Por Karen Rosales*

Existe una constante a la cual estamos expuestos como parte de la sociedad, indistintamente del rol que tengamos en la misma; esa constante es el cambio. Particularmente en el sector empresarial, los cambios sociales, políticos y económicos hacen que surja cada vez más la interrogante ¿hacia dónde van los negocios?

Si algo ha sido totalmente disruptivo, y ha hecho que las empresas se cuestionen su estrategia y planes de negocio, es la situación a la que hemos sido expuestos por la pandemia de COVID-19. Esta pandemia ha cambiado significativamente las prioridades de las organizaciones.  

Está claro que cada empresa tiene su propia dinámica, agenda y propósito (como debe ser); pero está claro también que, para enfrentar procesos de cambio, de incertidumbre y de desarrollo a largo plazo, se necesita el involucramiento del sector privado organizado en el diseño y concepción de políticas públicas, pues se requiere de una visión multidisciplinar generada a partir de la inteligencia contextual.

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La participación y representación activa y significativa de las empresas, se logra, o se puede lograr, cuando estas se integran a organizaciones empresariales (OEs), que, por lo general en países de América Latina, se constituyen como asociaciones, cámaras o gremiales.

Estas organizaciones aglutinan a actores con intereses y “dolores” comunes, y conducen una agenda de trabajo que busca en todo momento, representar a sus integrantes, defender sus intereses colectivos, propiciar condiciones para un entorno de negocios favorable y orientar, idealmente bajo un modelo de pensamiento estratégico, una visión sectorial con enfoque sostenible y competitivo.

Las organizaciones empresariales (OEs) en la actualidad

Recientemente, tuve la oportunidad de participar en un extraordinario programa de formación de alto nivel, implementado por el Instituto Latinoamericano para la Gerencia de Organizaciones Empresariales -ILGO-, que está dirigido a ejecutivos de organizaciones y cámaras empresariales de América Latina; este es organizado por el Departamento de Actividades con Empleadores de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en colaboración con la Organización Internacional de Empleadores (OIE).

Fue sumamente interesante y enriquecedor analizar cómo, bajo contextos relativamente distintos en América Latina, enfrentamos situaciones políticas y sociales complejas muy similares que inciden sobre los negocios y que, para hacer frente a ello, es indispensable que el sector privado y los organismos empresariales asuman un fuerte liderazgo al promover diálogos público privados que refuercen principalmente la gobernanza, la certeza y mejoren así el clima de negocios.

Las organizaciones empresariales, al igual que muchas empresas, han atravesado, están atravesando, (o deberían estar atravesando) el proceso de reinventarse, innovarse y replantearse la estrategia de acción, sobre todo, ante los múltiples desafíos de “la nueva normalidad” post COVID.

Entre sus funciones principales e inherentes a su razón de ser, están el representar a sus integrantes en espacios de interés e incidir en la formulación de políticas, sobre todo aquellas que vayan orientadas hacia el fortalecimiento del Estado de Derecho, la promoción y desarrollo de empresas sostenibles y responsables que generen empleo productivo, trabajo formal y decente, contribuyendo así de manera directa al logro de los objetivos de la Agenda 2030.

El valor agregado de las OEs

Pero más allá de todo ello, el rol – y el reto – principal de las OEs hoy por hoy, consiste en aportar valor a las empresas que las integran; el abanico de acciones para lograr esto es amplio y dependerá sin lugar a dudas del contexto; por ello, se requiere la capacidad de conocer el entorno de las empresas a las que representan y saber adaptar constantemente su estrategia.

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La articulación entre empresas y organizaciones empresariales, es fundamental para ofrecer en distintos espacios, elementos de peso que permitan construir una visión de país a largo plazo, con entornos claros, seguros y con certeza para las inversiones, de manera tal que avancemos hacia un interés que, por lo general, es un interés común: lograr un crecimiento económico que nos acerque cada vez más a ser sostenibles, en el sentido amplio de la palabra.

*Es directora Ejecutiva de la Gremial de Palmicultores de Guatemala.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.