Por Karen Rosales*

Hoy día, las acciones y estrategias que se impulsan para el abordaje de asuntos climáticos, forman parte inherente de políticas comerciales y financieras que determinan el presente y el futuro de relaciones bilaterales y multilaterales.

Estados Unidos y la Unión Europea se han propuesto ser carbono neutral para el año 2050; China lo ha propuesto para el año 2060. Esto implica la adopción de una hoja de ruta integradora, pues involucra a múltiples actores a lo largo de la cadena.

Los desafíos y oportunidades son distintas para cada actor; las prioridades y agendas climáticas son tan diversas, que se necesita hacer uso de mecanismos que generen información precisa para la mejor toma de decisiones.

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Esa toma de decisiones, para atender las causas estructurales de problemas socioambientales que enfrenta un país, un sector o una empresa, debe basarse en datos duros, imparciales, haciendo uso de la ciencia y tecnología, empleando el análisis comprensivo de situaciones complejas.

Es entonces que, a través de la ciencia de datos, lo intangible que puede ser un compromiso o una estrategia global, se aterriza, se vuelve tangible y, sobre todo, se lleva a la práctica.

El problema de la deforestación

Uno de los aspectos ambientales de mayor relevancia en las agendas climáticas es la deforestación. Se estima que, la deforestación es responsable de más del 15% de las emisiones mundiales de gases efecto invernadero y, por lo tanto, la segunda causa principal del calentamiento global.

De acuerdo con datos del Sistema de Información Forestal de Guatemala, se calcula que entre 1989 y 2020, en el país se perdieron alrededor de 2,455,617 hectáreas de bosque; esta pérdida de bosque responde a diversas actividades y factores como el crecimiento poblacional, la dependencia aún de la leña como fuente energética, entre otros.

Agroindustria de aceite de palma libre de deforestación  

En las últimas décadas, se ha atribuido responsabilidad sobre la deforestación a distintos agronegocios; cualquier actividad humana puede generar impactos, sin embargo, esos impactos no corresponden tanto al qué se produce, sino al cómo se produce.

En el caso específico de la agroindustria de aceite de palma, existen compromisos adquiridos para asegurar que la producción se realiza de manera sostenible y, por ende, garantizar que la cadena de suministro esté libre de deforestación; sin embargo, en muchas ocasiones de manera deliberada, se vincula a este sector con deforestación.

Ante múltiples perspectivas y opiniones al respecto, basarse en la ciencia de datos, es el camino neutro que permite analizar objetiva y técnicamente la materia.

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A finales de mayo de 2021, se presentaron los resultados del Monitoreo satelital para el desarrollo sostenible de la producción de aceite de palma en Guatemala, realizado por la organización internacional Satelligence.

Según este estudio que utilizó algoritmos e imágenes satelitales, en el país existen 180,614 hectáreas de cultivo de palma de aceite y, de acuerdo al análisis de los últimos 32 años, el impacto de este cultivo en cuanto a la deforestación en el país representa el 0.67%.  Por lo tanto, la deforestación histórica en Guatemala no está significativamente relacionada al cultivo de palma.

No obstante, el sector ha confirmado que seguirá haciendo uso de tecnología satelital para asegurar la cero deforestación en el crecimiento del cultivo de palma y monitoreando las más de 25,000 hectáreas de bosque que tienen bajo manejo, protección y conservación.

Decisiones a futuro basadas en ciencia

El tener datos precisos y exactos, además de poner la verdad sobre la mesa, permite priorizar acciones y enfocar esfuerzos. Como país, es imperante frenar las causas de la deforestación, entender la dinámica y a la vez, atender las verdaderas causas del problema.

En este proyecto del sector palmicultor de Guatemala, se conformó también una Mesa Interinstitucional de Cero Deforestación. Recurrentemente se estará compartiendo con los miembros de esta mesa, información generada por la plataforma de monitoreo satelital; estos datos podrán analizarse, y emplearse para una planificación estratégica integrada que, idealmente, tenga un enfoque preventivo. 

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Frenar la deforestación y promover la conservación de bosques es una prioridad que debe ser atendida y abordada sistemáticamente; ¡Qué mejor manera de hacerlo que basándose en datos y en alianzas entre actores públicos y privados!

*La autora es directora Ejecutiva de la Gremial de Palmicultores de Guatemala.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.