Por Joan Riera

La pandemia de la Covid-19 ha supuesto un triple impacto en las start-ups, algo que también ha generado oportunidades en múltiples sectores: ha comportado un impacto en la demanda (como en cualquier crisis), pero también en la oferta de ciertos sectores, así como un impacto en todo lo relacionado con la salud. Se ha producido una aceleración de la digitalización, de manera forzada, en todos los ámbitos económicos.  En este contexto, también hay start-ups que han sabido aprovechar las oportunidades. En entornos cambiantes, este tipo de empresas dispone de la flexibilidad y la rapidez necesarias, no solo para detectar la oportunidad, sino para organizarse y orientarse a lo que realmente precisa el cliente, aunque cambien sus hábitos y preferencias.

Algunos ámbitos vinculados a la “nueva” normalidad se han visto claramente favorecidos, como el hogar, el automóvil o la tecnología, mientras que el reto de las start-ups nacidas en pandemia es vincular su propuesta de valor a las necesidades y los hábitos que perdurarán en la nueva normalidad.

Los ámbitos más penalizados por la pandemia incluyen el hotelero, el aeronáutico o el bancario; aunque las start-ups fuertemente digitalizadas se han visto favorecidas por la pandemia. Esta crisis ha tenido un impacto muy asimétrico: mientras unas compañías áreas se veían gravemente afectadas, en otras les pasaba lo contrario, viéndose desbordadas por la demanda, como, por ejemplo, la industria de las piscinas. En cambio, ha afectado más a algunas aplicaciones verticales, muy especializadas en servicios que se han visto limitados por la pandemia, como las plataformas digitales para la oferta de alojamiento, o para las reservas en restaurantes, etc.

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Financiación y oportunidades

Por otro lado, la pandemia también ha tenido un impacto relativo en el volumen de inversión en start-ups, que ha resistido muy bien. Se han generado oportunidades y hay mucho dinero disponible, por varias razones. El nivel de ahorro ha aumentado notablemente para algunos sectores de la población, debido a que las medidas de confinamiento han restringido el consumo durante meses. Los bajos tipos de interés y las limitadas opciones de inversión también han contribuido a que el volumen de dinero disponible de las familias aumente. Además, esta crisis ha generado miedo por su impacto sanitario y, como es de esperar, ante el miedo, la primera reacción es dejar de gastar y, por tanto, ahorrar.   

Debemos tener en cuenta que una de las principales fuentes de financiación de las start-ups son los inversores privados, muchas veces personas físicas que invierten sus ahorros. Todos los inversores saben que las crisis generan grandes oportunidades, y así se proyecta en la etapa de recuperación.

A corto plazo, la pandemia ha acelerado la digitalización, adelantando la apertura de “ventanas” de oportunidad en múltiples sectores. Aquellas start-ups que sean capaces de sostener una propuesta de valor relevante para los clientes en la nueva normalidad tienen un gran futuro.

En definitiva, el futuro es brillante para el emprendimiento. Este nuevo hábitat se ve beneficiado del impacto de múltiples tecnologías que llegan, siguiendo un patrón exponencial. Nunca antes, tantas tecnologías habían llegado a la vez y de forma tan rápida y acelerada. Ya no existe ningún sector ajeno a la disrupción. Veremos más cambios, los próximos diez años, que en los últimos cien: esto, sin duda, pronostica un auténtico paraíso para las start-ups.

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*El autor es profesor de innovación y emprendimiento; colaborador académico del Departamento de Dirección General y Estrategia de Esade.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.