¿Quién de nosotros no ha experimentado, en algún momento, situaciones en las que nuestras responsabilidades profesionales entran en conflicto con nuestros valores más profundamente arraigados? Más aún, tener que tomar decisiones que inclinan la balanza a favor de uno u otro.

¿Qué decir cuando en la empresa donde laboramos se nos pide despedir a algún trabajador sólo por causa de la crisis económica? Obviamente es una situación que nos toca gestionar con mucho ‘dolor de estómago’.

Ahora imagina una situación en la que alguno de tus hijos tiene su graduación universitaria y te causa mucha ilusión asistir, pero resulta que un cliente importantísimo te pide hacer una formación para su equipo directivo ese mismo día ¿Qué decides?

Cuando tenemos que tomar decisiones, podemos encontrarnos con dos tipos de situaciones las éticas y las dilema. Una decisión ética es aquella que implica elegir entre dos alternativas y tenemos muy claro que una es correcta y otra no. En cambio, una decisión dilema es aquella en la que, decidamos lo que decidamos, sabemos que la otra alternativa también puede ser buena o mala. ¿Cómo gestionamos este tema emocionalmente? 

La propuesta es que, ante una decisión dilema, nos hagamos tres preguntas y reflexionemos sobre las respuestas que nos damos. La primera pregunta corresponde a nuestra identidad personal: ¿Quién soy? Ello nos lleva a cuestionarnos temas cómo ¿qué sentimientos entran en conflicto en esa decisión que debemos tomar? ¿Cuáles de las responsabilidades y valores que están en conflicto son los más arraigados en mi vida o en mi comunidad?

La segunda hace referencia al grupo del que formo parte: ¿Quiénes somos? Y, por lo tanto, ¿Qué interpretaciones van a hacer el resto de las personas de mi entorno?

Nuestras decisiones ¿son trascendentes?

La tercera pregunta se refiere al impacto de nuestra empresa en la sociedad: ¿Cuál es el propósito de la empresa? ¿Estamos siendo trascendentes en la vida de las personas? ¿Estamos mejorando la situación de alguien en la sociedad? ¿Estamos haciendo un mundo mejor o ‘tan solo’ una empresa más rentable?

El gran filósofo alemán Friedrich Nietzsche dijo: “Creo que el gran hombre (yo añado y la gran mujer) se desarrolla gracias a la presencia de elementos contrarios, y a los sentimientos que esto le ocasiona”. 

Pues bien, las decisiones dilema nos obligan a encontrar el equilibrio entre nuestro corazón y su idealismo, y nuestra posición en la organización con toda la realidad compleja que abarca.

Resolver las decisiones dilema de manera adecuada no es únicamente un ejercicio intelectual, es una gran oportunidad para llevar a cabo acciones inspiradas, con efecto expansivo, y para crecer de forma individual

* Norbert Monfort, CEO de Monfort Ambient Management y profesor del ESADE

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