Por Jessica Naela Hernández
Honduras es un país distinguido como una nación peligrosa, con pobreza extrema y bajo desarrollo económico, sin embargo, más que señalar características negativas, también es importante rescatar los aspectos positivos que pueden llegar a generar un cambio en esta región, por ejemplo el turismo que ofrece, la biodiversidad y sobre todo la gente que lucha por salir adelante, como el caso de Fernando Palma (費南多帕馬), un joven que viajó a Taiwán para estudiar una maestría y que actualmente pone en alto el nombre de su país y de todo Centroamérica en este territorio.

Según las últimas estadísticas del portal de migración el número total de migrantes internacionales en Taiwán sumó 1 millón de personas en 2020, dicho lo anterior, la presencia de nuevos rostros en naciones como Taiwán se debe a la búsqueda de oportunidades por parte de los extranjeros y en muchos casos por la violencia, inseguridad y pobreza que viven en su país de origen.

El concepto llamado Fuga de cerebros hace alusión al caso del joven hondureño, que con tan solo 28 años de edad, se postuló como un joven centroamericano que fue recibido con los brazos abiertos en Taiwán.

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A pesar de que Honduras ha sido en los últimos años el país con más despedidas por migración, Palma logró entrar a la región asiática por otra razón, fue acreedor de una beca escolar que le abrió muchas oportunidades en la nación, además de poner en alto el nombre de su país.

Nacido en la capital de Honduras, Fernando Palma logró conquistar las cámaras en Taiwán al incursionar en la industria del entretenimiento; años atrás, el joven catracho solicitó un apoyo para realizar una maestría en la Universidad Yuanze, la cual le otorgó una beca que permitió su estadía en el territorio.

Ya que por parte del gobierno hondureño no recibió ningún programa de apoyo más que la retribución de la Universidad, “basto con eso para tratar de ser un latinoamericano que aportara algo a esta sociedad”, declara Fernando Palma.

Desde ese momento, el joven hondureño ha obtenido oportunidades de crecimiento, tanto personal como profesionalmente y está sumamente agradecido con Taiwán por haberlo acogido con gran apoyo, pues para él los taiwaneses son bastante humanos, por lo cual no hubo dificultad al adaptarse a esta nación.

“Adaptarme no fue ningún reto, tampoco el idioma, pero eso tiene que ver con lo que cada uno persigue”, comenta Fernando. Al inicio pudo haber sido difícil, pero el ejemplo de este joven hondureño nos demuestra el gran valor de la persistencia y constancia que conlleva la lucha por nuestros sueños.

LLEGAR HASTA TAIWÁN

Fernando recuerda haber escuchado en las noticias locales que Taiwán realizaba muchas intervenciones para ayudar a Honduras, sin embargo, él no imaginaba que años más tarde esta nación representaría tanto para él.

“Es un país que no conocía, pero tenía un concepto bastante fuerte de lo que significaba Taiwán en el mundo, yo lo consideraba un país bastante humanitario que nos brindaba su apoyo”, explica Palma. Ante esta situación, el catracho pensaba en cómo podría agradecer ese apoyo que escuchaba todos los días y cómo podría contribuir de forma positiva en Taiwán a manera de aportar un granito de arena de su persona como latinoamericano.

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Por tal razón, el joven hondureño investigo sobre qué podía hacer y cómo aplicar sus estudios en Taiwán. Luego de su reconocimiento en la Universidad, la vida del joven hondureño cambió totalmente, pues menciona que para que al día de hoy se encuentre en Taiwán y tenga lo que hasta hoy ha construido, es gracias a la universidad que decidió aceptar su aplicación, “siempre voy a recordar eso y así como yo, los taiwaneses son bien agradecidos con lo más mínimo”, asegura.

LA TRANSICIÓN DE HONDURAS A TAIWÁN

La llegada de Fernando a Taiwán significó un gran paso en su carrera. A pesar de no saber hablar en mandarín, el hondureño nunca tuvo dificultad para estudiar el idioma e incluso considera que fue bastante divertido aprenderlo.

Después de haber estudiado Ingeniería Industrial en la Universidad Católica de Honduras, en Taiwán comenzó su carrera como modelo de productos de natación, de ahí saltó a la industria del entretenimiento como participante en un programa en el cual se habla de la cultura de su país, sus tradiciones, las diferencias entre ambos territorios e incluso les enseña a hablar español.

“Es algo bonito porque se te da la oportunidad de presentar a los países de Latinoamérica, pues realmente tenemos abundancia en recursos naturales y eso se debe dar a conocer al mundo”, señala.

Sin embargo, la transición que busca lograr Fernando en su estadía en Taiwán es la pasión que lo mueve como ser humano, específicamente a través de las artes, llegar a ser un ente diplomático que pueda alcanzar a más masas, “un tipo de diplomacia que pueda impactar en las naciones”, comenta el hondureño.

APORTAR UN GRANITO DE ARENA

Para Taiwán el hecho de ser occidental prácticamente garantiza una posibilidad ante los candidatos que buscan incursionar en la industria televisiva. Ante la alta demanda que genera este tipo de postulados, Fernando considera que parte de su constancia y las metas que se ha fijado, consolidaron su estadía en Taiwán, además de que él busca aportar un granito de arena a la nación que lo recibió con los brazos abiertos.

“Yo quiero que el mundo empiece a saber más sobre Taiwán y por qué es tan importante tener a esta nación como aliado… Hay relaciones que a veces son necesarias mantener y yo quiero ver cómo puedo aportar de Latinoamérica algo a cambio”, explica.

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Los planes a futuro del joven hondureño van más allá de los programas televisivos, él es un chico que piensa en grande y tiene una visión que estrecha más la alianza entre Taiwán y Honduras; mediante un título honorario, el joven pretende utilizar ese vehículo como herramienta no solo para posicionarse como un extranjero en Taiwán o como un latinoamericano sobresaliente, sino para trasladar a estos dos países a múltiples plataformas que pertenezcan a una organización diplomática.

“Esto es caridad, hacer obras de caridad, educar, dar clases, empoderar a la juventud y que la gente se una a esta causa.  Yo quiero hacerle un bien al mundo, me gusta mucho el concepto de la paz y la amistad que hay entre Honduras y Taiwán”, añade.

LA SATISFACCIÓN DE VIVIR ESTA EXPERIENCIA

El impacto que tiene poner en alto el nombre de Honduras en una nación como Taiwán, ha hecho una experiencia gratificante para Fernando, ya que Taiwán y Centroamérica tienen la esperanza en la juventud y en el mensaje que expone el latinoamericano de generar algo colectivo y positivo para la comunidad.

“Soy una persona a la cual se le atribuye el éxito. Es una manera positiva, una manera que puede impactar a otros jóvenes a alcanzar sus sueños, porque yo no tengo nada extraordinario, todos somos iguales”, expone Fernando.

No obstante, el reconocimiento al hondureño por parte de Taiwán como embajador cultural de Honduras, implica generar un cambio o fomentar algún tipo de revolución social; acciones que parezcan insignificantes, pero que poco a poco demuestren constancia.

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Ser un embajador es un título honorario, es un puente que Fernando va a utilizar en las naciones Unidas, él busca aportar algo a  los objetivos del desarrollo sustentable del 2030 y desarrollarse como embajador de buena voluntad.

“Ser una persona que figura como un joven ejemplar y excepcional en ambas culturas, es algo que me llena como ser humano, pero no al punto de que ya estoy completo y voy a parar, al contrario, quiero hacer algo mucho más grande”, concluye.