Por César Addario

A pocos meses de que finalice 2021, y aún sin que se vislumbre el final de la pandemia del COVID-19, uno de los datos clave sobre el rumbo que tomará la economía mundial es la tendencia de la inflación en los Estados Unidos. Por un lado, de esta dependerán las decisiones de corto plazo que tome la Reserva Federal (Fed), y por el otro, permitiría determinar si la economía, en plena recuperación aún con la pandemia a cuestas, se está recalentando.

Los precios en los Estados Unidos han tenido subas generalizadas por diversos factores. Por un lado, la crisis del COVID-19 implicó un shock en la demanda, pero luego, también en la oferta: industrias enteras se paralizaron y ahora han debido volver a echar a andar los motores ante la reapertura de la economía que acompañó a la reducción de los casos de la enfermedad, muchas veces sin poder llevarle el ritmo al incremento de la demanda.

Por otra parte, la misma crisis ha hecho que halla escasez de algunos insumos y materias primas, y por supuesto, problemas de transporte y logística.

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Más recientemente, el mercado laboral en los Estados Unidos ha mostrado una recuperación, pero las industrias reportan problemas para poder suplir sus requerimientos de mano de obra. Esto ha hecho que deban mejorar salarios en el afán por retener al talento humano con el que cuentan, y el incremento en el costo del pasivo laboral se ha traslado también a los precios.

La Fed se ha referido al fenómeno de la inflación como algo coyuntural y pasajero, y ha marcado un umbral de inflación del 2 % para comenzar a endurecer la política monetaria que se relajó para inyectar dinero a la economía y hacer frente a la crisis económica derivada por la pandemia. Declaraciones de funcionarios de la Reserva Federal han llevado a pensar que las tasas base comenzarán a subir antes de lo previsto, y que también iniciará la reducción del programa de recompra de bonos.

Pero, ¿qué nos dicen los últimos datos disponibles? Para julio 2021, la inflación anual fue de 5.4 %, la más alta desde agosto 2008, pero el incremento mensual, entre junio y julio, fue del 0.5 %. Esto último es relevante, si tomamos en cuenta que en junio el incremento de precios fue del 0.9 % con respecto a mayo. Así, si bien siempre hay un aumento en la inflación, este se está dando a un ritmo menor, y está sostenido, principalmente, en el aumento de los sueldos y la creación de empleo.

Por otra parte, encontramos cifras menos alentadoras cuando vemos el Índice de Precios al Productor (IPP). Uno de los efectos de la pandemia fue el rompimiento de las cadenas de suministro, y esto es lo que ha ocasionado el incremento de costos para los productores. En julio 2020, el IPP en los Estados Unidos fue del 7.8 %, superando las expectativas de los analistas, que habían vaticinado un 7.3 %.

De nuevo, esto es algo a lo que hay que poner atención, puesto que la recuperación económica está llevando a un aumento cada vez mayor de la demanda, la cual no puede abastecerse en un 100 % debido a las fallas, como veíamos, en la cadena de suministros. Tanto el incremento de los costes de producción como una demanda difícil de suplir se traducen en aumento de precios al consumidor.

Vemos señales claras de que la economía estadounidense no se está recalentando. La recuperación ha dado muestras de avanzar con paso lento pero constante, aún cuando la pandemia sigue siendo un freno en potencia: la variante delta, más contagiosa que sus predecesoras, hizo reaparecer el fantasma de los cierres y los confinamientos, sobre todo luego de que China ordenara medidas restrictivas para tratar de frenar los contagios.

El riesgo de nuevos impactos del COVID-19 sobre la economía ha puesto también un alto al encarecimiento del petróleo. Este último fue uno de los componentes de la subida de precios al consumidor durante las últimas semanas, debido a la falta de acuerdos entre los países productores para aumentar la producción.

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Por lo pronto, habrá que mantener el monitoreo sobre las fluctuaciones en los precios, pero también sobre la interpretación que la Fed haga sobre ellos, sin dejar de tener en cuenta el peso que aún tiene la propia pandemia sobre las decisiones del banco central estadounidense. La Fed ha sido clara: mientras no haya certeza de una recuperación sostenida, no se relajarán las medidas.

*Experto en estrategias de Deuda Soberana de los Mercados Emergentes en América Latina.

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