Por Uriel Naum Ávila

El pasado 5 y 8 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente y Día Mundial de los Océanos. Países líderes como Alemania, China, Noruega, Dinamarca, Suecia, Austria y Finlandia son algunos de los que se comprometieron a seguir impulsando el uso de energías eólicas, solares, geotérmicas y oceánicas.

En este contexto, no se descarta que el “Plan Biden para una revolución de energía limpia y justicia ambiental”, del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, influya en Latinoamérica.

Pero hasta el momento, la batalla a favor del medio ambiente en la región es desigual. Costa Rica, en Centroamérica, cumplió en 2021 su sexto año consecutivo con más del 98% de generación renovable, según datos del Centro de Control de Energía (CENCE).

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Chile, es otro buen ejemplo de compromiso con el medio ambiente y, de paso, aceleramiento de la economía con iniciativas verdes. El país tiene planeado avanzar en la construcción de su primera planta de hidrógeno verde. Su objetivo es tener 25GW de capacidad de electrólisis en 2030.

Dos años atrás, México figuró en el top 15 de países que más invirtieron en energías renovables, con 23,000 mdd, según el informe Tendencias globales en la inversión en energías renovables de la ONU.

Sin embargo, aunque el actual gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se comprometió desde su llegada a impulsar las energías limpias, México no cuenta actualmente con políticas energéticas o estrategias claras al respecto.

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Mientras el mundo apuesta por planes de transición a energías limpias, México se ha quedado estancado con fósiles, priorizando la producción energética con industrias que no han sido modernizadas como la CFE y Pemex.

Especialistas e investigadores han señalado que México debe aprovechar el gran potencial con el que cuenta para producir con energías limpias. Actualmente, más del 40% de los hogares están en situación de pobreza energética; es decir, no cuentan con los recursos energéticos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas.

“Estamos ante una oportunidad única para rediseñar nuestra relación con la naturaleza. La recuperación debe ser verde, o no durará. Será por y para las personas, o no será. El Acuerdo de Escazú es la herramienta que tiene América Latina y el Caribe para incorporar a las personas y la sostenibilidad en nuestras decisiones y trabajar conjuntamente en soluciones basadas en la naturaleza,” señaló Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, al respecto del Día Mundial del Medio Ambiente.

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Los proyectos de energías limpias han demostrado ser económicos, protegen el planeta y las inversiones se enfocarían en construir techos solares y dejar de pagar altos costos por luz eléctrica, por ejemplo. Desde la Iniciativa Privada existen proyectos exitosos, es el momento de que el sector público y gobiernos se flexibilicen para iniciar la transición a las energías limpias a nivel regional.

*El autor es periodista de negocios de Latam y consultor en comunicación corporativa.

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