Como parte de un proceso de agricultura digital, Marco Palala implementó en noviembre de 2020 el sistema de riego por goteo asociado a un algoritmo. De este modo determina el horario y el tiempo idóneo de riego en una plantación de banano y plátano. A sólo cinco meses de hacerlo, logró 10 libras más en el peso del racimo de banano, lo que en términos de producción “es mucho”, respecto de lo obtenido el año pasado.

El ingeniero guatemalteco, experto en estos sistemas, implementó el proceso en asociación con la empresa israelita SupPlant. Ésta desarrolló un algoritmo para recibir y procesar información de sensores que miden la contracción y expansión tanto del tronco de las plantas como de los frutos.

Con lo recabado, el programa cruza diversos datos y genera modelos para predecir escenarios. De igual modo determina el momento ideal para regar, explica el también especialista en parametrización de factores climáticos relacionados con el cultivo.

Y no sólo eso. El algoritmo realiza una programación que se envía a las válvulas en campo. Así, “automáticamente, sin tocar nada, el sistema las abre y cierra, dependiendo del tiempo que el mismo sistema ha determinado”.

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Ensayos de agricultura digital

Los ensayos de agricultura digita que Palala realiza en el municipio de Tiquisate, del departamento de Escuintla, en Guatemala, son un ejemplo de cómo la digitalización y las nuevas tecnologías pueden crecer la producción agrícola en Centroamérica y República Dominicana (CARD). En esta zona, esa actividad aporta cerca del 8.5% del PIB y genera 19.8% de empleo, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La FAO (de la ONU) señala que las tecnologías digitales “están creando nuevas oportunidades para integrar a los pequeños agricultores en un sistema agroalimentario de base digital”. Pero también alerta que esa tendencia tiene “posibles inconvenientes”.

En el documento Tecnologías digitales en la agricultura y las zonas rurales, enumera algunos de ellos. En la lista se encuentran la ciberseguridad, la protección de datos, la sustitución y reeducación de la mano de obra. Ante este escenario se encuentra “el riesgo de abrir una brecha digital entre economías, sectores o individuos con capacidades diferentes para adoptar nuevas tecnologías”.

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El freno para la tecnología

En ese sentido, Palala estima que el acceso a la información es la mayor limitante en la expansión de la agricultura digital. Esto, de la mano de la educación y del acceso a recursos. Con todo, llama a “apostar” por la agricultura digital para alcanzar altas productividades.

Entre las ventajas de CARD en la agricultura, destacan sus condiciones favorables para cultivos con fuerte demanda global y la cercanía con mercados de relevancia, según el BID.

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