La situación que atraviesa Cuba en estos momentos es, como poco, insostenible. Y no me refiero a la situación política, la cual se caracteriza por la presencia de una dictadura que dice que no amenaza a sus ciudadanos, pero que los detiene cuando estos manifiestan su opinión al respecto en los medios de comunicación. Sino que me refiero a una situación económica salpicada por numerosas crisis y una escasez desmesurada de bienes básicos. Situación que animó a la ciudadanía a protestar en las calles a lo largo de estas semanas.

Resulta curioso ver cómo el Gobierno presumía en julio del año pasado de ser uno de los pocos países en el mundo que se preocupaba de que cada habitante en el país pudiera tener acceso a determinados bienes básicos. Pues hoy, un año más tarde, la escasez de productos básicos, precisamente, se ha extendido por toda la isla, afectando notablemente a las familias. Una situación que ha puesto de manifiesto las disfuncionalidades que produce una gestión gubernamental que, como puede observarse, pretende ningunear toda ley económica.

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Como en casi todas las dictaduras, el Gobierno de Cuba ha apostado, como no podía ser de otra forma, por una economía planificada o centralizada. Con esta decisión, el Gobierno ha intervenido la economía en todos los aspectos, controlando desde los factores de producción hasta la formación de precios. Ello, con las consecuencias que este tipo de decisiones traen consigo. Consecuencias como esa escasez desmesurada, la cual obliga a la ciudadanía cubana, como en Venezuela, y como ocurría en numerosos sistemas dictatoriales, a hacer largas colas en la puerta de las tiendas para poder comprar una simple barra de pan.

Tampoco podemos olvidar otras consecuencias como las drásticas caídas que ha vivido la inversión en Cuba. Tras la caída de la Unión Soviética, en el año 1990, la debacle que se produjo en la economía cubana provocó que los flujos de capitales que llegaban a la isla dejasen de llegar con tanta frecuencia. Mientras hablábamos de una economía cubana, antes de la década de los 90, que superaba en la atracción de inversión extranjera a muchas otras economías, la formación bruta del capital fijo, así como la inversión en el país, en general, ha caído drásticamente; no recuperando, siquiera, los niveles previos a dicha debacle.

Pero es que, para el Gobierno Cubano, todo aquello que huela a capitalismo debe ignorarse. Aunque esas teorías capitalistas, en realidad, nos hablen sobre una teoría en la que sí existe consenso por parte de los economistas, como la preferencia a adoptar economías de mercado en lugar de una centralización, con control de precios y este tipo de políticas. Una tendencia que está llevando a Cuba a desechar plenamente el sistema capitalista, desechando con el, muchas leyes económicas que no deberían violarse; pero que, cuando se violan, generan distorsiones como las que vemos en la economía cubana.

Incluso las políticas de estímulo, mal aplicadas y como decía Thomas Sowell, no sientan bien a la economía cubana. El hecho de incrementar el gasto público de forma constante, así como de enfocar la economía al fomento del consumo y no del ahorro, huyendo de la teoría capitalista que considera el ahorro la base fundamental de dicho capitalismo, ha provocado que esa inversión citada, como decíamos, no acabe llegando, pues la inseguridad jurídica, así como todas las inseguridades que genera para un inversor este tipo de Gobiernos, sumado a una economía centrada en el gasto y el consumo, han provocado que, con los niveles de inversión, caiga el progreso y el desarrollo tecnológico por el que apuestan, en estos momentos, todas las economías en el planeta.

La pandemia ha puesto de manifiesto esto que comentamos. Pues poca gente se ha podido adaptar al teletrabajo en la isla. Así, la digitalización en Cuba brilla por su ausencia. Pero ello, de la misma forma que otros aspectos, como el sector exterior, tampoco están funcionando correctamente, pues podemos ver déficits crónicos en la balanza comercial, los cuales siguen mermando el crecimiento de la economía cubana. En resumen, disfuncionalidades y distorsiones, como las citadas, que acaban generando una situación de menor bienestar para la propia ciudadanía.

A modo de conclusión, las crisis económicas que se han ido sucediendo en la economía cubana; la escasez que vive la ciudadanía por la fijación de precios y otras políticas similares; la crisis del sector exterior; la escasa inversión en la isla; el escaso desarrollo tecnológico y, por último, todas las debilidades que presenta esta economía como consecuencia de esa centralización han provocado que la ciudadanía salga a las calles a exigir la dimisión del Gobierno cubano, así como una libertad con la que tampoco cuenta la ciudadanía; dado que hablamos de un Gobierno que, incluso, llegó a cortar el internet a la población para que no comunicasen la situación a aquellos que, estando en el exterior, pudiese interesarle.

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En definitiva, vemos una Cuba que ha intentado huir del capitalismo, pero que, a su vez, y quizá sin saberlo, ha acabado huyendo de leyes económicas básicas, como la economía de mercado, los incentivos de la propiedad privada, o las ventajas del ahorro y la inversión, que han hecho de la vida en la isla una auténtica condena.

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