Desde que una pandemia devastaba al conjunto de economías en todo el mundo, estas no han dejado de luchar por recuperarse de una crisis que pasará a la historia por las distintas contracciones que registraban numerosos países y que se situaban en un lugar muy destacable de sus respectivas series históricas. Una recuperación que ha comenzado, y que ya se observa en los indicadores de actividad económica, que muestran una clara tendencia al alza.

Y es que la vacunación y la menor incidencia del virus, en tanto en cuanto se están implantando políticas de estímulo que, en casos como el de Estados Unidos, han alcanzado hasta el 11% del PIB, ha provocado que la economía tome impulso, llevando al país norteamericano a registrar crecimientos muy sustanciales que llevaba años sin registrar, como el del pasado trimestre. Sin embargo, no todos los países presentan la misma tendencia, pues ese ritmo en la recuperación, como muestran los últimos informes de la OCDE, es bastante desigual.

Como sabemos, la propia OCDE publicaba su informe de primavera y, como puede observarse en este, se observa una gráfica en la que se muestran los ritmos de recuperación de los diferentes países que componen este organismo. Mientras tenemos economías que ya han recuperado su nivel previo, otras no prevén hacerlo hasta 2023. Es el caso de Estados Unidos, que prevé recuperar su nivel previo en los próximos meses, y de la misma forma de Argentina, que prevé hacerlo en 2026.

Ahora bien, esta desigualdad no significa que no haya habido un efecto contagio entre las economías desarrolladas y las emergentes, y ello, tras esa fuerte respuesta fiscal por parte de ambas. La actividad económica en economías como la de Estados Unidos, finalmente, ha comenzado a contagiar a las economías vecinas, que registran esta actividad transferida mediante determinadas vías.

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Entre esas vías, podemos destacar las remesas. Solamente en Centroamérica, y únicamente para el año 2020, las remesas fueron más de US$ 30,000 millones. Unas remesas que en crisis como la actual cobran importancia, dado que hablamos de un flujo constante de capital que, año tras año, rebasa la frontera estadounidense e impulsa las rentas de las familias en las distintas economías de la región. Unas remesas que, ante la caída que ha vivido el PIB en las distintas economías que integran el territorio sur y centroamericano, han llegado a máximos, con una representación superior en el PIB que en años pasados.

En economías como la de México, estas remesas han pasado a representar cerca del 4% del PIB, mientras en años pasados no llegaban al 3%. Pero es que estos datos, si atendemos al volumen que presentan otros países de la región, se repiten en el resto de las economías. En este sentido, Honduras, el Salvador, República Dominicana, entre otras economías, recibieron un mayor flujo de remesas; incrementándose su volumen respecto a tiempos pasados.

Y es que hablamos de unas remesas que gozan de gran importancia, existiendo estudios que muestran una relación entre un incremento del 10% en las remesas y una reducción en la proporción de personas viviendo en situación de pobreza en 3.5%, observándose esto en el coeficiente de GINI.

Atendiendo a algunos datos por países, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y la República Dominicana reúnen el 96% del total de remesas que fluyen a la región. Sin embargo, si hay que destacar a un claro beneficiado de estos flujos de capital es República Dominicana, país que experimentó un crecimiento de US$ 933.8 millones durante el pasado mes de mayo. Estos datos, atendiendo a las cifras del Banco Central de la República Dominicana, muestran un crecimiento del 46,2% respecto al crecimiento registrado el pasado mes de mayo.

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De acuerdo con la institución citada en el párrafo anterior, las remesas que fluían hacia República Dominicana durante el mes de mayo desde los Estados Unidos, representaron cerca del 86% de las remesas que fluían hacia la región. Como vemos, un claro balón de oxígeno para una economía muy dependiente del sector turístico, y en una situación muy complicada tras tener que apagar uno de sus principales motores de actividad económica.

De acuerdo con las previsiones que realiza el Fondo Monetario Internacional (FMI), estas remesas se prevé que sigan incrementándose, debido a una economía estadounidense que crece a buen ritmo, y unos flujos de capital que han llegado a superar a las cifras de inversión extranjera directa (IED) que llegan a la región. Pues hablamos de unas remesas que, como decíamos al inicio, actúan como un estímulo para recuperar la economía, estimulando el consumo mediante el sustento de las rentas que estas remesas, en cierta forma, garantizan.

En definitiva, unas remesas que se han convertido en un factor ventajoso para República Dominicana y, en general, para todas las economías de Centroamérica. Un factor determinante que podría marcar una recuperación, caracterizada por una desigualdad que lleva a estos países emergentes a ofrecer una respuesta fiscal mucho menor a la de las desarrolladas. Pues ni el COVID-19, como muestran los datos, ha podido con este grato fenómeno.

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