En el mes de marzo, en esta misma columna, hablábamos sobre una problemática poco conocida, la cual amenaza silenciosamente a las economías de América Latina y El Caribe. Una amenaza de la que nos advertía el Fondo Monetario Internacional en un estudio publicado en el mismo mes. Un estudio en el que podíamos observar un claro vínculo entre los shocks climáticos que viven los países que conforman la región y los rendimientos que ofrecen los bonos soberanos en este tipo de economías, generando un sobrecoste para aquellos países más expuestos al cambio climático.

Este tema no habría salido a la luz en ningún titular más, ni en mi columna siquiera, si en el reporte que publica la Organización Meteorológica Mundial (OMM), agencia dependiente de Naciones Unidas (ONU), no hubiéramos visto las previsiones que ha confeccionado dicha institución para Latinoamérica. De acuerdo con esta, América Latina se proyecta como una de las regiones del mundo donde los efectos e impactos del cambio climático, como las olas de calor, la disminución del rendimiento de los cultivos, los incendios forestales, el agotamiento de los arrecifes de coral y los eventos extremos del nivel del mar, serán más intensos en los próximos años.

El informe que publica dicho organismo señala que la región que conforman América Latina y el Caribe ya era una de las regiones del mundo más afectadas por el cambio climático y los fenómenos meteorológicos externos. En este sentido, los datos que muestra el informe señalan que los eventos relacionados con el clima y sus impactos se cobraron más de 312.000 vidas en la región, a la vez que afectaron a más de 277 millones de personas entre los años 1998 y 2020. Sin embargo, el informe, como decíamos anteriormente, señala que esto que comentamos, a partir de ahora, será la nueva normalidad.

Debemos entender las consecuencias de esto que comentamos. Para que nos hagamos una idea, Guatemala perdió cerca del 80% de su producción de maíz por las condiciones climáticas. México, por ejemplo, sufrió importantes reducciones en las cosechas por las sequías. Honduras, como otro ejemplo muy claro, vio como su PIB perdía 2.000 millones de dólares por los huracanes. Y es que los propios desastres naturales, por sí mismos –sirviéndonos de ejemplo la pandemia que hoy nos afecta–, deja drásticos escenarios en el territorio tras su paso.

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Sin embargo, a estos daños hay que sumarle otros daños invisibles como el que comentábamos al inicio. Para no llamarle daño, llamémosle por el nombre que le otorgan los economistas, que es externalidad negativa. Así, la externalidad de la que hablo es el sobrecoste en el pago de la deuda que genera para los países emergentes de América Latina y El Caribe estos sucesos derivados de la crisis climática. Como decíamos, el informe del FMI señala que aquellas economías más expuestas al cambio climático también serán las más afectadas en lo relativo a las condiciones de financiación. Y si tenemos en cuenta lo que dice el informe de la OMM sobre América Latina, hablamos de una problemática que sacudirá de lleno a la región.

Este estudio, para conocerlo un poco más a fondo, analiza, con datos de vulnerabilidad ante el cambio climático, los rendimientos de los bonos en relación con el bono estadounidense como bono de referencia. Mientras en las economías desarrolladas no se nota prácticamente ningún efecto, en las no desarrolladas y en las emergentes se observa ese claro vínculo que comentábamos, el cual relaciona los shocks climáticos que viven estos países y los rendimientos que ofrecen los bonos soberanos en este tipo de economías. En conclusión, el estudio muestra que en el bono a largo plazo se observa un efecto negativo sobre la calificación crediticia en tanto en cuanto se va incrementando esa vulnerabilidad.

En resumen, la calificación crediticia de aquellas economías emergentes y en desarrollo más expuestas al cambio climático y más vulnerables será, por ende, negativa. Y América Latina y El Caribe, que son economías emergentes y en desarrollo, será de los territorios más afectados por el cambio climático, de acuerdo con el informe de la OMM, que hasta se atreve a decir que este tipo de fenómenos meteorológicos que afectan a la región se convertirán en la nueva normalidad. Un cocktail perfecto para limitar aún más el desarrollo de estas economías.

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Si ya se encontraban afectadas, si ya eran más vulnerables con niveles de deuda muy inferiores a los registrados en economías desarrolladas, si ya eran economías debilitadas, y ahora más aún tras la pandemia, el cambio climático y los fenómenos meteorológicos, los cuales condicionan la financiación en estas economías como muestra el informe, pretenden ponérselo más difícil a la región. Una región que, como señalábamos la semana pasada, pierde atractivo con el paso del tiempo ante las dificultades a las que se enfrenta.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.