Las Naciones Unidas (UN), a través de organismos como la UNWTO (Organización Mundial del Turismo, por sus siglas en inglés), ya ha hecho público el coste para la economía mundial de la caída que ha vivido el sector turístico. Un sector que, ante los datos que arroja dicho organismo, podemos calificar como el sector más dañado por esta crisis económica. La paralización en la llegada de turistas, así como la propia extensión del virus, ha provocado que el sector siga registrando pérdidas millonarias hasta el día de hoy.

Para hacernos una idea, debemos decir que hablamos de un sector que ha vivido una caída en la actividad superior al 80%. El PIB turístico, que expresa el agregado que genera el sector sobre el producto interior bruto (PIB) mundial, ha pasado de ser el 10,4% en 2019, a ser el 5,5% en 2020. Una caída del 49.1% que equivale a más de 2,5 billones de dólares en pérdidas que el sector, debido a la pandemia, no pudo registrar durante el pasado ejercicio.

Midiendo el impacto por territorios, los países en desarrollo han sido los más afectados. Estos países han sufrido las mayores reducciones de llegadas de turistas en el 2020, estimadas entre el 60% y el 80%. Asimismo, se espera que los más afectados durante este año, de la misma forma, sean estos. Por regiones, la que más sufrirá el impacto en su PIB será Centroamérica, que puede perder hasta un 11,1% de dicho PIB. Por países, Ecuador, siendo el más vulnerable después de Turquía, podría dejarse hasta un 9% de su PIB. Le sigue Argentina, que puede perder el 2,4%, mientras que Colombia, como tercer país más afectado podría perder el 2,3 %. Un descenso que, en el caso de México, por último, sería del 1,6 %.

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Sin embargo, cabe aclarar que estas pérdidas pueden no acabar aquí. De acuerdo con los informes publicados por el organismo citado, podríamos estar hablando de un 2021 caracterizado por las voluminosas pérdidas que espera el sector si no corrigen determinadas situaciones. En este sentido, se estiman pérdidas agregadas que podrían rozar los 4,5 billones de dólares. Una cuantía que dejaría a este sector, o, mejor dicho, a sus empresas, al borde de la quiebra, con muchas de ellas en una situación de incapacidad para continuar la operativa ante el fuerte deterioro de sus finanzas.

Como hemos venido observando a lo largo de estas semanas, una nueva variante del virus amenaza con volver a poner la economía patas arriba. La variante india, la Delta, está poniendo en peligro la situación para unas economías, dicho sea de paso, carentes de vacunas para inmunizar a su población. Pues, aunque los ritmos sean desiguales, lo cierto es que todas las economías de América Latina cuentan con menos vacunas para administrar a su ciudadanía, lo que le lleva a recuperarse más lentamente, a la vez que la alta tasa de contagio le impide retirar restricciones.

Es por esto por lo que hablamos de corregir situaciones, pues es precisamente por esa carencia en materia de vacunas por lo que la UNWTO establece estas economías como las más afectadas. Pues el peso del sector en ellas, de poder reabrir la economía, no es más que un motor de crecimiento económico. El problema viene cuando esa escasez nos impide abrirla, pues esa elevada representación del sector en el PIB se convierte en una auténtica condena para unas economías que supeditan, en algunos casos, hasta un tercio de su economía a este sector.

Por tanto, como decía un amigo economista, la mejor política económica que podemos adoptar hoy ante lo que comentamos a lo largo del artículo es incrementar el ritmo de vacunación. Y en el caso del turismo, más aún. Como sabemos, esa necesidad de contacto social que requiere este sector únicamente puede combatirse con la vacunación y la inmunización de la ciudadanía. Por esta razón, es preciso mejorar los ritmos y acelerarlos, pues hablamos de un sector que registra pérdidas en tanto en cuanto no se puede administrar la vacuna a la población y ofrecer seguridad a los turistas internacionales.

Y es que debemos resaltar estas pérdidas, pues hablamos de un sector muy importante para la economía mundial, así como para otras economías como las de Latinoamérica y las economías de El Caribe. En lo relativo a las dos regiones, el turismo representó el 26% del PIB total en el Caribe y el 10% en América Latina. Un dato muy similar al empleo, habiendo registrado muchas economías incrementos de hasta el 15% en sus respectivas tasas de desempleo.

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En definitiva, teniendo en cuenta la difícil situación que han atravesado estas economías como consecuencia de la pandemia, perder la actividad turística, tan importante para esta región, es un desastre del que costará recuperarse. Y es que, ante las pérdidas estimadas hace escasas semanas, hablamos de un sector que no prevé recuperarse finalmente hasta pasado el año 2023. Un retraso en la recuperación que debería alertarnos, ante una excepcional incertidumbre que, como avisamos, vuelve a dibujar escenarios alternativos muy dañinos y no previstos.