Por Ileana Rojas *y Timothy Scott Hall**

Las vidas de las personas de color importan (“Black Lives Matter”), aún tengo en mi mente las imágenes de las manifestaciones multitudinarias realizadas en Estados Unidos bajo ese lema y que tuvieron eco en todo el mundo. Miles pidieron un alto a los actos de racismo y discriminación; no puedo evitar pensar en el gran significado de esa frase y la realidad que vive nuestra región.

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¿Las vidas de las personas de color importan en América Latina? Quiero pensar que sí, pero no podemos tapar el sol con un dedo, la realidad de la población afrodescendiente es preocupante y muestra que aquí también se enfrentan a la discriminación. Según el Banco Mundial, cerca del 24% de la población de Latinoamérica; es decir, unos 133 millones de personas son afrodescendientes.

Poca representatividad, pobreza, desempleo, menor acceso a educación y salud, es el resumen de una radiografía compleja que requiere la atención de gobiernos, academia y empresas privadas.

La realidad en datos

Las estadísticas disponibles son estimaciones, porque en la mayoría de los países, aún carecen de cifras confiables sobre condición ético-racial, lo que los invisibiliza aún más.

El Banco Mundial, en el documento Afrodescendientes en Latinoamérica: Hacia un marco de inclusión, nos muestra una realidad preocupante:

  • En promedio, tienen casi el doble de la tasa de desempleo de los no afrodescendientes en numerosos países. Alrededor de 75% de esta población tiene una ocupación poco calificada y son más propensos a los empleos informales.
  • Hay más personas afrodescendientes viviendo en barrios pobres, lo que también los expone más al crimen y la violencia.
  • Aproximadamente el 64% de los integrantes de hogares afrodescendientes terminaron la primaria contra un 83% de no afrodescendientes. Solo un 30% completó secundaria y un 5% la educación universitaria, contra un 46% y 14% respectivamente de los no afrodescendientes.

Trabajo articulado

Los datos muestran que Latinoamérica también discrimina a los afrodescendientes y es hora de poner un alto.

Es claro que el problema es complejo y que la única forma de atenderlo es mediante el trabajo articulado de diferentes actores: gobierno, sociedad civil, academia y sector privado; solo de esa manera se lograrán resultados sostenibles en el tiempo.

Es primordial que se cuente con estadísticas precisas y confiables, que visibilicen a los afrodescendientes y sean el punto de partida para el establecimiento de políticas públicas que favorezcan la inclusión de esta población, es necesario crear y evaluar la eficiencia de las acciones afirmativas y, si es necesario, modificarlas para que cumplan con sus objetivos.

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Quienes estamos en puestos de dirección, debemos entender la problemática y la realidad a la que se enfrenta la población afrodescendiente. Desde nuestra posición podemos buscar formas de ayudar y encontrar soluciones, que, nos permitirán enriquecer la diversidad e inclusión en nuestras empresas.

Debemos ser conscientes de nuestros prejuicios, para superarlos y evitar que la próxima generación los tenga, solo así lograremos avanzar hacia un mundo más justo para todos.

Tenemos que empezar por entender y aceptar que todos tenemos sesgos, siendo uno de los principales el de similitud, entonces,si todos nos vemos igual y terminamos por contratar y promover a aquellas personas que se parecen a nosotros, ¿de qué forma romperemos el ciclo y daremos mayor oportunidad a la diversidad e inclusión?  

La riqueza de la diversidad

Como ya lo había comentado en otra ocasión, la innovación florece con la diversidad, no en la monotonía. El éxito futuro de cualquier organización y sus equipos de trabajo depende de tener amplia representación de perspectivas e influencias creativas y eso incluye a las personas afrodescendientes.

El respeto y la capacidad de aprovechar esas diferencias que nos caracterizan es lo que nos enriquece y hace más innovadores a nuestros equipos de trabajo.

¿Que si las vidas de las personas de color importan? ¡Claro que importan! Por eso debemos actuar ya, y no solo hablar, debemos erradicar toda forma de discriminación hacia cualquier grupo para que todas las personas tengamos las mismas oportunidades.

*La autora es gerente general de Intel Costa Rica

**Gerente de Asuntos Gubernamentales de Intel Costa Rica

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.