“Les informamos que #Elektra cerró todas sus tiendas a nivel nacional. Agradecemos tu preferencia durante todos estos años”. Así anunció públicamente –a través de su página Facebook– la cadena de tiendas de electrodomésticos del gigante mexicano Grupo Salinas su partida del Perú el pasado martes 6 de julio a las 4 de la tarde, tras 24 años de operaciones.

La retirada del retailer del país inca era previsible. Varios hechos lo presagiaban.

Pasada la cuarentena estricta establecida por el Gobierno del expresidente Martín Vizcarra de marzo a junio del año pasado, Elektra del Perú cerró la mayoría de sus locales (55) para quedarse con 5 para atender compromisos de entrega y ventas que tenía programadas con anticipación, cuenta a Forbes Colombia quien fuera un proveedor de la firma.

La empresa comunicó el cierre de sus operaciones en el Perú a través de su página en Facebook.

A ello sumó la venta de Banco Azteca Perú a fines del año pasado, que era el pivote financiero del negocio, a través de crédito para la compra de los artefactos.

Además, el pasado 3 de julio, la empresa publicó en el diario oficial El Peruano su balance final de liquidación societaria al 30 de junio pasado. En el registro, su liquidador, Estratega Consultores SAC, reportó cero activos y S/ 232,3 millones (US$56,6 millones) en pasivos. Que la compañía haya presentado dicho balance, anticiparía una eventual declaración de quiebra judicial, explica Anthony Lizárraga, socio del área de Reestructuración Empresarial y Derecho Concursal del Estudio Muñiz.

El 3 de julio pasado, Elektra del Perú publicó su balance final de liquidación en el diario oficial El Peruano.

“Esta publicación del balance es el primer paso para solicitar al juez la quiebra judicial, siempre y cuando haya acreedores impagos”, precisó y subrayó que la deuda no se extingue y podría corresponder a terceros o estar vinculada a una empresa del grupo. En este último caso, el grupo podría absorberla.  

“Entre los requisitos que te pide el juez y la norma societaria y concursal (para solicitar la quiebra judicial) es que presentes el balance final publicado en el diario oficial El Peruano”, agregó. Forbes Colombia consultó al respecto al Grupo Salinas, pero al cierre de la edición de este artículo no obtuvo respuesta.

Las razones detrás

El impacto de la pandemia sobre los resultados financieros de Elektra habría sido determinante para que el Grupo Salinas tome la decisión de cerrar sus operaciones comerciales en Perú. De hecho, el efecto “covid-19” fue homogéneo para el rubro entre marzo y junio del año pasado –durante el confinamiento obligatorio extremo–, período en que genera un 40% de las ventas, explica Jaime Butrón, presidente del Gremio de Electrodomésticos de la Cámara de Comercio de Lima, que representa 32 compañías que suponen el 90% del mercado.

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“Tuvimos un black-out de ventas, porque no se podía atender al público ni despachar mercadería. Este efecto fue muy duro y, luego, con las cuarentenas que tuvimos, obligó a que mucho retail tuviera que dejar de vender en tienda física y moverse hacia la venta por internet”, amplía Butrón y recuerda que tiendas Paris (del grupo chileno Cencosud) también decidió salir del mercado pasados esos tres meses de confinamiento. En total, durante el primer semestre del año pasado, el comité reportó pérdidas sectoriales por S/1.200 millones (US$302,5 millones), informó entonces.

“Tener numerosas tiendas en condiciones de alquiler o en propiedad con costos, personal con costos y el cierre total de ventas, hace que la empresa tenga que cubrir costos sin tener ingresos. Casi tres meses de no poder tener actividad comercial, tiene un impacto durísimo en cualquier mercado”, refirió Butrón.

En ese contexto, dos factores iniciales habrían jugado en contra de la sostenibilidad del negocio de Elektra Perú. Por un lado, la falta de una estructura de venta en línea funcional, un canal que permitió dinamizar las ventas de electrodomésticos en el segundo semestre del 2020, indica Butrón. Por otro lado, la preferencia de su clientela por las compras presenciales y la priorización del gasto en rubros esenciales, indica José Carlos Lumbreras, gerente de I+D de Perú Top Publications.

“Con la venta del banco el año pasado (Banco Azteca Perú), perdía sentido contar con las tiendas, porque el negocio de las tiendas por departamento no son las ventas, sino el financiero. Finalmente, lo que se busca es colocar tarjetas de crédito”, comenta. La venta de la entidad bancaria se dio en un escenario desalentador para el crédito de consumo de personas. Según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), en diciembre pasado este tipo de crédito decreció 7.1% respecto al mismo mes del 2019.

A juicio de Lumbreras, el riesgo político que atraviesa el Perú también podría haber incidido en la salida de la compañía. “Muchas (empresas) se animaron a entrar (a Perú) a fines de la primera década del 2000, porque estábamos bastante bien económicamente, pero ahora se viven años complicados”, dice.

Al fondo, una tienda Elektra ubicada en el Cercado de Lima, en la capital peruana. (Foto: Andina)

¿Un espacio vacío?

A juicio de Percy Vigil, profesor de la Maestría en Marketing de la Escuela de Negocios Esan, la marca deja atrás una clientela de clase media que valora contar con el soporte del crédito, entre otras ventajas, al momento de decidir el lugar de compra.

“Quienes por estrategia hayan tenido ya una gran experiencia con el segmento o aquellos cuya propuesta sea similar a la de la marca saliente estarán claramente en ventaja”, analiza sobre la oportunidad que crea para los jugadores del sector la salida de Elektra. Al respecto, cabe señalar que de acuerdo a Euromonitor International, al cierre del 2020, Elektra atrapaba el 11% de un mercado de electrodomésticos valorizado ese año en S/5,330 millones (US$1.342,8 millones), 21,3% menos que en el 2019.

Para Butrón, el reacomodo ya habría sucedido. “Los operadores que sí se quedaron en el mercado, se beneficiaron por dos razones: primero, por la demanda, y, segundo, porque había una empresa que no estaba en el mercado. La participación de mercado de muchos retailers aumentó porque cubrieron ese vacío que (dejó) Elektra”, afirma. 

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Elektra Perú ya no opera en el mercado peruano. El conglomerado mexicano tampoco habla de la firma en sus presentaciones más recientes a inversionistas. Por ahora, solo pervive en Facebook y en varios puntos georeferenciados en Google Maps. Uno de los dos ubicados en la capital peruana, paradigmáticamente, está sobre la Avenida Perú, en el distrito de San Martín de Porres. Así, la empresa –que obtuvo 44 sanciones por parte del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) entre 2017 y 2020– pasaría a los anales de la historia empresarial del Perú de las primeras décadas del siglo XXI.

Pero quizá su salida sea solo la antesala de la despedida de la única empresa hermana que mantiene activa el Grupo Salinas en el país: Azteca Comunicaciones Perú SA. La firma obtuvo la concesión de la Red Dorsal Nacional de fibra óptica en el 2014 y hoy se enfrenta al Estado peruano, que busca resolver el contrato debido a la magra utilización de la infraestructura tecnológica. Puede que esa sea otra historia; o quizá, no. 

Por Manuela Zurita / Forbes Colombia