Por Michele Valle

Sabemos que el mercado se encuentra en un punto especial, los efectos de la pandemia han sido visibles y durante los últimos dieciocho meses vivimos cambios en el ritmo de vida cuando se fusionaron las jornadas laborales con lo académico, la familia y los cuidados. En consecuencia, tratamos de encontrar nuevos medios y métodos para sobrellevarlo, echamos mano de herramientas e implementamos mecanismos para compaginar todas estas actividades con el día a día y las restricciones. El reto fue enterase de otras realidades, incluso las del propio entorno. Las exigencias tocaron a todos en mayor o menor medida, y así la incertidumbre abrió paso a nuevos cuestionamientos y discursos. ¿Cómo transitar lo laboral y lo personal? ¿Cuál es el costo de compartir espacio y mayoría de horas al día? ¿Quién se hace cargo de los cuidados y cómo llevar el desafío de mantener la productividad?

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No olvidemos que es en las mujeres en quien comúnmente recaen los cuidados, la crianza y otras actividades, al mismo tiempo que llevan jornadas de trabajo extenuantes. Lo que significa grandes esfuerzos con un alto costo personal que impacta directamente en las oportunidades y su calidad de vida.

El costo real

A pesar de existir corresponsabilidad en muchos hogares, esta no es suficiente y tiene grandes implicaciones en las condiciones de vida de las mujeres que sortean la precariedad y que al mismo tiempo llevan una doble jornada alternando actividades, administrando el tiempo y estirando recursos. Hacerse cargo de la crianza y los cuidados amortigua gran parte de la organización del esquema familiar tradicional. De acuerdo con la CEPAL, hasta el año pasado, la participación laboral femenina correspondía al 46 % en relación al 69 % de los hombres, ¿a qué se debe esta distancia entre cifras? Entre otras razones, son las mujeres quienes tras arduas demandas de cuidados en sus hogares, delegan y abandonan sus empleos. Esto pasa en países como Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y México.

En México por ejemplo, hasta el 2018, existían 15.8 millones de madres trabajadoras según el INEGI, representando al 72.9 % de la población femenina económicamente activa del país. Lo que significa que muchas mujeres mezclan horarios y rutinas, lo han hecho así durante años y seguirá siendo de esta manera de acuerdo con la tendencia.

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Por lo tanto, este no es más un tema exclusivo de las mujeres ni del espacio privado.  

Muchas madres están insertas en el mercado laboral, y pese a existir un cambio de papel de la mujer dentro de la sociedad y la estructura familiar, este se ve reflejado en lo laboral y nuestra participación en el espacio público. Ser madre y llevar la crianza para muchas mujeres que quieren y eligen mantenerse en el mercado laboral conlleva grandes esfuerzos. “En ocasiones esta labor se dificulta orillándolas a una única elección y es así como muchas renuncian voluntariamente a su vida profesional”, explica la periodista Esther Vivas, autora de Mamá desobediente y quien ha levantado importantes cuestionamientos entorno a la maternidad y lo que representa en un contexto actual, mostrando las diferentes construcciones sociales, lo rígido del sistema y sus exigencias.

Atender lo propio y seguir

La  incorporación de las mujeres al mercado laboral nos ha colocado fuera de lo doméstico. Hoy resulta que trabajar y estudiar son grandes herramientas de emancipación y medios para ejercer la autonomía. Mientras tanto, el tema de los cuidados y la maternidad siguen rebotando y en ocasiones son menospreciados y relegados, sobre todo en el clima profesional; que es un terreno ya de por sí, desigual, con  fenómenos como el techo de cristal,  la brecha de género y cuotas de paridad no muy claras, con poca prioridad y escasas políticas públicas para atender el tema.

El trabajo no remunerado ha subsidiado familias enteras y a grandes sociedades durante generaciones que lo invisibilizan. Para el Estado Mexicano, por ejemplo, representó en el 2020, 5.6 billones de pesos, el equivalente a una quinta parte de la actividad económica de México de acuerdo con cifras del INEGI.

De modo que, queda claro que el reparto del trabajo y los cuidados no es igualitario y culturalmente, la responsabilidad de los cuidados se atribuyendo al género femenino, desplazando así las oportunidades entre pares. Y para quienes son madres, es un asunto central que merma su desarrollo cuando se trata de distribución del tiempo, bienes y beneficios.

Llevar esta labor al mismo tiempo que se procura ascender y posicionarse en el mercado sin dejar de contribuir, arroja una clara dimensión política que sitúa a las madres como sujetos activos y seres deseantes con aspiraciones y propósitos propios más allá de los roles tradicionales. Es responsabilidad de las instituciones, atender y gestionar políticas públicas y mecanismos que ayuden a transitar esto de la mejor manera posible, empatando actividades profesionales con la crianza, los cuidados y el desarrollo personal.

Necesitamos saber que implica para miles de mujeres estar vigentes en el mercado y cómo les es posible construir un proyecto de vida pagando costos personales tan elevados a partir de habitar sistemas que parecen anteponer la productividad al bienestar.

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A estas alturas parece imprescindible mencionar lo que de nueva cuenta subraya la periodista española Esther Vivas, quien expone que la maternidad es colectiva y nos implica a todos, refiriéndose a la crianza y al sistema. A la forma de organización y la manera en que hoy percibimos a la maternidad.

El reto es enfrentarnos a dinámicas cambiantes dentro del mercado laboral y lo cultural. A una maternidad que bien puede significar vulnerabilidad, precariedad, exclusión y falta de oportunidades, aunque no lo es todo, también existen políticas públicas e iniciativas que avanzan y comienzan a contraponerse ofreciendo alternativas que acercan a las certezas y escenarios más reconfortantes y prósperos. Algo que Indiscutiblemente habrá que perseguir.

*Es consultora independiente en Imagen Corporativa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.