Cubren tres cuartas partes de la superficie terrestre, desempeñando un papel fundamental en nuestra vida, y son el eje central de la llamada economía azul, una de las propuestas más relevantes para reactivar la economía de los países, especialmente en la era post-covid: los océanos.

Nos encontramos ante una gran oportunidad de reorientar las actividades que dependen de los océanos hacia una senda sostenible, eficiente con los recursos, resiliente y competitiva, y sin duda, debería ser prioritario para todas las naciones, también para Iberoamérica.

Estaríamos hablando de apoyar a más de un 80% de los habitantes del planeta a la hora de aprovechar las ventajas que puede traer consigo el desarrollo de la economía azul, más empleos y una apuesta por la salud: energías limpias, seguridad alimentaria, etc. Más de 3.000 millones de personas en el mundo dependen de la biodiversidad marina y costera.

La OCDE, en su informe titulado “Sustainable Ocean for All” publicado en 2020, asegura que antes de la pandemia el valor añadido generado por las industrias dependientes de los océanos a nivel mundial podría duplicarse en 2030 alcanzando la cifra de 3.000 millones de dólares, con un especial crecimiento en los sectores de turismo marino y costero, pesca de captura, acuicultura y transformación del pescado, amén de los destinados a las eólicas y portuarias. Actividades que superan ya el 2,5% del PIB global generando más de 30 millones de empleos.

Una gran oportunidad para Iberoamérica en una senda sostenible

Iberoamérica y el Caribe, regiones estrechamente vinculadas al océano, donde más de 100.000 familias viven directamente de lo que generan industrias como la acuicultura, con un 27% de la población que vive en la costa, debe apostar por este tipo de economías, al igual que lo está haciendo por la innovación, la tecnología y la ciencia, o las industrias culturales (las llamadas economías amarilla y naranja).

El reto está en la propia definición de la economía azul: “maximizar las oportunidades de los océanos, y con ello mejorar el bienestar humano, y la equidad social”, y está centrada en iniciativas que reconocen “la importancia de los mares y océanos como motores de la economía por su gran potencial para la innovación y el crecimiento”, tal y como la cataloga la Comisión Europea.

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Muy vinculada a la economía verde, cuenta, también, con sectores bien definidos: acuicultura y criaderos; procesamiento de especies marinas, construcción naval, equipos portuarios, fabricación de alta tecnología, turismo marítimo y costero; comercio de servicios pesqueros, infraestructuras y servicios logísticos, biotecnología marina; energía oceánica; o la explotación minera de los fondos marinos, entre otros. Todo un panorama que precisa de una regulación clara y uniforme, que permita su desarrollo bajo enfoques que dejen de lado la simple explotación y aseguren la sostenibilidad y la eficiencia.

La UE basa su acción en 4 pilares: océanos saludables, conocimiento, prosperidad y equidad social

En Europa, los sectores llamados tradicionales de la economía azul generan cerca de 5 millones de puestos de trabajo y un volumen de negocio de 750.000 millones de euros. Líder mundial en tecnología de la energía oceánica prevé producir hasta 2050 el 35% de su electricidad mediante fuentes en alta mar.

Consciente de su importancia, el Consejo Europeo aprobaba a finales de mayo de este año unas conclusiones sobre el tema que, basadas en cuatro pilares: océanos saludables, conocimiento, prosperidad y equidad social, hacían hincapié en la necesidad de una gobernanza de los océanos eficiente basada en una economía azul sostenible. 

El documento de la UE resaltaba el uso sostenible de océanos y mares, que ocupa un lugar importante en la agenda del Pacto Verde Europeo. Los Estados miembros apoyan la buena gobernanza basada en el conocimiento, la concienciación y la comprensión de los océanos y los mares, así como en unas condiciones socioeconómicas justas y equitativas, en consonancia con la Agenda Estratégica de la UE.

Mediante estas Conclusiones, el Consejo pretende garantizar que la Unión Europea promueva una economía moderna, eficiente en el uso de los recursos, resiliente, competitiva y sostenible, en la que, de aquí a 2050, se conserve, recupere y emplee la diversidad biológica de forma sostenible, subrayando la necesidad de colaboración entre todas las partes para contribuir al desarrollo de una economía azul próspera.

