Desde hace semanas, venimos comentando los problemas que atraviesa la economía centroamericana a la hora de enfrentar la crisis derivada del COVID, así como esa menor resiliencia y capacidad a la hora de contar con recursos para combatir la crisis que se avecina y afrontar esa recuperación tan necesaria. Y es que todos estos desequilibrios, los cuales ya de por sí se encontraban presentes en estas economías en años pasados, ante una crisis como la actual, y donde tenemos que responder con todos nuestros recursos y capacidades, sufren el riesgo de, ante una mala respuesta, seguir ensanchándose.

En lo que respecta a las perspectivas que presenta el FMI, entre otros organismos, sobre la economía de Centroamérica, conviene señalar que estas, aun siendo más débiles y aun habiéndose descolgado de la tendencia que muestran otras economías, ya visibiliza la recuperación económica y la vuelta a los niveles precovid. Especialmente, desde que Estados Unidos ofreció una respuesta fiscal que, ante la mejora en las perspectivas y el crecimiento cosechado durante el primer trimestre, ha acabado contagiando a estas economías vecinas; pudiendo destacar a México.

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De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), este elevó las previsiones de crecimiento económico de América Latina y Centroamérica para 2021 al 4.6%, medio punto de crecimiento más que en su pronostico de enero. Ello, gracias al aumento de las exportaciones de la región tras el repunte de la manufactura mundial, destacando el papel de los Estados Unidos como gran socio comercial de estas economías.

Gracias a ese contagio, la economía centroamericana puede comenzar a ver la luz al final del túnel. Pues, como decíamos al inicio, esa escasez de recursos no solo le hacía incapaces de combatir el COVID a nivel sanitario, no alcanzando de media en muchos de los territorios integrantes el médico y la cama por cada 100.000 habitantes. Sino que, también en materia de recursos económicos, estas economías, debido a su incapacidad institucional y el mal funcionamiento de la regulación, no presentan capacidad de ofrecer una respuesta fiscal, siquiera, del nivel de las economías desarrolladas (6,7%), pues he de decir que la respuesta media no alcanzó ni el 2,5%.

En el caso de Estados Unidos, la respuesta ofrecida ha alcanzado el 11% del PIB.

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Esto es precisamente lo que resalta la CEPAL, pues hablamos de una clara incapacidad que debe corregirse con reformas de gran calado. Reformas estructurales que traten de poner fin a todos estos desequilibrios que, en momentos de crisis, dejan “con el culo al aire” a todo un Estado, con su respectivo Gobierno y su respectiva ciudadanía. En su Panorama Fiscal 2021, la CEPAL señala que una recuperación transformadora post COVID-19 requiere una nueva orientación estratégica de los gastos y los ingresos públicos.

La debilidad institucional que presentan las economías de Centroamérica les impide combatir la economía informal, el narcotráfico, así como la evasión de capitales que, posteriormente, acaban en paraísos fiscales sin dejar un solo dólar en las arcas públicas. Esto es lo que observamos si echamos un ojo al ranking que establece la OCDE, con base en los ingresos públicos como porcentaje del PIB de cada territorio. Para hacernos una idea, con este ranking se trata de medir la capacidad de los Estados en lo que respecta a generar los recursos que, en un futuro, financiarán las obligaciones que este presenta.

Analizando este ranking, observamos que la media para la OCDE se establece en el 33%. No obstante, si tenemos en cuenta los países que integran América Latina, y salvaguardando unas pocas economías, estos presentan posiciones muy cercanas y que igualan la capacidad de estas economías, incluso, con la de algunas economías africanas; siendo estas, desde luego, la peor referencia posible. Por esta razón, es impensable aplicar políticas expansivas ante semejante situación, pues no se cuenta con los recursos necesarios para atender las necesidades que estas economías presentan.

Esta situación también la destacaba, al igual que la CEPAL y la OCDE, el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, conocido también como Icefi. De acuerdo con el organismo, la pérdida de recaudación y el aumento del gasto público para atender la pandemia dispararon el déficit fiscal promedio de Centroamérica al 6,6 % del PIB en 2020. Como vemos, un dato a tener muy en cuenta si nos fijamos en que las economías están teniendo que requerir al endeudamiento, con las consecuencias que este tiene y, por supuesto, en un escenario en el que la vulnerabilidad a la deuda es muy superior que en economías desarrolladas; economías en las que se tolera un mayor nivel de deuda.

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Por lo que, en resumen, debemos entender lo que comentamos y atender a esta necesidad de cambiar las cosas. Contar con tan poca capacidad en materia de recursos te lleva a depender de las ayudas, del capital extranjero, a la vez que te hace menos capaz y más vulnerable ante las crisis económicas. Siendo un economista liberal, pocas razones tengo para justificar esa reforma fiscal que abogue por una mayor eficiencia recaudatoria, pero no es posible que la menor respuesta fiscal ofrecida por una economía de la OCDE sea la mexicana; una economía que, por otro lado, aspira a ser la potencia emergente más capaz.

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