El comercio internacional, como hemos visto a lo largo de los años y como pudimos observar, incluso, durante la pandemia, se ha convertido en un motor de crecimiento para una gran cantidad de economías en el planeta. Economías que un día decidieron abrirse al exterior, y hoy cosechan los beneficios de participar tan activamente en los mercados internacionales. Y es que, que la economía china haya crecido a tasas tan elevadas en los últimos años, o su apuesta por la Nueva Ruta de la Seda debería dar pistas a aquellos más proteccionistas.

Un buen ejemplo de la contribución de este comercio con su economía es México. El país azteca, siendo una de las principales economías del continente latinoamericano, se ha convertido en el principal socio comercial de los Estados Unidos en los últimos años. Desde que el T-MEC entró en vigor, bajo el nombre TLCAN, el comercio no ha dejado de incrementar su peso en el PIB mexicano, pasando de representar cerca del 30% en el año 1994 a representar cerca del 60% dos años más tarde. Un comercio que no ha dejado de crecer con el paso de los años, hasta representar el 80% de su PIB, que es la contribución que hoy vemos en los datos que nos ofrece el Banco Mundial.

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La activa participación de la economía mexicana en el comercio internacional, así como esos privilegiados acuerdos que le convierten, además de en su primer socio comercial, en una potente industria auxiliar para el país norteamericano, le han llevado a cosechar un desarrollo bastante notable. Además, desde que estalló la guerra comercial hace unos años entre China y los Estados Unidos, el enfrentamiento que ambos libraran se saldó con el arrebatamiento por parte de México del destacado lugar que ocupaba China como socio principal de la economía más grande del mundo. Un puesto que la economía azteca ha ocupado, y no pretende dejar fácilmente.

No obstante, aunque a una escala menor, no debemos dejar de atender la apertura de la economía nicaragüense y cómo esta le ha llevado a situarse muy cerca de la economía norteamericana. Y no solo por el hecho de la cercanía física, que es un factor explicativo bastante evidente, sino también por una relación comercial que no deja de crecer. Una relación comercial que ha situado a Nicaragua en un lugar privilegiado, siendo el único país centroamericano con el que Estados Unidos mantiene un déficit comercial. Es decir, le compra más de lo que este le vende.

Así, las cifras nos muestran que, en términos relativos, la apertura de Nicaragua y su participación en el comercio internacional con los Estados Unidos no ha dejado de crecer, al igual que con México, siendo el país estadounidense un claro mecenas de la economía nicaragüense. En este sentido, las cifras nos muestran que el país de Centroamérica que más exporta a EE.UU. es Nicaragua, habiendo llevado a tierras norteamericanas el 60,4% de sus ventas en el exterior durante el ejercicio 2019. Pero cuando hablaba de mecenas, lo decía por el hecho de que Nicaragua, de la misma forma, también es el país que menos compra a los Estados Unidos, siendo solo el 27,1% de sus importaciones.

Como vemos, una relación deficitaria para unos Estados Unidos que han contribuido ampliamente con la economía de Nicaragua en los mercados internacionales, mientras que observamos una Nicaragua claramente favorecida entre las economías que integran la región.

Y pese a ello, las tensiones con el Gobierno, y la impasibilidad ante las quejas emitidas por Washington de los mandatarios en el país, están poniendo en peligro una relación muy provechosa para una economía claramente disfuncional. Daniel Ortega y su mujer, la vicepresidenta Rosario Murillo siguen tensando una cuerda que podría romperse, con las consecuencias que esto traería, entre las que podría encontrarse la paralización de esta relación comercial que mantiene Nicaragua con los Estados Unidos.

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A fecha de 2019, los datos que ofrece el Banco Mundial nos dicen que el comercio en Nicaragua, entendido este comercio como la suma de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios, expresadas como proporción del producto interior bruto (PIB), representa cerca del 95% de dicho PIB. Esto nos dice que hablamos de una economía enfocada claramente hacia el mercado exterior, y muy expuesta a las sanciones que podría implantar Estados Unidos ante esas tensiones que mencionábamos anteriormente.

Por ello, es conveniente tomar nota de los datos que en este artículo se exponen, y el riesgo que supone para una economía como la de Nicaragua, donde el 95% de su PIB se encuentra supeditado a este comercio, perder a su principal socio comercial, y quien le permite, además, ser su menor comprador. Más aún en un escenario de crisis como el actual, donde la COVID devastaba todo negocio rentable a su paso, y que nos deja una crisis de la que nos debemos recuperar con recursos y cooperación.

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