Por Sergio Isaza Bonnet

Invertir en el clima es una posibilidad que tiene cualquier persona desde hace algunos años. En esta columna, exploraremos las dos caras de los mercados climáticos.

Una historia de dos décadas

En 1999, Enron estructuró el primer contrato de futuros climáticos, comprometiéndose a pagar a una empresa de servicios públicos USD $10.000 por cada grado que bajara la temperatura media durante el invierno, para mitigar su exposición a las compras de gas para calefacción.

Adelantemos 21 años en el tiempo. El mercado de transferencia de riesgos climáticos en 2020 tuvo un valor de USD $1.2 billones, de acuerdo con un reciente reporte de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas de EE. UU (CFTC).

Un inversionista podría hacer dinero especulando con la temperatura que hará en un invierno o, incluso, si lloverá o no durante una boda o un concierto.

Por ejemplo, cualquier persona podría comprar una cobertura en la Bolsa Mercantil de Chicago frente a la ausencia o no de nieve en una ciudad de Canadá. No importa si usted es el dueño del equipo recolector de nieve o un especulador de bolsa en línea.

Sin embargo, existe un mercado paralelo, liderado por el sector asegurador, cuyo rol consiste en asegurar lo inasegurable.

El rol del sector asegurador

Este sector ha estado enfocado en cubrir los riesgos asociados a las catástrofes naturales y en desarrollar soluciones innovadoras de transferencia de riesgos.

Pongamos el ejemplo de un hotel en el Caribe altamente expuesto al riesgo de huracán, que no puede cubrir a través de seguros tradicionales su riesgo de pérdida de clientes o la inutilización de su campo de golf, cuando un evento climático conlleva una ola de cancelación de reservas o inhabilita un activo fundamental del resort.

Acá entran en escena las coberturas paramétricas que, con base en índices acordados con el cliente (por ejemplo, viento de más de 130 millas por hora) activa una protección que paga de manera rápida, transparente y simple los eventos al dueño del hotel.

Dos caras de una misma moneda

El mercado especulativo de coberturas climáticas crece todos los años de la mano de la nueva anormalidad climática. Algunos ambientalistas critican estas “Apuestas Climáticas” que le permiten al inversionista lucrarse de la crisis.

Personalmente, considero que los mercados de coberturas climáticas son válidos y necesarios. Sin embargo, es deber de las empresas, los mercados y de los inversores, pensar en estos instrumentos de cobertura e inversión como mecanismos responsables y conscientes de una realidad que deja consecuencias terribles para toda la humanidad: el cambio climático.

El mensaje es el de no aprovechar una coyuntura de la que deberíamos tomar partido para prevenirla, para lucrarse de forma indiferente a una realidad que impacta de manera no equitativa. Considero que la obligación es la de trabajar en un cambio cultural y de valores de inversión que desdibujen la imagen del inversionista cortoplacista y especulador excesivo. El clásico lobo de Wall Street.