Por Lucrecia Iruela

Ahora más que nunca estamos en una nueva realidad. Estamos ante una nueva forma de hacer las cosas y de relacionarnos. Parece que el mundo está dividido en grupos y me atrevería a decir que hay una brecha cada vez más distante entre los mismos en muchísimos aspectos.

En el mundo del liderazgo, podemos identificar nuevos comportamientos y herramientas para obtener el éxito. No obstante, no podemos ignorar la vieja escuela ya que nos deja huellas para poder examinar y saber en qué debemos modificar.

Todo lo que vayamos implementando en la empresa será un reflejo en la sociedad y viceversa. La nueva era está pendiente de un hilo, depende de nosotros optar por un cambio o volver a lo que conocemos.

Hay cierta timidez en abrazar de forma notoria y en voz alta los beneficios de un trabajo menos estructurado, más flexible, con más movimiento. Crea fricción y cierto respeto el debate sobre los beneficios del formato virtual o tele-trabajo.

Supongo que es por los cambios emocionales, sociales y empresariales que se están produciendo al enfrentarnos al aislamiento, a la vuelta a lo desconocido y a las nuevas dinámicas de grupo.

Los líderes sienten que pueden perder el control y la autoridad y parece que se tiene que reinventar. Pero en realidad el COVID no ha cambiado a los líderes sino que los ha dejado más expuestos. Hay que ser más auténticos, tener más coraje y ser más vulnerables para liderar.

Al trabajar con los ejecutivos de las empresas más exitosas del Silicon Valley, he observado un comportamiento generalizado. Comportamiento extendido en todo el mundo ya que las oficinas y los recursos están repartidos por todos los continentes.

Los gerentes y directivos prefieren el ambiente de la oficina donde la cercanía parece que ayuda a la motivación, a estar más involucrado y ser más proactivos. Sin embargo, los empleados han experimentado sensaciones nuevas de empoderamiento, responsabilidad y libertad al trabajar de forma remota.

Los equipos ya no son los compañeros de oficina. Los equipos son los que contribuyen al éxito de forma constante. El reto en los managers y directivos es ser conscientes de cómo es la experiencia y sentimientos de todos aquellos que contribuyen al cumplimento de las metas.

En el pasado, el reto de humanizar el ambiente de trabajo existía de igual manera, pero no estaba tan expuesto ni era tan evidente. Ahora debemos abordar temas como la vulnerabilidad, la confianza, la responsabilidad y la autoridad en el trabajo tanto en ambientes virtuales como en los que no.

Empresas como Facetime, Amazon y Coinbase por citar algunos ejemplos son “virtual first”. Se les ha dado la opción a los empleados a trabajar desde cualquier sitio si así lo estiman o desean. En palabras de Kris Tompkins, ex-CEO de Patagonia, “en el liderazgo hemos pasado el momento donde la falta de acción era aceptable”.

Es un momento en la historia empresarial donde los empleados tienen que sentir que son parte de las empresas por su contribución y no tanto por pasar horas interminables en la oficina. Los equipos deben estar unidos en pensamiento para poder remar en la misma dirección. Por ende, los líderes tienen que enfrentarse a sus miedos y abrazar la vulnerabilidad para crear esa unión y fuerza aún no estando cerca físicamente.

Los equipos tienen que tener autoridad para poder tomar decisiones, ser responsables de sus actos, cultivar la confianza para enfatizar y reforzar el diálogo.

Esta nueva forma de interactuar crea lazos y conexiones emocionales no muy comunes en la empresa hasta la fecha. El estar expuestos de esta forma, aunque parezca inalcanzable a priori, se acentúan las competencias de liderazgo de forma exponencial.

Al dar más libertad y autonomía a los recursos, los líderes tienen que aprender a entender diferentes perspectivas y propuestas nuevas de ejecución, ser más auténticos y desarrollarse de forma autónoma y flexible.

Lucrecia Iruela es abogada, Coach ejecutivo, Liderazgo 360 Silicon Valley advocate Marshall Goldsmith 100 coaches

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