Estos días, con la visita de Kamala Harris a Centroamérica, la opinión pública se ha centrado en los problemas que viven las economías de Centroamérica y algunas de América Latina con la migración irregular. Una migración irregular que, año tras año, moviliza a miles y miles de personas que, cada mes, abandona su país en busca de un territorio próspero, y que le pueda proveer de una vida, como poco, digna.

Los conflictos armados; la violencia; la economía informal; los problemas ocasionados por la crisis climática; los desastres naturales ocasionados por la anterior, así como otros factores motivan a estos ciudadanos a abandonar su hogar en busca de la tierra de las oportunidades: los Estados Unidos. Una tierra en la que muchos de estos ciudadanos que se juegan la vida en las fronteras sueñan con vivir.

Sin embargo, la respuesta por parte de la vicepresidenta Kamala Harris ha sido rotunda. Los ciudadanos que quieran alcanzar el país de forma irregular no podrán entrar. No existe posibilidad alguna que estos ciudadanos entren al país, pues Estados Unidos pretende seguir velando por la seguridad de sus fronteras y el bloqueo de estas ante los deseos de atravesarlas de muchos ciudadanos desesperados.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

El mensaje de la vicepresidenta ha sido duramente cuestionado por los medios de comunicación, pero también por la opinión pública, pudiendo tacharse este de racista y claramente hostil. Y he de decir que, en mi opinión, Kamala Harris no es la vicepresidenta que más me guste para el Gobierno de los Estados Unidos, de hecho, ni caso con sus ideas, pero si he de decir que, de lo negativo, se puede extraer un mensaje que Centroamérica, o, mejor dicho, su Gobierno debe escuchar atentamente.

Como debemos entender, el problema migratorio se debe a una serie de circunstancias que vienen motivadas, en gran medida, por la propia sociedad centroamericana. La economía informal, la corrupción, la violencia y la delincuencia, la debilidad institucional, así como la propia escasez de recursos con las que cuenta este vulnerable territorio son las consecuencias de una mala gestión pública por parte de sus respectivos gobiernos.

Las reformas que deben impulsarse para converger con las economías desarrolladas deben ser impulsadas por parte del sector público, y el hecho de que no se impulsen y se permita lo que se ha permitido durante todos estos años en esta rica región, es responsabilidad de sus mandatarios. Por esta razón, de acusar a los mandatarios norteamericanos, que aportan muy sustancialmente con capital y empleo a las respectivas industrias, previamente deberíamos acusar a unos gobernadores y una red clientelar de estos gobiernos, que han sido los auténticos responsables de esta situación.

Y es que no es raro ver una falta de recursos en un territorio cualquiera cuando, en algunos, se observan niveles de informalidad económica desmesurados, con cifras de empleo informal que llegan a rozar el 70% del empleo total. Y todo ello, sumado a una corrupción que, junto a la informalidad, se encuentra muy presente en la economía. Pues esa incapacidad para obtener recursos por parte del tejido productivo supone una merma para la economía, así como una ciudadanía desprovista de servicios que, con impuestos y un buen sistema tributario, sí se observan en otras economías.

Así pues, conviene señalar que hablamos de unos problemas que se han puesto más de manifiesto desde que llegó el COVID. La incapacidad para enfrentar una pandemia, teniendo en cuenta los recursos sanitarios con los que contaban muchas de estas economías, y teniendo en cuenta que esto también se financia, en la mayoría de los casos, con fondos públicos, le lleva a una situación bastante desagradable y por la que muchos ciudadanos debieron abandonar la región para garantizar su asistencia en caso de necesitarla. Observando algunos índices, vemos que en la mayoría de las economías que integran dicha región no llega ni a una cama por cada 1.000 habitantes.

Le invitamos a seguir nuestra página de Facebook

Por otro lado, atendiendo a esos mismos indicadores de recursos sanitarios y siguiendo con el análisis, también hemos podido observar una muy escasa densidad de médicos por cada 1.000 habitantes en los distintos países que integran la región. Una densidad que, en el mejor de los casos, asciende a los 2 médicos por cada 1.000 habitantes. Sin embargo, con estos datos estaríamos haciendo alusión al mejor de los casos, es decir, a lo que podríamos considerar como la excepción. Pues analizando la moda en los distintos países, o lo que podríamos llamar el dato más frecuente, hablamos de una densidad que oscila entre 0 y 1 médico por cada 1.000 habitantes.

Con estos datos en la mano, hay claras evidencias de que se necesitan reformas. Pero ya no solo en el ámbito fiscal, sino también en innumerables aspectos, como el educativo, el aspecto social, el político, el legislativo, así como muchas áreas que deben abordarse para lograr esa convergencia de la que hablábamos. Porque podemos seguir cuestionando el mensaje de Kamala Harris y discutir la hostilidad que ha manifestado con la región en el mismo, pero ello no solventará la problemática que crece año tras año, y de forma muy intensa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.