DW.- Aviso para los turistas que planean comenzar a viajar de nuevo para el próximo verano: al ir al extranjero, es posible que traigan “superbacterias” que se han vuelto resistentes a los medicamentos convencionales, según mostró un estudio publicado esta semana en la revista científica Genome Medicine.

Investigadores estadounidenses y holandeses han estudiado los efectos de los viajes internacionales sobre las bacterias de nuestro estómago, analizando las heces de 190 viajeros holandeses antes y después de visitar sitios turísticos de África o Asia.

Luego de regresar a sus países, las pruebas de los viajeros mostraron una “cantidad significativa” de genes bacterianos resistentes a los medicamentos antimicrobianos, que hacen que el uso de antibióticos de uso común sea ineficaz.

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Los investigadores también observaron que un tercio de los participantes que viajaron al sudeste asiático tenían un gen resistente a un antibiótico de “último recurso”, los que se utilizan por ejemplo para tratar infecciones como neumonía o meningitis.

“Estos resultados muestran claramente que los viajes internacionales implican el riesgo de propagar la resistencia a los antimicrobianos en todo el mundo”, dijo Alaric D’Souza, coautor de este trabajo.

Las bacterias se vuelven más resistentes a los antibióticos

Los genes de estas “superbacterias” generalmente se desarrollan naturalmente durante milenios cuando se exponen a antibióticos producidos por otras bacterias en su entorno. Sin embargo, el uso habitual de antibióticos por parte de los seres humanos ha acelerado este proceso.

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El estudio advierte que esta tendencia amenaza 70 años de progreso en los tratamientos de enfermedades infecciosas. Según los investigadores, los genes resistentes varían según los lugares visitados.

Los científicos estaban particularmente preocupados por los viajeros que regresaban del sudeste asiático con el gen mcr-1, resistente a la colistina, un antibiótico de “último recurso” que se usa cuando otros ya no funcionan.

“Es vital que abordemos la resistencia a los antimicrobianos en los países de bajos ingresos, con altas tasas de resistencia y bajos presupuestos de salud pública. Este enfoque internacional no solo ayudará a los países en cuestión, sino que también puede beneficiar a otros al reducir la propagación internacional de genes resistentes“, concluyó Alaric D’Souza.

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