La recuperación es un hecho. Los indicadores, del tipo que sean, nos muestran cómo la actividad se recupera, en tanto en cuanto se van reincorporando los distintos sectores con base en el comportamiento del virus. Unos indicadores que, de cara al futuro, también prevén un buen comportamiento. Las perspectivas que arrojan los organismos muestran un optimismo generalizado, y el campo macro parece bastante estable como para que estas se cumplan.

Así, la OCDE, por ejemplo, ya ha comunicado su previsión sobre la recuperación de las economías de América Latina y El Caribe. En este sentido, unas previsiones que mejoran respecto a las pasadas, acelerando la recuperación tras el fuerte impulso que ha vivido la economía y el efecto contagio en estas economías. Sin embargo, los condicionantes que establecía el FMI, pese a ese mejor comportamiento, siguen haciendo mella en la recuperación.

Esto lo podemos observar al analizar los países de forma individual. Mientras la respuesta fiscal media de las economías en desarrollo de América Latina, siendo un condicionante en la recuperación, se situaba en el 2,4% del PIB, México, por su parte, daba las gracias por alcanzar, y con mucho esfuerzo, el 1%. Y es que, de la misma forma que el estímulo aplicado por los Estados Unidos ha impulsado al conjunto de economías, esta escasa respuesta los lleva a salir más tarde del escollo en el que se encuentran.

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Otro factor a tener en cuenta son los desequilibrios estructurales que presentan este tipo de economías. La informalidad económica, el vandalismo, la delincuencia, así como todos lo problemas que adolecen este tipo de economías siguen lastrando su desarrollo y dejando una marcada desigualdad en la región. Una desigualdad que podemos observar si miramos las economías del Triangulo Norte de Centroamérica y otras economías como Perú.

Este tipo de escenarios, aunque nos dejen un mayor optimismo por lo que supone esta recuperación tras un hundimiento como el registrado, debemos analizarlos al detalle. Y es que, de la misma forma que una media no tiene que ser representativa, debiendo utilizar la mediana para calcular un valor óptimo, unas proyecciones que recogen una recuperación de estas economías no esconden, en primer lugar, una marcada desigualdad entre las economías que integran la región y, en segundo lugar, unos desequilibrios que, como dice la CEPAL, siguen en aumento, generando un crecimiento tóxico e incompleto.

Pues debemos saber que las proyecciones nos pueden decir que creceremos, a la vez que los indicadores nos confirman que lo hacemos. Pero basarnos únicamente en el PIB, como ocurría con la media, podría no ser representativo, de la misma forma que esa media en determinados indicadores presenta una desigualdad bastante pronunciada entre economías. Ya que, como dijo el propio economista que creó el producto interior bruto (PIB), este indicador podría estar incompleto, al no implementar criterios para medir la calidad del crecimiento.

Esto es lo que ocurre en este tipo de economías, como muy bien señala un estudio de la CEPAL. Su carácter emergente las lleva a estar en boca de todos. Continuamente escuchamos hablar de ellas en los medios de comunicación internacionales, a la vez que sus crecimientos se vuelven demasiado atractivos para la inversión extranjera directa (IED). Ahora bien, esa falta de criterio para medir la calidad de este crecimiento nos lleva a situaciones como la del país azteca, donde, liderando un continente, presenta un mercado laboral en el que cerca del 60% de la población se encuentra empleada en la economía informal, o en las que parte de ese PIB es producto de un narcotráfico que solo genera inseguridad para los inversores.

Así lo señala la CEPAL en uno de sus recientes estudios sobre este aspecto. Pues se observa un crecimiento, como decíamos al analizar los indicadores y las perspectivas futuras, pero con persistentes problemas estructurales como la desigualdad, la pobreza, la escasa inversión y, por ende, la baja productividad. El estudio, por tanto, analiza el comportamiento de los principales indicadores económicos y sociales de la región y presenta propuestas de política para lograr una recuperación transformadora basada en la construcción de un nuevo estilo de desarrollo.

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El informe viene a decirnos que esta marcada desigualdad, la informalidad económica, así como todos los fenómenos que se producen no son más que el producto de un crecimiento basado única y exclusivamente en el PIB, pero sin tener en cuenta esa falta de convergencia con las economías desarrolladas, el estancamiento tras el apagón de estas economías, así como otros criterios que, aun habiéndolo contemplado el propio Kuznets, no implementa el PIB.

Por ello hemos de ser conscientes de esta situación. La economía crece, y lo hace a buen ritmo. Pero precisamente por ello es el momento de plantear y acometer todas las reformas que estas economías precisan para lograr ese grado de desarrollo que muestran los países europeos. Un análisis con matices que nos debe hacer sentir optimistas, pero con el mismo optimismo de saber los retos que se plantean y las reformas que deben impulsarse para afrontarlos.