DW.- Si está leyendo este artículo en un país donde el Estado controla la información, o incluso censura a DW, lo felicitamos por su coraje y haber eludido la censura. Nos une la convicción de que solo podemos obtener una mejor imagen del mundo a través de información diversa y de diferentes fuentes.

Pero también hay amenazas hacia y desde la información en los mercados de medios libres, donde la información se infla deliberadamente mediante una sobreproducción, reduciendo así su valor cualitativo.

Por qué la desinformación no es nueva

La revolución digital está provocando un cambio de signo: una falta predominante de información (correcta o incorrecta) ha resultado en una sobreabundancia de comunicación e información. Hoy, en fracciones de segundo, tenemos enormes cantidades de datos disponibles de innumerables fuentes informativas. Los beneficios son obvios: el hecho de comprender mejor la realidad nos asegura la supervivencia, reduce los peligros y crea nuevas oportunidades.

Por esa razón, la gente está interesada en obtener más información, lo que con frecuencia disgusta a autoridades religiosas, políticas o económicas, porque eso puede poner en peligro su poder. Esa es precisamente la razón por la que los sistemas autoritarios o totalitarios idearon el principio de censura: para suprimir información “desagradable”. En muchas dictaduras la censura sigue siendo parte del conjunto de herramientas para controlar la información. 

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Cómo funcionan las campañas de desinformación modernas

En los espacios libres de comunicación, controlar el flujo informativo ya no es tan fácil: las tecnologías digitales, como los teléfonos inteligentes, internet y las redes sociales han democratizado la información, es decir, la han hecho accesible a todos. Los movimientos sociales y políticos se difunden casi en vivo a través de miles de fotos, videos y textos. Sin embargo, se ha vuelto cada vez más difícil identificar la información realmente valiosa y verdadera.

Las campañas de desinformación modernas distorsionan el conocimiento sobre la realidad, sobrecargando el espacio informativo e inquietando al usuario. En ese contexto, no es relevante si la información es verdadera o falsa. Algunas campañas tienen como objetivo difundir interpretaciones alternativas de la realidad, algunas engañosas, otras confusas, lo que mina la confianza en los medios de comunicación y en los actores políticos.

Por qué la desinformación es un peligro para la democracia

La desinformación también ataca los pilares de la democracia. Los procesos de formación de opinión se manipulan con mensajes falsos, se desacredita a los candidatos con información falsa antes de las elecciones y se socava la confianza en los procesos democráticos. Las manos del Estado de derecho a menudo están atadas: debido a la libertad de expresión, los sistemas de medios libres solo pueden regular el contenido dentro de límites legales muy estrechos. Sin embargo, un Estado constitucional puede y debe regular las plataformas de “redes sociales”. Además, también puede y debe sancionar a los actores malintencionados y crear conciencia sobre cómo las opiniones pueden ser distorsionadas por bots y otras acciones en redes sociales.

Sin embargo, el Estado de derecho no puede restringir la variedad de contenido como tal: el monopolio estatal de la verdad informativa conduciría inevitablemente a una sociedad totalitaria. Los difusores de la desinformación utilizan este hecho, algunos incluso venden su información como “hechos alternativos” en un mercado de medios supuestamente alineado y leal al gobierno.

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Cómo luchar contra la desinformación

Pero lo que el Estado no puede hacer, sí puede hacerlo usted limitando el ruido de la información. Decida qué temas e intereses son relevantes. Elija ofertas de medios confiables y cuidadosamente seleccionadas. Preste atención a una cierta diversidad del espectro político y a la seriedad de los proveedores: aquellos que nombran de manera transparente las fuentes de su información, dejan espacio a varias voces de diferentes lados y cuya información ha demostrado ser confiable en retrospectiva.

Haga lo mismo con las redes sociales: asegúrese de que las cuentas sean de personas e instituciones auténticas. Cuestione las publicaciones y tuits espectaculares y emocionantes. Borre cuentas dudosas e intercambie ideas con otras personas o lea comentarios de otros usuarios. Estas decisiones no solo silencian el ruido de la información, sino que destruyen la atención de los desinformadores y el poder viral de las campañas de desinformación.

Este contenido se publicó originalmente en DW.COM y puedes ver esa nota haciendo click en el logo:

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