcha atrás”, apunta el fundador de The Social MBA.

*El autor es periodista de negocios de Latam y consultor de comunicación corporativa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.