En mi experiencia como consultor y formador en los ámbitos de liderazgo, gestión del cambio y de influencia, me he dado cuenta de que es necesario inculcar los valores de los Juegos Olímpicos en las organizaciones empresariales. Siempre debe subyacer la superación, el esfuerzo por dar lo mejor en cada competencia. Se debe mirar al otro no como a un rival, sino como a un acicate para la superación propia.

Desde las primeras olimpiadas modernas en Grecia, en 1896, se infunde un espíritu que hace que los atletas se sientan felices y dispuestos. Claro que también nerviosos, porque demostrarán que la constancia y la perseverancia del entrenamiento pronto rendirá frutos.

Ya lo dijo Pierre de Coubertin en 1908: “Lo más importante en los Juegos Olímpicos no es ganar sino participar, de la misma forma que lo más importante en la vida no es el triunfo, sino el esfuerzo. Lo esencial no es haber conquistado, sino haber luchado bien”. Algo que ya es parte de los valores de los Juegos Olímpicos.

Un momento conmovedor  en esta justa deportiva es ver llegar la antorcha portada por los atletas que obtuvieron más medallas en la edición anterior. Lo que recuerda que también se lleva parte de ese fuego en el interior, es el entusiasmo que hace que todas las acciones tengan un calor especial.

Vale recordar el lema: “Citius, Altius, Fortius” (más rápido, más alto, más fuerte)”, de Coubertin, que sintetiza la lucha humana por mejorar, otro de los valores de estos Juegos Olímpicos.

Ese filósofo también enfatizó valores de igualdad, justicia, imparcialidad, racionalidad, el respeto a las personas, entendimiento, autonomía y excelencia, como paradigma olímpico.

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Los valores olímpicos en cada persona

A veces no importa cuál es el reto, sino la manera de afrontarlo, la confianza y la seguridad depositadas en uno mismo para trabajar, al tiempo que se disfruta de lo que se hace.

Los valores olímpicos pueden estar presentes, en cada persona, deportista o no, en cada organización, siempre que tengamos la seguridad de que, dando los pasos adecuados, siendo constantes, respetando a quien nos rodea y superando las dificultades, llegaremos a donde queremos, sobre todo, si nos responsabilizamos de nuestras decisiones.

Puede considerarse que mi entendimiento de la empresa no es competitivo. Tal vez, pero esta visión se alinea con mi manera de entender sosteniblemente el management y con el auténtico sentido del origen de una empresa.

¿Dónde prefieren trabajar: en la mejor empresa del mundo o en la mejor empresa para el mundo? El ideal sería en una que cubriera ambos requisitos.

Por ello, reitero la necesidad de generar, desde las empresas, un mundo mejor, más sostenible, más solidario. Constato la necesidad de tener organizaciones que inoculen en las personas el espíritu olímpico.

*Norbert Monfort

CEO de Monfort Ambient Management y profesor del ESADE

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