Marisol Argueta de Barillas, directora principal para América Latina del Foro Económico Mundial, está convencida de que la región tiene que desarrollar políticas públicas para empoderar económicamente a las mujeres y disminuir la violencia doméstica. Esta mujer poderosa, piensa que para lograrlo será vital reforzar su acceso a la salud y a la educación, así como generar cambios socioculturales.

Abogada de profesión, nació en San Salvador, y vivió de cerca la guerra civil de ese país, iniciada a finales de los años 1970. Entre los múltiples logros de la también embajadora destacan ser la tercera mujer en ingresar al escalafón diplomático de su país en los 90. Además, ocupó el cargo de ministra de Relaciones Exteriores de El Salvador en la siguiente década.

Actualmente es miembro del Comité Ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF). Como parte de su formación académica, cuenta con un posgrado en Diplomacia por la Universidad de Oxford. De igual modo, cuenta con estudios ejecutivos en la Universidad de Harvard, en Cambridge, y en la Academia Internacional de Paz, en Viena, entre otros.

Desde su punto de vista, la agenda de desafíos que tiene la mujer en América Latina es muy variada y algunas veces grave. Ejemplifica con los casos de violencia doméstica y embarazos juveniles prematuros, problemas que se han exacerbado durante la pandemia.

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Una mujer poderosa

Añade que por razones culturales y, en algunos casos normativas, hay sesgos que no permiten que su género acceda a espacios de empoderamiento económico. Por esta razón, es necesario atender su avance de manera integral.

Considera que es necesario que las mujeres accedan a una formación académica de calidad y, sobre todo, que les permita ganar posiciones en los trabajos del futuro.

“Hay evidencia de que ya existe una brecha de trabajo donde la mayoría de hombres están desarrollando su actividad laboral en empleos vinculados a las ingenierías, a las matemáticas, a las ciencias, rubros donde la mujer todavía no ha incursionado”, indica.

Esta mujer poderosa señala que no hay prueba alguna que indique que biológicamente el género femenino tiene alguna limitante para prepararse en esas materias. En su análisis, el factor cultural es el que inhibe, desde temprana edad, que las mujeres se inclinen a su estudio.

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Rumbo al empoderamiento

“Yo creo que es importante ir abriendo espacios desde la educación para prepararlas y que puedan acceder a los empleos del futuro y a mejores oportunidades en el ámbito económico”. Enfatiza que para lograrlo hay que tener diagnósticos y estrategias que identifiquen cuáles son esos obstáculos que impiden la participación plena de beneficios sociales y monetarios. 

“Las mujeres somos más del 52% de la población latinoamericana. Tenemos muchísimo que aportar y no es sólo un tema de justicia y de derechos, sino de una responsabilidad que debemos asumir todos”, expresa.

En esa línea, esta mujer poderosa ha cifrado la continuidad de su carrera, pues apuesta su futuro siempre en sintonía con América Latina y la promoción del avance de la mujer, el respeto al medioambiente y la gobernanza.

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