La hoja de ruta que deberíamos seguir

También lo contempla la UE en su informe de conclusiones. El programa hacia el que deberíamos ir implica acciones como alcanzar los objetivos de neutralidad climática y contaminación cero, mediante el desarrollo de energías renovables en alta mar, descarbonización del transporte marítimo y ecologización de puertos, pasar a una economía circular y reducir la contaminación (normas en el diseño de artes de pesca, reciclado de buques, desmantelamiento de plataformas marinas y contaminación de plásticos y microplásticos).

Además, preservar la biodiversidad e invertir en naturaleza, apoyar la adaptación al clima y la resiliencia de las costas, desarrollo de infraestructuras verdes y protección de litorales y garantizar la producción sostenible de alimentos, uso de algas, pastos marinos, un mayor control de la pesca, etc.

Desde instituciones como la ONU se ha pedido la movilización de herramientas de financiación para la economía azul. Su máximo representante para los Océanos, Peter Thomson, aseguraba recientemente que “el sector financiero puede jugar un papel determinante en la transición hacia un economía verde y azul y que los sectores público y privado, de la mano, deben acabar con los obstáculos existentes y hacer posibles las inversiones sostenibles”.

Colaboración público-privada, y el rol de las organizaciones empresariales en Iberoamérica

Las organizaciones empresariales en la región ya contemplan acciones concretas y trabajan en la puesta en marcha de iniciativas y programas. La colaboración público-privada será fundamental para impulsar estas acciones. Desde el Consejo de Empresarios Iberoamericanos-CEIB, en colaboración con los jóvenes empresarios representados en FIJE, ya se está trabajando en un programa específico en esta línea.

Desde la Cumbre de Economía Azul celebrada en 2019 en Roatán, Honduras, hasta las más recientes, este año en Sevilla bajo el lema “Summit 4Oceans Blue Economy”, o el “Blue Tide Caribbean Summit” en Puerto Rico este mes de agosto, los representantes de las organizaciones empresariales, instituciones como la SEGIB, y bancos como el BID o CAF, en la Región están promoviendo y desarrollando importantes iniciativas en el entorno del futuro azul.

Alguna de estas organizaciones, como el caso de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, CEOE, han dado ya un paso adelante creando un órgano consultivo específico: la Comisión de Economía Azul con el objetivo de poner en valor las actividades de los diferentes sectores que dependen del mar, y que aportan a la economía del país, 33.000 millones de euros al año y dan empleo a 930.000 personas.

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Sin duda la economía azul va a ser uno de los grandes protagonistas de citas tan relevantes como la próxima Cumbre del Clima, COP26, que se celebrará en Glasgow el próximo mes de noviembre, el “Hong Kong Ocean Economy Summit”, previsto para próximo mes de octubre, o en la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar en la República Dominicana el próximo año. Las organizaciones empresariales estarán presentes en dichas citas con propuestas concretas en las que ya se viene trabajando intensamente. Grandes espacios para ahondar en esa colaboración público-privada tan necesaria.                                                                                                                                         

Los otros colores de la recuperación económica: naranja, amarillo, verde y púrpura (rojo, negro y gris, descartados)

Hay otros colores para la economía a los que prestar atención. Además del verde, economía que busca la mejora del bienestar humano, la equidad social, la reducción de los riesgos ambientales, y el desarrollo sostenible rentable, encontramos la economía amarilla, centrada en la tecnología y en la ciencia, con propuestas que apuntan a reducir los costes de producción mediante los avances en la investigación.

El color naranja es el de las economías destinadas a transformar las ideas en bienes y servicios culturales (economía cultural e industrias creativas). El color púrpura representa a las actividades económicas que tienen a la cultura y la identidad del territorio como centro, una economía cada vez más intangible, basada en la creatividad, la simbología, la innovación, o la diversidad humana.

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En el otro lado, colores como el negro, relacionado con las actividades ilegales, el gris aglutinando actividades legales no declaradas al Estado, y el rojo, el que representa al consumismo como elemento dinamizador del crecimiento económico.

Una amplia paleta de colores a tener muy en cuenta de cara al futuro y en la que el color azul de los océanos destaca sin duda.

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