“Los CEOs del futuro van a tener un pensamiento tecnológico más grande”, declara el vicepresidente ejecutivo de Oracle para América Latina Luiz Meisler, en entrevista con Forbes. “Las herramientas que están disponibles, en muchos casos no están siendo usadas, pero la gente está interesada en crecer con tecnología”.

De hecho, para sustentar este interés, califica como “espectaculares” los resultados financieros con esta tecnológica en el último año, en el que con una digitalización acelerada por la pandemia, alcanzaron los US$40,500 millones, en un incremento de 4% frente al año anterior.

Es por ello que, escuchando al mercado, Oracle está transformando su estructura en la región para concentrarse en Infraestructura, que cubre todos los servicios en la nube, software y hardware, y aplicaciones que abarcan sistemas específicos como el ERP tradicional, que integra las operaciones de las empresas.

“No hay una empresa que no esté pensando en transformarse radicalmente, en cómo poner mi cliente en el centro, algo que está dirigido en la necesidad de la nube”, comenta Meisler. “Nosotros pasamos de vender productos, a vender servicios. La nube ayuda a bajar costos y creo que ahí tenemos una ventaja competitiva”.

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Los servicios de computación en la nube por lo general pasan desapercibidos, pero desde bancos, hasta tiendas de ropa y plataformas como Zoom gastan millones de dólares para poder mantener a flote sus redes, procesar interacción con sus clientes y almacenar datos de forma remota.

La nube ya es el 75% de los ingresos de Oracle en América Latina, apalancándose por un modelo de suscripción en el que las ventas suceden con una visión de mediano a largo plazo.

Frente a una competencia con poderosos jugadores como Amazon Web Services y Microsoft, Meisler se remite a que Oracle siempre ha sido una empresa de datos, tanto que al menos la mitad de los datos de misión crítica en el mundo, como pasar una tarjeta de crédito, atraviesan por una base de datos soportada por la compañía.

“La tecnología Oracle no es discutible ni comparable de procesar en otra nube, toda nuestra ingeniería de tecnología está volcada para ser infraestructura que procesa cualquier transacción, en esta infraestructura, somos extremadamente más eficientes”, sostiene Meisler. “Cuando ofrecemos nuestra plataforma tenemos mucha propiedad intelectual para diferenciarnos, con integraciones y analítica”.

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En hechos recientes, apunta que el operador móvil TIM Brasil, que tiene 61 millones de clientes, pasó el sistema de CRM a Cloud, con lo que se redujo el tiempo de activación de líneas telefónicas y por ende, sus costos de operación bajaron en un 60%. “Se logró ahí eficiencia y atender mejor a los clientes”, afirma.

Todo este comportamiento en el mercado, va acompañado por una ambiciosa apuesta por reducir el déficit de talento de tecnología en América Latina. Por ello se han propuesto con el programa Generation Oracle (GenO) entrenar a cinco jóvenes en habilidades de programación como Java (que es propiedad de la compañía) por cada contrato firmado. Es decir, que si consiguen 8,000 contratos como en el año anterior, al menos 40,000 talentos serán entrenados.

“Esto se hace con un propósito de transformar el mundo, conectar el propósito del día a día en algo más tangible. No solo resolvemos conectar con ganar eficiencias en los productos o resolver nuestras actividades comerciales, sino generar muchos empleos”, comenta el líder de Oracle en la región. “Queremos ayudar a la gente a buscar nuevas profesiones”.

Para Meisler, las áreas de tecnología han asumido un rol de mucho más protagonismo en el que tenían hasta hoy porque “son protagonistas de toda la transformación digitales de las compañías”.

Internamente en Oracle han cambiado su método para reclutar talento: antes buscaban a los mejores alumnos en las mejores universidades, ahora están buscando gente “humilde” con la capacidad de estudiar. “Estamos teniendo un foco en la gente, en la educación y en la diversidad”, expresa. “Hemos aprendido que la gente que está en casa vale más que la gente está afuera”.

Por José Caparroso

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