Por Yandira Núñez
El inicio del proceso de descarbonización de las operaciones del Canal de Panamá, se traducirá en “un resultado neto de cero emisiones”. Es decir, que éstas se reducirán al máximo transformando las operaciones y compensando las emisiones restantes, según la visión de la Autoridad del Canal de Panamá.

Pero el gran desafío para la administración será “crear un sistema de gestión que le permita cuantificar cada emisión de CO2 positivo para transformar los procesos en no contaminantes”.

En enero de 2021,los directivos de esta infraestructura lanzaron el Tablero de Reducción de Emisiones de CO2. En él, se publica datos mensuales sobre las emisiones ahorradas por buques que eligieron transitar por la vía interoceánica, en lugar de otra vía. “Al ofrecer una ruta más corta para los buques, el Canal contribuyó en 2020 a la reducción de más de 13 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono”.

El administrador de la Autoridad del Canal de Panamá, Ricaurte Vásquez, precisa que el plan de descarbonización contempla la eliminación gradual del uso de los combustibles fósiles. También implica la integración de proyectos de energías limpias, medidas de eficiencia energética y programas de conservación ambiental.

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Canal de Panamá en busca de la neutralidad

Haydée Osorio, investigadora de recursos hídricos, explica que el impacto de la iniciativa para la región dependerá de alcanzar el equilibrio entre el carbono negativo. Es decir, las actividades que eliminan el CO2 de sus procesos y el carbono positivo o las actividades que liberan CO2 a la atmósfera: “Al lograr la neutralidad entre unas y otras, el resultado es el carbono neutral”. Así, el Canal de Panamá aportaría al cumplimiento del Acuerdo de París reduciendo a nivel regional y global las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

Pero el gran desafío es “crear un sistema de gestión que cuantifique cada emisión de CO2 positivo para transformar los procesos hacia aquellos que reduzcan el consumo energético y logren bajas emisiones contaminantes”.

Ricaurte destaca que ahora se promueven los lineamientos de la Organización Marítima Internacional (OMI) para minimizar el impacto ambiental. Así, se parte de la regulación OMI 2020, y van desde el uso de combustibles bajos en azufre hasta programas de reducción de velocidad de los buques.

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