Por Pedro Galván París*
Podrán superarse muchos récords olímpicos en Tokio. Pero no habrá mayor triunfo que el de la humildad y el de la personalidad de Simone Biles, cuando se ha bajado del tren de la fama porque simplemente no podía más.

¿La razón? Será la presión desmesurada a su edad? ¿Que no ha podido o sabido trabajar más su autoconfianza? ¿Por la pandemia? Será la razón que sea, sin embargo, la única verdad es que, una de las mejoras atletas de todos los tiempos, ha dicho “hasta aquí, no puedo más porque tengo problemas mentales”.

Esta jovencísima atleta ha tenido la valentía, el pundonor, la sinceridad y el aplomo que millones de personas no tienen, al estar embutidos en una sociedad donde importan más los miles de fotos proclamando vidas que no existen. A veces la verdad no es tan atractiva. Y algunos prefieren acariciar una felicidad de plástico en redes sociales, donde se exponen con una perfección nauseabunda a decir que no están bien.

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La oportunidad

Las empresas deben entender que tienen personas que no pueden derrotar a la vergüenza como ha hecho la leyenda norteamericana.

Si las organizaciones quieren entender por qué algunas personas no dan el 100% es porque a lo mejor, están mal. La seguridad psicológica es igual o más importante que otros elementos que complementan la salud.

Qué lamentable es pensar “con una gripe sí que se puede quedar en casa, pero si tiene ansiedad o estrés entonces es que es un débil y un cobarde”. Estos son algunos de los insultos que Charlie Kirk, un locutor ultraconservador, le ha regalado, en su papel de Superman macho alfa, quien se cree con la tranquilidad de poder atacar a una mujer que ha sido mucho más valiente que él.

Tenemos la oportunidad de cambiar la percepción y de ser igual de valientes que Simone Biles.

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Soluciones

Hay dos motivos fundamentales para crear programas de Wellness y Wellbeing en las organizaciones.

El primero es porque somos seres humanos. Y, a lo mejor, algunos se han olvidado de que los seres humanos se ayudan entre sí. Parece una novedad, pero es la verdad. Entonces, si seguimos existiendo es, básicamente porque, a pesar de todo, nos ayudamos entre nosotros para estar y ser mejores.

La segunda razón es por puro egoísmo capitalista sano de las organizaciones. Además de la primera razón, que con esa ya debería bastar. La segunda empuja a los altos directivos a pensar que habrá personas en su empresa que necesitarán de ayuda psicológica y no pueden esperar a que revienten, sino que tienen que actuar anteriormente.

Aquel jefe o jefa que crea que “eso se lo tienen que arreglar en casa porque aquí se viene a trabajar y no queremos problemas gratuitos”, perderá el talento. Es una cuestión de tiempo, no de concepto porque los competidores se los llevarán. Además, las personas que proporcionan valor no estarán motivadas y se convertirán en centros de costes en vez de centro de inversiones y producción.

Y no puede ser meramente operativo. Debe ser un planteamiento estratégico en el que hay responsables. Y hay un presupuesto asignado por lo que conlleva métricas de evaluación sobre los puntos a mejorar y los descartes porque habrá iniciativas que no funcionarán.

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Un mundo con más Simone Biles

Por toro lado, no existe una receta que valga para todos de igual manera. Por ejemplo, el ejercicio físico puede ser excelente para algunas personas. Otras prefieren caminar y leer libros. Pregunten a sus colaboradores cómo pueden desconectar y cuáles son las medidas que esperan desde la empresa para que la respeten y se conviertan en embajadores.

Además, no hay muchas Simone Biles en sus empresas que les digan a la cara “no me encuentro bien”. Esto, porque a lo mejor les da vergüenza o porque no pueden permitirse el lujo de perder el trabajo. Su deber es encontrarlas, ayudarlas y guiarlas para que den el máximo que tienen. Tienen que protegerlas del entorno, del estrés y de procesos que atacan el bienestar de las personas y de la compañía.

Juntos derrotaremos la vergüenza de entender que no pasa nada, si nos encontramos mal de la cabeza.

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* Pedro Galván París. Fundador y CEO de awardsofhappiness.com y dirfel.com. Autor del podcast Sé Feliz Ahora y de la novela La Fecha de Caducidad donde dibuja un futuro distópico confrontando la libertad, el control y la felicidad.

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