En las últimas semanas, muchos han sido los economistas que, ante la evolución que ha experimentado en los últimos meses este motor económico, han resaltado las bondades del comercio y el sector exterior, así como su amplia contribución con numerosas economías de América Latina. Un comercio que ni en tiempos de crisis se ha detenido, pudiendo servirnos de ejemplo el caso de México. Pues hablamos de un país al que la crisis del COVID no ha impedido registrar records históricos en lo relativo al comercio de bienes y servicios con el exterior; especialmente con Estados Unidos, con quien mantiene una relación muy especial desde que una guerra comercial enfrentara a las dos economías más grandes del mundo.

Inmersos en un periodo de recuperación salpicado por una excepcional incertidumbre, el comercio sigue recuperándose, a la vez que lo hace a un ritmo muy acelerado. Para que nos hagamos una idea de lo que comentamos, atendiendo a los datos que ofrece la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), el valor del comercio intrarregional, en el período enero-abril de 2021, se expandió un 19% respecto de igual período de 2020, con lo que recuperaría valores cercanos a los de 2019. Además, se prevé que las exportaciones regionales se incrementen 22% en 2021, tras registrar de un descenso equivalente al 10% en el ejercicio 2020.

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En lo relativo al comercio exterior con otros países del mundo, los datos que ofrece el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pueden ayudarnos a entender el porqué de que se hayan resaltado dichas bondades. Pues, en la región, los datos del BID muestran cómo el valor de las exportaciones de América Latina creció un 8,9% en el primer trimestre con respecto al mismo periodo del año anterior. Por territorios, las exportaciones se expandieron un 14,4% en Sudamérica, tras registrar en 2020 una caída del 9,5%. Asimismo, la región centroamericana experimentó un crecimiento del 11,3%; mientras que Mesoamérica, que incluye países como México, Colombia o Costa Rica, repuntó un 4%.

Como podemos observar, tanto entre las economías de América Latina como entre todas las economías a nivel global, el comercio no ha dejado de crecer con el paso de los meses. Pese a la distorsión que puede ocasionar en el análisis el incremento en los precios de las materias primas o la fuerte demanda tras la reactivación económica, el comercio sigue siendo uno de los principales motores que mantiene vivas a estas economías. Pues debemos saber que el comercio, atendiendo a los datos que ofrece el Banco Mundial, supedita cerca del 46% del PIB de América Latina y el Caribe; llegando a supeditar cerca del 80% de su PIB en países como México, o cerca del 84% y del 86% en países como Panamá y Honduras, respectivamente.

Como comentábamos, los datos nos muestran cómo una crisis de semejantes dimensiones, la cual pasará a la historia por los daños ocasionados, no ha podido con el comercio exterior. Atendiendo a esa misma base de datos de la CEPAL, y fijándonos en el año de la pandemia, podemos observar cómo en 2020 el valor de las ex­por­ta­ciones dis­mi­nuyó el 13% y el de las im­por­ta­ciones se con­trajo el 20%. Sin embargo, pese al fuerte descenso que comentamos, la contracción del valor de las exportaciones fue inferior a la caída registrada en la crisis de 2008 (-21%). Y también menor a la proyectada en agosto de 2020 (-23%) por la CEPAL, la OMC y UNCTAD.

Estos datos hacen referencia a, precisamente, lo que comentábamos anteriormente. Es decir, el comercio se ha comportado como un motor de emergencia durante la pandemia. Para que nos hagamos una idea, viendo un ejemplo de México, podemos atender al superávit histórico, de 68 mil 420 millones de dólares que registraba México en plena crisis. O, de la misma forma, podemos destacar el registro que nos dejaba el comercio el pasado mes de marzo, donde la relación entre México y los Estados Unidos anotaba un nuevo record histórico, registrando un incremento del comercio entre México y Estados Unidos, expresado como la suma de exportaciones e importaciones, que se situaba en los 56 mil 908 millones de dólares.

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Los datos, de esta forma, avalan lo que comentamos. El comercio entre las economías de la región, el comercio con el exterior, así como los datos extraídos de la CEPAL, el BID o los registros que nos deja México son claros ejemplos de cómo el comercio exterior y la participación de las economías emergentes en los mercados internacionales no solo puede actuar como colchón en situaciones de crisis y amortiguar el golpe en estas economías, sino que, atendiendo a los niveles de PIB y el gran volumen de ingresos que condiciona, hablamos de un claro motor de crecimiento económico que, atendiendo a los registros, lleva impulsando a estas economías desde el año 2000.

En resumen, y teniendo en cuenta las vulnerabilidades y los escasos recursos con los que cuentan estas economías, América Latina y el Caribe deben centrar su atención en este beneficioso motor y no desatenderlo. Los riesgos siguen acechando a estas economías, y la OCDE nos muestra que la recuperación todavía sigue siendo débil. Apoyarse en este comercio y en el sector exterior, atendiendo también a la caída de la demanda interna, es vital para la recuperación; por lo que los conflictos, como el ocasionado entre México y Estados Unidos con el T-MEC, en estos momentos, están de más.

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