Por Luis Gonçalves

El último año, la conectividad estuvo en el centro de atención, impulsando nuestra resiliencia y acelerando la adopción digital, a la vez que facilitando servicios y recursos muy necesarios a las personas durante uno de los períodos más desafiante de la historia. Ahora, de cara a un futuro híbrido, invertir en conectividad resultará fundamental para dar aún más fuerza al impulso ganado y acelerar el ritmo del progreso a medida que nos “reconstruimos”.

La conectividad es considerada un derecho humano; el acceso a Internet robustece nuestro derecho a la salud, la educación, la libertad de reunión y la libertad de expresión. El año 2020 demostró que el acceso a Internet garantiza derechos básicos. Para aprovechar las posibilidades de un futuro más y mejor conectado, es esencial que la infraestructura digital sea accesible para todos. La tecnología ya ha demostrado su capacidad para resolver algunos de los mayores desafíos de la sociedad y, a medida que buscamos lograr una recuperación económica más equitativa, es imperativo que continuemos por este camino y concretemos su enorme potencial. 

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La banda ancha se encuentra en el centro del reciente progreso en la esfera digital, ya que ha servido de base para la actual infraestructura digital inteligente y ha respaldado el desarrollo de muchos avances en conectividad.

Previo al 2020, la conectividad ya estaba transformando la forma en que trabajábamos, vivíamos y jugábamos. A medida que la pandemia se intensificó, nuestra dependencia en las tecnologías de conexión quedó en evidencia.

Mientras miramos hacia un futuro híbrido, es clave garantizar una sociedad más equitativa, con la tecnología como ecualizador e impulsor de oportunidades. A medida que dependemos cada vez más de la conectividad para los servicios diarios, se vuelve imperativo el acceso de gran alcance a Internet y a los dispositivos adecuados, así como la alfabetización digital. En el caso de Centroamérica, en 2020 un 11% más de personas tuvieron acceso a banda ancha de internet.  Esto también motivó que más hogares centroamericanos tengan una computadora: un 2% más tienen acceso a este bien, representando un 48% los centroamericanos que tienen acceso a un computador portátil según un informe de Kantar.

Sin embargo, todavía persiste una realidad que dio a conocer CAF Banco de Desarrollo de América Latina: “Pese a los avances en la cobertura de Internet en América Latina y el Caribe en los últimos años, el 45% de los latinoamericanos no tiene acceso a los servicios derivados de la conectividad digital, tales como telemedicina, teleducación, gobierno en línea y banca electrónica, entre otros. Sólo 4 de cada 10 hogares cuentan con una conexión de banda ancha fija y los accesos individuales a Internet móvil no superan el 50%.  La brecha de acceso también tiene una expresión a nivel de los hogares de bajos ingresos y zonas rurales donde persisten asimetrías importantes en la cobertura de asequibilidad de los servicios digitales.”

En este contexto, para lograr la reducción de la brecha digital y el desarrollo de la economía, es imperativo que la región sea capaz de superar retos importantes tales como marcos normativos, necesidad de aumentar la cobertura de acceso a servicios de internet y el desarrollo de habilidades digitales que permitan la apropiación y uso de la infraestructura y soluciones digitales para la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.

Tenemos la oportunidad de aprovechar lo que hemos aprendido hasta ahora: mantener el ritmo acelerado de la transformación digital en marcha, con proyectos de conectividad innovadores que coloquen a los ciudadanos en el centro de este avance.

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Una recuperación escalable, posibilitada por la tecnología, basada en la conectividad y en el uso de las innovaciones más recientes, ayudará a garantizar que los avances que hemos logrado por necesidad en el último año puedan aprovecharse, brindando mejores resultados en salud, educación y calidad de vida para todos. Tenemos la oportunidad de reconstruir y repensar nuestro mundo.

*El autor es líder del negocio de Dell Technologies para América Latina.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.