Bonos verdes y azules son soluciones financieras que apoyan la sostenibilidad ambiental. La región tiene grandes opciones de captar fondos.

La cantidad de recursos naturales con los que cuentan los países de Centroamérica hacen que exista un enorme potencial para que la región aproveche el creciente mercado de bonos sostenibles en el mundo. Estos instrumentos financieros tienen múltiples beneficios, no solo para el medio ambiente, sino para emisores e inversores, aseguró César Addario Soljancic, vicepresidente regional de EXOR LATAM para Centroamérica y el Caribe.

“Los recursos naturales e hídricos en Centroamérica son una verdadera riqueza, y los bonos sostenibles cumplen la doble función de ayudar a proteger estos recursos y de canalizar capitales intensivos que la región necesita”, comentó el experto.

Addario Soljancic recordó que la región sufrió un enorme impacto económico y financiero a raíz de la pandemia de COVID-19. Además del golpe social y en salud pública que significó el virus, se calcula que las pérdidas para las arcas públicas en la región y el Caribe superaron los US$30,000 millones.

“Centroamérica y el Caribe necesitan fondos, primero, para llenar estas brechas fiscales y segundo, igual de importante, para financiar su recuperación luego de la crisis por la pandemia”, apuntó. “Los bonos azules y verdes son instrumentos útiles para obtener estos fondos y cuidar los recursos de los países”, insistió.

Los llamados bonos azules son instrumentos de deuda emitidos para el financiamiento o refinanciamiento de proyectos relacionados con el agua o los océanos. “Están relacionados con la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas”, explicó Addario Soljancic. Se trata de una tendencia creciente y con enorme potencial para financiar proyectos en la región.

Un reciente informe del BID Invest  —brazo privado del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) — y el Pacto Mundial de Naciones Unidas, la iniciativa de sostenibilidad empresarial más grande del mundo, señala que ha crecido tanto la emisión como el apetito por estos instrumentos, dado su impacto en iniciativas de sostenibilidad relacionadas con océanos y agua dulce y, a su vez, respaldar el crecimiento económico y la resiliencia.

Los proyectos susceptibles de financiarse con bonos azules incluyen puertos, manufactura, acuicultura, gestión de residuos, cables submarinos de telecomunicaciones y energía renovable costa afuera, industria que podría generar negocios por US$1 billón para 2040, según el informe del BID Invest. El primero bono azul se emitió en 2018, por US$15 millones.

En Centroamérica, cerca de un cuarto de la población vive en zonas costeras, y la proporción es casi del 100 % en el Caribe. “Con estas cifras, es más que evidente que cuidar nuestros océanos es cuidar a nuestra gente, ya no se diga cuando nos referimos a las cuencas de agua dulce tierras adentro”, dijo el vicepresidente de EXOR LATAM. 

En cuanto a los bonos verdes, Centroamérica es una región que aún ha aprovechado poco el potencial de la captación de fondos por esta vía. Estos instrumentos ofrecen ventajas para el medio ambiente, para los emisores y también para quienes deciden comprarlos, ya que es un tipo de título valor concebido para financiar proyectos beneficios para el medio ambiente, sostenibles, que ayudan a cambiar procesos y hacerlos más amigables para el medio ambiente o a levantar nuevos que cumplen estas mismas características.

“Los bonos verdes estos son subsidiados, pues pagan una tasa preferencial a cambio de ciertos cumplimientos por parte de quien los toma. Fueron creados para que la infraestructura ya desarrollada y en la que se va a montar se adecuen a los ODM”, comentó Addario Soljancic.  Permiten canalizar fondos desde los mercados financieros internacionales hacia proyectos orientados a fortalecer la sostenibilidad del medio ambiente y la mitigación del impacto al cambio climático.

El especialista aseguró que estos instrumentos han evolucionado hasta convertirse en la herramienta financiera más poderosa y relevante para financiar las iniciativas de desarrollo sostenible a nivel mundial y se diferencian de los bonos tradicionales porque permiten asegurar a los inversionistas que los adquieren que los fondos serán para ello.

Se espera que la emisión de bonos verdes en los mercados emergentes sume más de US$100,000 millones en los próximos tres años, según cálculos de la firma Amundi, especializada en este rubro. La Corporación Financiera Internacional (IFC), parte del Grupo del Banco Mundial, cree que las oportunidades de inversión en los mercados emergentes podrían generar más de US$10 billones para 2030 y crear más de 200 millones de puestos de trabajo en sectores verdes.

“El año pasado, hubo 174 emisiones de bonos verdes que sumaron US$40,000 millones, repartidos entre 101 emisores. Siete mercados emergentes emitieron bonos verdes por primera vez.  Asia Oriental y el Pacífico acapararon la mayor parte de las emisiones de bonos  verdes de mercados emergentes, con un 76 %”, detalló Addario Soljancic.

EXOR LATAM espera que tanto gobiernos como empresas e, idealmente, asocios público-privados, reconozcan los enormes beneficios que estos instrumentos ofrecen, y se animen a utilizarlos. La firma tiene amplia experiencia en respaldar este tipo de emisiones, según las necesidades de cada emisor y las características de cada proyecto.